
Walas: "Lo vanguardistas que fuimos de chicos resiste al tiempo"
El líder de Massacre habla sobre el largo recorrido de la banda que hoy presentasu último disco, Ringo, en el Gran Rex
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Niños no teman; señoras y señores no entren en pánico. Massacre en el Gran Rex no es un título catástrofe ni mucho menos una mala noticia, es la llegada de Walas y sus cómplices al teatro de la calle Corrientes. Si su álbum anterior, El mamut, les permitió pasar a las ligas mayores del rock local después de dos décadas de transitar por el under con el mote de banda de culto, Ringo les permite darse otros berretines. Como citar a su público más distinguido a que siga el show (¿o debemos decir concierto?) sentado y que, como dirá la voz cantante, "flasheé con la propuesta" que estará destinada a impactar en los cinco sentidos.
—Primero Obras, luego el Luna Park y ahora el Gran Rex. Tardaron muchos años en llegar a dar el gran paso y desde que lo dieron las cosas se sucedieron más rápidamente.
—Todo nos costó mucho. Tardamos como 15 años en llegar por primera vez a Obras. El siguiente paso en la conquista simbólica fue el Luna Park y fue muy duro porque coincidió con la gripe A. Ahora, con el Gran Rex, también. Es un lugar en el que queremos tocar por las butacas, el sonido, lo simbólico, lo importante que es conquistar la calle Corrientes, que es nuestro Broadway. Pero también nos ha jugado en contra esa campaña que yo mismo hago de que somos prohibidos, censurados y de que tengo captura. Los dueños del teatro pidieron mil referencias antes de aceptarnos y tuvimos que diferenciar la persona del personaje. Tuvimos que demostrar que los de arriba del escenario son personajes que siguen un guión que son nuestras letras. Básicamente es lo que hago yo, porque por más que somos un quinteto es una balanza que se equilibra entre cuatro tipos recontra sobrios, incluido un psiquiatra y una bestia que soy yo.
—A estas alturas no van a volver a cambiar el nombre de la banda, pero hay que tener en cuenta que se llaman Massacre, y no Bersuit Vergarabat.
—O Catupecu Machu. Ahí es donde las decisiones que tomás te juegan a favor o en contra. Si tuviera la máquina del tiempo, hoy no le pondría ni loco a mi banda Massacre. Me parece un nombre reboludo. Pero ya está, somos un sello y la gente más o menos sabe de qué se trata.
—¿Cuáles van a ser los plus de este show?
—Primero, que va a ser un show largo, especial. Va a estar dividido en dos actos, con un intervalo en el medio, un set acústico y todo el acento va a estar puesto, más allá de lo bien que suena el Gran Rex, en lo visual. Vamos a tirar toda la carne en el asador con luces, pantallas, psicodelia. Apuntaremos a lo onírico, al estímulo de los sentidos. Vamos a proponer un show para flashear, incluso para estar sentados. Si la gente quiere, se parará, pero por una noche nos abstendremos del ritual de subirse al escenario, del pogo, del mosh y de todo eso.
—¿Por qué el Gran Rex?
—Es la presentación del disco. Dijimos, «¿Dónde lo presentamos? Obras está cerrado. ¿Volvemos a hacer el Luna Park? ¿Y cuál es el lugar jerárquico que todavía no conquistamos?» Y ahí surgió el Rex. Tiene mucho de simbólico el hecho de ir conquistando espacios y muy pocas veces tocamos en teatros. En el Luna vi a B’52’s, una fiesta total y en la platea había butacas. He visto a Babasónicos en el Gran Rex, a Miranda!, a Echo & the Bunnymen en la primera fila y fue un placer.
—Ringo salió el año pasado y lo presentan recién ahora. ¿Se acabaron las fórmulas? ¿Cuándo se presenta un disco?
—Ya no hay fórmulas. Históricamente se han hecho cosas muy erróneas con respecto a las presentaciones de discos. Por ejemplo, me acuerdo cuando se presentaba el disco apenas había salido, sólo lo habían escuchado los periodistas, la gente no lo conocía y lo tenías que tocar en vivo todo entero.
—¿Cuándo apareció la figura de Ringo Bonavena como rectora de las canciones?
—Una vez que tuvimos el disco y con un tema alusivo que es "La virgen del knock out" nos pusimos a pensar en el eje, en el vector y ahí apareció Ringo. Pensamos en toda su imaginería como representante de Buenos Aires y nos dimos cuenta de que el disco habla mucho de la ciudad. Nos gustó el nombre, lindo, corto. Podemos salir de gira por el mundo bajo el nombre de Ringo Massacre [lo dice en inglés, acentuando en la primera sílaba de Massacre]. Ir a Nueva York y decir: «Somos los Massacre» es una mierda; en cambio, los «Ringou Massacre» llama la atención.
—En los últimos años, se reflotó la figura de Bonavena. Primero fue la de Gatica, gracias a la película de Favio y ahora le toca a Ringo.
—Es así, me cuentan que muchos pibes de 20 años no sabían quién era Bonavena. Primero fue Gatica, es cierto, y ahora le toca a él. Está el Ringo de Suar (Sos mi hombre). Eso no sé si me gusta o no, obvio que va a ser más popular el galán que nuestro Ringo rockero, pero nos excede.
—Cuatro años separan a El mamut de Ringo. ¿Necesitaron más tiempo para asimilar todo lo bueno que les pasó con el álbum anterior?
—El éxito de El mamut nos tomó por sorpresa. Para nosotros era un disco más y cuando sale a la cancha lo reciben críticas buenísimas y premios. Vendió mucho, convocó y empezamos a hacer lo que no habíamos hecho nunca: salir mucho de gira, tocar en los festivales, movernos bastante. Atrasó un poco la dinámica de la banda, pero tampoco tanto, porque nosotros siempre nos tomamos entre tres y cuatro años entre disco y disco.
—Son una banda que no reniega de ninguno de sus períodos. ¿No?
—Exacto, me gusta decir que somos los Massacre Palestina, que lo vanguardista que fuimos de chicos resiste al tiempo y que recién hoy en día es comprendido cuando antes era para pocos. Hay gente a la que no le podés recordar los 80 porque no se quieren ver ni en figurita. Yo estoy reorgulloso de lo que hice de pendejo.
—Con el disco anterior recibieron muchos elogios y también las críticas de los que no querían que dejaran de ser de culto. ¿Cómo las asimilaron?
—Yo siempre me voy a preocupar por ser vanguardia, por sorprender. No me gusta ser artista clásico. Veo el mainstream, los clásicos del rock argentino y entre que se separaron las bandas grandes, se murieron los últimos grossos. ¿Quiénes nos quedan? El Indio y León Gieco. Después están los Pomelo y los que hacen cosas comerciales que duran 15 minutos. La inercia me está poniendo en esos lugares donde no quiero estar. Yo quiero ser new wave, nueva ola, no quiero ser el mar, como decía Charly. Me incomoda un poco tener que ocupar lugares por necesidades de otros.
Para agendar
- Massacre
Presenta, su nuevo álbum, Ringo
Teatro, Gran Rex, Corrientes 857
Hoy, a las 21.30
Entradas, desde 90 pesos.



