
Recorrido por el dial de Pedro Aznar
En el ciclo de espectáculos MUBA, el músico dio un show con un repertorio muy diverso y varios invitados
1 minuto de lectura'

Recital del cantante, compositor y multiinstrumentista Pedro Aznar. Con Hernán Jacinto, teclados; Julián Semprini, batería; Alejandro Oliva, percusión, y Federico Dannemann, guitarras. Invitados: Chico César, Leila Pinheiro y Jorge Vercillo. El jueves, en el Teatro Gran Rex.
Nuestra opinión: bueno
Los que hayan visto el jueves por primera vez un recital de Pedro Aznar se habrán preguntado quién era ese bajista y cantante: ese hombre que canta temas propios que suenan poderosos, que sigue con obras de los integrantes de The Beatles y Rolling Stones, que invita al escenario a cantantes de Brasil, que luego entona un clásico de Yupanqui y después otro de Fito Páez.
Ese es Pedro Aznar, un artista que supo nutrirse de la música más variada, y que lo hizo bien, aunque todo eso, en un solo recital (digamos: dos horas y media, y una lista de casi treinta canciones) pueda sonar a recorrido variopinto. Ya lo había anunciado Aznar días atrás. El recital sería un recorrido por algunos de sus discos y, especialmente, "una celebración" por la repercusión que había tenido su CD más reciente, Quebrado , que publicó hace poco más de un año. A esto, había que sumarle la presencia de músicos del Brasil, ya que el proyecto MUBA se trata del intercambio entre artistas de los dos países. En el show, cantaron Chico César, Leila Pinheiro y Jorge Vercillo (que también había estado la semana anterior, sobre el mismo escenario, junto con Alejandro Lerner, para la apertura del ciclo MUBA).
Altibajos
El recital de Aznar tuvo un poco de todo: momentos de gran emotividad y varios puntos flojos.
Entre lo que no estuvo a la altura de la calidad artística del protagonista, se puede mencionar la participación de algunos invitados.
En primer lugar, excepto por el carismático Chico César, no le aportaron demasiado al show. Las voces sonaron, en general, con poco volumen y hubo desprolijidades que este tipo de producción no merecía. Si una cantante sube con un papel tamaño carta en el que tiene anotada la letra debe ser porque no tiene la canción estudiada. Eso sería comprensible si su convocatoria hubiera sido informal y, cinco minutos antes del comienzo del concierto, se acercaba al camarín del teatro para ponerse de acuerdo con el anfitrión acerca de qué temas cantarían juntos. Pero no se ve muy profesional cuando esa participación estaba anunciada al público con mucha antelación.
Otro de los puntos flojos fue esa actitud de tomar temas famosos (pueden ser de Lennon, Harrison, Yupanqui o Mick Jagger) e intercalarlos con los propios. Es cierto que Quebrado es un disco doble con temas propios y varios (los "covers") que tienen un significado especial para Aznar. Pero sobre el escenario, no es mucho lo que aportan esas versiones, tan ceñidas a las originales. Muy diferente es lo que sucede con temas, como la "Zamba del carnaval" y "Tomorrow Never Knows", que han sido madurados como versiones en la voz y el espíritu de Aznar y por eso es que llegan a un show como el del jueves, en interpretaciones realmente magistrales e intensas.
Hasta la mitad del recital, el repertorio varió como quien recorre un dial de la FM. A partir de ese momento, tanto la elección de títulos como la ubicación en la lista hizo que la presentación fluyera sin sobresaltos. Así fue como Aznar se lució con su cancionero propio y con uno de sus invitados, el talentoso Chico César, en "A primera vista".
Otra de las virtudes de la actuación de Aznar fue la elección de instrumentistas. Sabe elegir músicos para su banda. Siempre busca gente con personalidad y talento, que suma calidad al trabajo del bajista. Y eso se nota cuando va del pop al rock, pasa por el folklore o descarga toda su fuerza con acentos de reggae("La carne", otro de los momentos brillantes del show).
Los invitados volvieron para los bises. Se sentaron en el piso, en semicírculo, con Aznar, simulando una guitarreada de fogón, sin amplificación directa, apenas con unos micrófonos de ambiente y un blues de Cazuza para la despedida.



