
Una charla informal con el tango de Pane
"Mi último tango en París". Espectáculo del bandoneonista Julio Pane. Invitado: Gabriel Soria. Los jueves de agosto, en Clásica y Moderna.
Nuestra opinión: regular
Con su nuevo espectáculo, Julio Pane transforma una noche de recital en una charla tanguera informal. Todo comienza con una situación imaginaria. Un periodista (Gabriel Soria) espera en un aeropuerto francés a un bandoneonista húngaro con la intención de hacer una entrevista. Allí se encuentra con un músico argentino (Pane) que está a punto de retornar a Buenos Aires.
El lugar debe ser una excusa para hablar del último festival Buenos Aires Tango en París, protagonizado por la Orquesta Tango Vía, donde Pane participó como invitado. Fascinado por este ciclo musical realizado un mes atrás, no ahorrará elogios.
Del encuentro entre periodista y músico surge una charla digna de un reality. Pretende ser educativa acerca de algunas cuestiones del tango, pero por el tipo de asociaciones nunca llega a ser didáctica. Soria, quien tiene una experiencia muy sólida en la difusión del género, trata de poner orden. Sin embargo, Pane carga la conversación de frases improvisadas que generan nuevos y extensos parlamentos. Tratar de ceñirse a un guión o a mínimas pautas es una actitud temeraria para su interlocutor.
Sólo quedan conocimientos aislados. Que Cadícamo compuso "Anclao en París" mientras estaba en Barcelona; que "Decarísmo", de Piazzolla, no es únicamente un tributo por el título. También es posible encontrar rasgos comunes a tangos como "Boedo", escrito por De Caro. Que "El Marne", de Arolas, tiene toques marciales. De algún modo el diálogo llega a Lolita Torres, Gardel y la Fragata Sarmiento. Y la idea inicial -la relación Tango-París- se pierde.
Durante más de una hora y media de show se escuchan apenas ocho piezas y una selección de Piazzolla. La mayoría está reservada para el segundo bloque, quizá porque en la primera parte el bandoneonista es alertado por la dispersión y el murmullo del público.
El cierre salva la noche. Con más repertorio que palabras aparecen todas las luces de ese Pane que es muy buen intérprete y un creativo arreglador. Surge el lenguaje que mejor maneja: la música. Eso da lugar a las alumbradas reflexiones en la intimidad del fueye sobre temas como "Mariposita", "A las orquestas" y "Quejas de bandoneón".
A estas alturas el espectáculo se parece a uno de esos encuentros domingueros de tango que el músico acostumbra ofrecer en el Bar Miramar, del barrio de San Cristóbal. Esto quizás sea el intento de buscar una variante a aquellas presentaciones. Pero resulta una experiencia fallida. Seguramente hay algunos elementos que serán modificados para la próxima función. Aunque también son evidentes muchos desaciertos que pudieron ser previstos de antemano.
Para hacer un poco de docencia (por conocimiento y experiencia en el género, Pane está perfectamente habilitado) existen espacios más adecuados: una conferencia, una entrevista, un programa de radio. Además, el abuso de la palabra cuando actúa sólo con bandoneón hace que se extrañe otra expresión tanguera magnífica, de altísimo nivel. Una que se llama Julio Pane Trío. Es entendible la pasión de Pane por la música. Pero queda claro que el mejor regalo para su público no es el tango que dice sino el que toca.




