Ultima vidala del "Chivo" Valladares
El músico, de 90 años, falleció anteayer en Tucumán
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" Me voy pa los cerros, alto.
A llorar a solas, lejos.
A ver si se apuna el dolor.
Subo, subo.
" Los ranchos quedaron atrás.
Las nubes muy cerca ya están.
A ver si se apuna el dolor.
Subo, subo ".
Y quizás un día el autor de esas coplas -incluidas en la simple y bellísima pieza musical denominada "Subo"- se haya ido a los cerros, haya subido y seguido de largo en su ascenso. Rolando Valladares falleció anteayer en Tucumán, tras diez días de estar internado por severos problemas respiratorios en el Sanatorio 9 de Julio de esa ciudad. El "Chivo", como se lo conocía en el mundillo folklórico, tenía 90 años.
Don Rolando fue compositor (y a veces también autor) de piezas como "Zamba del romero", "Vidala del lapacho", "Debajo del sauce solo", "Zamba del silbador", "Canto a la Telesita", "Coplas para la luna" y "Subo", entre otras que están esparcidas por los repertorios de los cantores y cantoras del folklore, de ayer y de hoy.
Fue un compositor autodidacto con una breve carrera discográfica y un tardío reconocimiento. Sobre todo en las últimas décadas, con tanto revisionismo que se impone en la música popular argentina, fue convertido en un personaje de culto, no sólo por su aspecto de duende, de diminuta figura, sino por un obra que no había sido lo suficientemente reconocida.
Uno de sus grandes amigos, Pato Gentilini, también folklorista, explicó el último año, a propósito de un completo espectáculo de homenaje que se realizó: "Con sus 89 años, al Chivo le sobra humor y tiene intacto el sentido del uso de las pocas palabras, pero justas". Y recordó un comentario de Valladares que tiene que ver con ese reconocimiento tardío: "Me hacen tantos homenajes que me voy a tener que morir tres veces".
Y meses después, a propósito de sus 90 años -cumplidos el 10 de marzo último- durante una entrevista con La Gaceta , de Tucumán, que salió publicada ese mismo día, dijo: "No quiero ir a homenajes. Van a terminar cantándome un réquiem".
Ese hombre de pelo blanco y barba también blanca, y grandes anteojos con marco grueso, además podía destilar un humor negro y reírse de sí mismo.
Valladares vino de una familia de buen pasar, pero tanto él como su hermana Leda eligieron una vida bohemia. Ella se dedicó a recorrer el norte argentino en busca de viejas coplas del canto con caja, un extenso y prolongado trabajo de recopilación por muchos conocido. Rolando, de algún modo más sedentario, tuvo los oficios más variados y como vocación prefirió que las musas vinieran (en vez de ir a buscarlas, como hizo Leda). Las esperó en compañía de artistas de muy diferentes generaciones como Manuel J. Castilla, Raúl Galán, José Augusto Moreno y Néstor Soria, entre muchos otros. De hecho, varios de los temas antes mencionados llevan versos de algunos de ellos.
Valladares compartió algunas guitarreadas con Yupanqui (como los dos eran zurdos, el Chivo ha tocado con la guitarra de don Ata), era amigote de Manuel Castilla y fue reivindicado por toda una nueva generación de músicos. Especialmente por una que germinó en Tucumán y que dio y sigue dando talentosos autores, compositores e intérpretes. Hasta le escribieron temas como "Copledal del Chivo Valladares" (de Coqui Sosa y Juan Carlos Martínez).


