
Zoe Zeniodi, dos años al frente de la Filarmónica de Buenos Aires: 25 ingresos, nuevas obras y la primera mujer en llevar la batuta
Al cabo de su segunda temporada como titular, la directora griega ofrece un balance de su trabajo al frente de la Orquesta

Desde que la música es “la música”, una institución profesional y artística que se rige por un conjunto de reglas y costumbres, hubo puntos de inflexión que fueron cambiando su práctica a lo largo de la historia. En la interpretación de la ópera barroca, por ejemplo, desapareció el castrato y en su lugar surgió el contratenor. La figura del compositor-sirviente de la iglesia o la nobleza, fue reemplazada por la del músico autónomo; la del compositor-virtuoso, al estilo de Liszt ejecutando su propia música, por la del intérprete. El clavicémbalo fue reemplazado por el piano; el copista de partituras, por los programas de edición digital. Cambios en el ejercicio del arte de combinar los sonidos que, cada uno a su tiempo, llegó para quedarse.
Actualmente y desde hace décadas, un nuevo paradigma se da en el campo de la dirección orquestal, ese rol de liderazgo reservado tradicionalmente al hombre con exclusividad, que cada vez con mayor presencia lo desafía la mujer, no para reemplazarlo sino para coexistir, con un sello de comunicación y autoridad modernas.
En esa tendencia se inscribe la figura de Zoe Zeniodi, primera mujer en el cargo de directora titular de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA) desde la creación del organismo. Al cabo de su segunda temporada al frente del prestigio ensamble que celebra el 80º aniversario de su fundación, la directora griega comparte con LA NACION su balance positivo. “Variados programas para el ciclo de abono, repertorios de diversos períodos y una programación caracterizada por la convivencia —subraya— entre la tradición sinfónica, las obras contemporáneas, los estrenos y la recuperación de repertorios menos frecuentados”.

–¿Cómo llegó a la Argentina y cuáles fueron los principios con los que asumió el cargo?
–Mi primer contacto fue en 2023, cuando me ofrecieron venir como invitada a dirigir el estreno de la 4º sinfonía de Giya Kancheli. No conocía a nadie en el Colón, pero me sentí muy bien con la orquesta. En esa fecha hicimos también el 1º concierto para violín de Shostakovich, con Vadim Gluzman, un virtuoso con quien felizmente repetimos colaboración este año. Volví en 2024 para un Pelléas et Melisande. Encontré una orquesta excelente a nivel musical, muy buenos solistas y gente con calor humano, ganas de trabajar y desarrollar un vínculo, concretar proyectos, mantener la historia del Colón y de la orquesta, y a la vez renovar. Mi principio siempre fue el de una colaboración verdadera y profunda con músicos, orquesta y teatro.
–¿Qué proyectos ha concebido como prioritarios?
–La renovación de la planta artística. La incorporación de músicos mediante una política de concursos públicos para ocupar vacantes (hasta ahora alrededor de 25) fue uno de los aspectos institucionales decisivos. Muy necesario porque este tipo de inseguridad por la cual no se sabía quién iba a tocar, no ayudaba a la orquesta. Esta renovación ha sido el proceso más amplio de los últimos años. Nos permitió, además de cubrir vacantes históricas, fortalecer las familias instrumentales y garantizar un recambio generacional de la orquesta.
–¿Y en el plano musical?
–Implementamos una política de ampliación del repertorio con más de 20 obras nuevas en la programación oficial y un impacto artístico pensado en tres líneas: la creación contemporánea internacional, la música latinoamericana y la recuperación de repertorio histórico poco frecuentado, que posiciona al Colón como uno de los principales difusores del nuevo repertorio sinfónico en América Latina. Y desde otro enfoque, el trabajo en estos repertorios implica dos objetivos. Internamente: mantener la orquesta en forma a través del proceso de estudio y ponerse al día con las novedades. Y externamente: ofrecer al público un menú diferente.
Tiempo de balances
Durante el primer período de la titularidad de Zeniodi, se programaron 18 conciertos de abono con autores clásicos y contemporáneos internacionales y argentinos. Su segunda temporada se diseñó como un homenaje a los 80 años del organismo haciendo foco en la difusión institucional y la presencia fuera de sede, un ciclo de abono de 19 conciertos (varios de ellos con repetición para públicos específicos de jóvenes, estudiantes o mayores de 60) con una programación especial de conciertos extraordinarios y una gira.
Zeniodi acaba de concluir su propio calendario 2026 con la realización de dos programas del ciclo principal: el primero titulado “A través de la luz” (concierto para violín y orquesta Luz distante de Pēteris Vasks con Vadim Gluzman y 4º Sinfonía de Mahler con la soprano griega Aphrodite Patoulidou). Y el segundo con el título “Mundos Románticos III” (2º concierto para piano de Brahms por Lise de la Salle y Scheherazade de Rimski-Korsakov). Una impronta de la directora ha sido la sistemática presencia de compositoras mujeres: Amy Beach, Marianne von Martínez, Amanda Röntgen-Maier, Sofia Gubaidulina, Gabriela Ortiz, Kaija Saariaho, Missy Mazzoli. Y el encargo de una obra a la compositora griega Sophia Abramidou para el Colón Contemporáneo.
En cuanto a los solistas (17 invitados, 11 en calidad de debut con la OFBA), se destacaron las participaciones de figuras sobresalientes: Midori, Asiya Korepanova, Günter Haumer, Emanuel Graf, Emmanuele Baldini, Aristo Sham y los mencionados Vadim Gluzman, De la Salle y Patoulidou, en 2026. Así como Nikolai Lugansky, Roman Simovic, Simon Trpčeski, Anna Geniushene, Amalia Hall y Carla Filipcic Holm, el año anterior. De las 14 batutas invitadas, el reconocido norteamericano James Conlon en la apertura, Marc Albrecht, Carlos Kalmar, Rebecca Tong, Henrik Schaefer, Tom Blunt, Sasha Yankevych, Bjarni Frimann, Gergely Madaras y Srba Dinic entre otros.
“Uno de los hitos —resalta Zeniodi—: la maravillosa tournée que abarcó Córdoba, Rosario y Montevideo después de muchos años que no se hacían giras. Una experiencia bella con conciertos excelentes, un equipo feliz, críticas elogiosas y público agradecido.”
Mujeres al podio
–Cuando habla de mantener la historia del Colón y la orquesta, y a la vez renovar. ¿A qué se refiere?
–Que estemos al día con lo que pasa en el mundo. Por ejemplo, el hecho de tener por primera vez a una mujer como titular. Siguiendo el camino abierto por Marin Alsop en orquestas importantes, es un gran paso aceptar y apoyar este tipo de renovación.
–¿Es una virtud o un mérito en sí mismo el hecho de ser mujer?
–Absolutamente no. A veces incluso puede ser un problema. La diferencia es que, para la titularidad, yo fui convocada por la orquesta, no por las autoridades políticas. Son los músicos los que decidieron. Entiendo que pueda haber personas no estén contentas con ver a mujeres empuñando la batuta. Pero es como en todas las orquestas, porque son grupos humanos, siempre va a haber alguien disconforme con el director, sea hombre o mujer.
–¿De qué manera se convierte en un problema?
–Me explicaban recientemente en una de las grandes agencias del mundo que en este momento ya casi no aceptan mujeres en la dirección. Pero no por el género sino por la edad. Porque el trend de las mujeres directoras es tan nuevo que las suponen a todas demasiado jóvenes, sin preparación y aún con menos experiencia. Realmente me quedé impactada. “¡Wow!“, me dije, ”¡Esto sí que es una novedad!“. “Pero por suerte, me aclararon, ya no sos joven, o sea que con vos el tema de la edad no cuenta” (risas).
–¿Cómo define el rol del director?
–Hacer su trabajo, que es dirigir. Ensayar, hacer música, entender lo que necesita la organización. Implementar cosas nuevas, tener un concepto para el período en que está en el puesto y llevar la institución hacia adelante, hacerla avanzar. Dirigir es escuchar a todos, buscar los colores, conocer la personalidad de cada solista y cada instrumento, saber qué pueden ofrecer y cómo pueden contribuir al resultado musical. ¿Cuál es el rol de la orquesta? Hacer su trabajo, que es ejecutar la música, colaborar con el director en su función y ser parte del proyecto, porque si una orquesta lo convoca es para hacerlo juntos. De lo contrario, si hay resistencia todo se vuelve difícil y el prestigio de la institución siempre debe estar por encima
–¿En qué casos, por ejemplo?
–En la incorporación de repertorio o en el estudio de obras nuevas.
–Hasta hace un tiempo, el director imponía un autoritarismo que hoy se considera abusivo e inaceptable. Las orquestas y toda la estructura de producción musical, incluidos los cantantes, fueron reclamando una práctica más respetuosa de la profesión. ¿Cómo ha influido la incorporación de la mujer en el rol y cómo es su estilo?
–Lo que yo busco es una verdadera colaboración y afinidad entre músicos y director. No me gusta gritar, no es mi personalidad ni mi estilo, porque mi ego no precisa de ese tipo de poder. Tampoco me interesa el clima que se genera con la imposición. Al contrario, quiero abrirme al conocimiento y la sabiduría porque vengo de la música de cámara donde todo se desarrolla a partir del apoyo y la conexión. La música es mi vida y yo me siento afortunada de que lo sea, porque dedicar mi tiempo, fuerzas y capacidad a este arte es la bendición más grande del mundo. Por eso, y porque comparto ese amor, lo más importante es ofrecerle a cada músico ese punto de libertad individual en el que todos, 80 personas al mismo tiempo, nos podemos encontrar.
–¿Cómo traduce esa libertad en un caso concreto?
–Estuvimos de gira y en la 5ª de Tchaikovsky, para la que tenemos dos clarinetes perfectos, hablé con ellos y les transmití mi visión, lo que siento respecto del papel del clarinete en el comienzo de la sinfonía. Y luego, les dije: “Ahora a improvisar. Tomen esta idea y hagan la música libremente. Porque quiero estar allí y, como todos, escuchar sonidos que nos inspiren, compartir la energía de lo que está sucediendo y el lujo de la experiencia en vivo que es la sensación más elevada que como músicos tenemos oportunidad de vivir.
–¿Cuál es su apreciación del público de la Filarmónica?
¡Lo adoro! ¡Cuánto lo quiero al público del Colón! No tengo más que agradecimiento para la gente que nos sigue porque me hacen sentir querida y acompañada. Yo recibo ese afecto, los tengo presentes aun cuando estoy fuera y me llegan noticias de la Argentina. Los quiero porque se sienten parte de este proyecto que es la Filarmónica de Buenos Aires. Es un público entusiasta y excelente también en el sentido de la concurrencia. En el mundo, los teatros ya no saben qué inventar para que la gente vaya. Aquí en cambio, siendo una sala enorme, el Colón está siempre repleto. Y no sé si son conscientes de la bendición que es para un teatro encontrar esa respuesta que en definitiva es la que le da sentido a nuestra dedicación.
