
Música de la tierra sin mal
El grupo litoraleño, que llega hoy al teatro Ópera, retoma el universo simbólico del mundo guaraní con un concepto vanguardista y digital
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Hace más de diez años, Charo Bogarín y Diego Pérez estaban disfrutando de haber ganado un concurso con su proyecto electropop cuando decidieron cambiar el rumbo de sus vidas musicales. Iniciaron un viaje a las comunidades qom para encontrar su identidad perdida y reconocerse en la sabiduría ancestral de los orígenes de su tierra. Fueron largos años aprendiendo de las comunidades y también sus cantos religiosos y sus rituales sagrados. Allí nació Tonolec, conformado por esa suerte de Brian Eno chaqueño encargado de las programaciones y esa tataranieta de un cacique guaraní, inspirada estéticamente en Björk. En 2005 sacaron su primer disco, que incluía una versión drum' bass de "Indio toba" que los definió como una entidad vanguardista dentro de una escena digital que había inaugurado Gaby Kerpel con su disco Carnabailito (2001). Hace poco, con cinco discos grabados -Tonolec (2005), Plegaria del árbol negro (2008), Los pasos labrados (2010) y el DVD Tonolec acústico (2011)- el dúo hizo otro viaje ancestral a las comunidades mbya para redescubrirse en el paraíso anhelado de la antigua leyenda guaraní llamada La tierra sin mal.
Cantos de la tierra sin mal, el nombre de su ambicioso disco doble con canciones en lengua mbya guaraní, qom y castellano, que presentan hoy en el teatro Ópera, es el resultado de un largo proceso de maduración sonora y escénica del grupo y la materialización de todo ese largo viaje al interior de su propia identidad que iniciaron en 2001. "No teníamos idea al comienzo de todo lo que iba a pasar con nuestra propuesta. El camino de Tonolec tiene mucho de intuición y de tirarnos a la pileta y aprender sobre la marcha. Los dos tenemos esa personalidad. Los dos surgimos como un dúo electrónico, pero haciendo algo que no nos representaba. Entonces, el escuchar la música qom nos llevó a las comunidades. A partir de ahí, fue un trabajo profundo hacia dentro de nuestra tierra. Nunca hicimos algo puro y no porque seamos complicados, sino porque sentimos que esta integración de lo qom, lo guaraní y criollo es lo que nos representa como argentinos, chaqueños, formoseños y latinoamericanos", dice Diego Pérez, el cerebro musical del octeto.
La antigua promesa de "la tierra sin mal" que circula entre los pueblos guaraníes dice: "Allí los cultivos crecen solos, la miel y la carne son abundantes, no hay enfermedades ni muerte, y todos viven con felicidad". Ese relato sirvió de inspiración para Charo Bogarín y Diego Pérez, que encontraron en la cosmovisión guaraní otra experiencia de cruce. "El concepto de «La tierra sin mal», el de un lugar donde todo convive en armonía, era ideal para nosotros porque nos gusta este desafío en el que pueden convivir otros artistas [en el disco participan Teresa Parodi y La Shica entre otros], o donde puede estar un chamamé con base electrónica, el canto qom con ritmos criollos y una canción guaraní", sostiene Pérez.
Así como en sus comienzos el grupo aprendió los cantos y bailes ancestrales de los qom de la mano del Coro Toba Chelaalapi (que significa Bandada de Zorzales), en su viaje iniciático a las comunidades guaraníes el grupo aprendió de los coros de niños de la comunidad mbya guaraní Yryapú de Misiones. "Este nuevo repertorio se sale de esos paisajes más oscuros, donde estaba toda esa cuestión árida del monte chaqueño, para pasar a ese estallido de colores que nos dio la selva misionera. La música guaraní esta impregnada de alegría y la exuberancia que la rodea. Todo vibra en ese sentido", dice Bogarín, que, sobre el escenario, tiene la imagen de una chamana contemporánea.
–Elegí una imagen de esa experiencia en las comunidades.
–Estábamos en un claro de la selva en Iguazú con todos los niños cantando, las mujeres golpeando la tierra con esas varas grandes, los varones con sus maracas y el profe con su guitarra. Cuando terminan, nos dicen que le mostráramos nuestra música y comenzó un intercambio hermoso. En ese momento, nos dimos cuenta con Diego de que era un intercambio entre iguales. Tenía que ver con el camino que habíamos transcurrido desde el trabajo con los qom. Ahora nosotros éramos parte de una misma ceremonia. No estábamos como fuera del cuadro, mirando desde afuera, sino inmersos en ese paisaje de los guaraníes.
Tonolec
Presenta Cantos de la tierra sin mal
Teatro Ópera, Av.Corrientes 860. Hoy, a las 21.30. Desde $ 120.



