Edgardo Mesa: el adiós a un querible hombre de radio que supo cultivar el bajo perfil

Periodista, actor y conductor, brilló en televisión, cine, teatro y en la radio, su gran amor
Periodista, actor y conductor, brilló en televisión, cine, teatro y en la radio, su gran amor Fuente: Archivo
Pablo Mascareño
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25 de junio de 2019  • 14:57

Curiosa trayectoria la de Edgardo Mesa . Fue locutor, periodista y actor. No se privó de nada. O, mejor dicho, se privó de la ostentación, la pedantería y los mareos de la popularidad. Tomó un camino tangencial. Jamás hizo alardes de sus talentos ni de sus logros. Nunca buscó sobresalir ni competir con el nombre estelar que tenía su hermano Juan Carlos Mesa , que murió en agosto de 2016 y con quien tenía una relación entrañable.

A los 81 años murió Edgardo Mesa y con él se fue una manera de hacer radio y de entender la esencia de ese vínculo profundo con un oyente que no es un número sino una persona destinataria de la palabra. Una palabra que siempre fue amorosa, cuidada, exquisita. "Trabajo para la gente mayor, para acercarle esperanza y alegría. Para poder apartarla, por un rato, de la dura realidad", dijo alguna vez.

Familiero y campechano, le interesaba ofrendar a su público cordialidad y buena música. Así era él. Al igual que sucedía con su famoso hermano, cinco años mayor y autor de tantos éxitos inolvidables, la sola mención de su nombre despertaba una grata sensación. La que provoca la buena gente de andar tranquilo y fiel a sus ideales.

Alma de barrio

Con su hermano Juan Carlos tuvo una relación entrañable y de suma complicidad
Con su hermano Juan Carlos tuvo una relación entrañable y de suma complicidad

Aunque muchos creían que era cordobés, como su hermano Juan Carlos, Edgardo Mesa había nacido en Pergamino, al norte de la provincia de Buenos Aires, el 29 de diciembre de 1937. Allí, en el patio de piso damero de su casa natal, jugaba a la radio. Profecía autocumplida, diría Sigmund Freud. Palo de escoba en mano y la radio capilla valvular sonando para darle realismo a la escena. Cada vez que se escuchaba el pitido de las locomotoras del Ferrocarril Mitre que vinculaban a su ciudad con la estación Retiro, interrumpía su transmisión doméstica. Era el momento de fantasear con subirse al coche turista de las extensas formaciones para llegar a la gran ciudad y conocer de cerca a esos próceres del éter que alimentaban su vocación temprana. Siempre supo que quería llegar a formar parte de ese medio.

Allí, en su pueblo, también comenzó a germinarse en él la pasión por la actuación. Las matinés en el cine Forze Unite dejaron huella. La radio y la ficción, dos vocaciones que se encargó de acariciar, cuidar y hacer crecer.

Su tempo pueblerino lo acompañó siempre. No era de vociferar en voz alta. Ni de meterse en polémicas inconducentes. Lo suyo pasó por otro lado. El pulso aletargado de las siestas eternas, el aroma de las azaleas de su casa y la afición por la amistad profunda lo marcaron hasta el final. Ni el vértigo de la gran ciudad ni la trascendencia de su apellido pudieron modificar su esencia. Ni su norte.

En el aire

A partir de su participación en La revista dislocada, en Radio Splendid, Edgardo empezó a ganarse un lugar en la radio porteña
A partir de su participación en La revista dislocada, en Radio Splendid, Edgardo empezó a ganarse un lugar en la radio porteña Fuente: Archivo

Indudablemente, la llegada a Buenos Aires le permitió concretar varios de sus sueños. Luego de algunos trabajos menos rimbombantes, en 1965 formó parte de La revista dislocada, en Radio Splendid, junto a Guido Gorgatti, Osvaldo Canónico, Raúl Rossi, Jorge Porcel y Anita Almada. La radio le abrió las puertas, con merecida generosidad, al periodista y al actor en ciernes.

Como animador, se destacó su paso como bastonero de El nochero, por Radio del Plata y De la noche a la mañana, en Radio Mitre, acaso el programa por el que más se lo recuerda. Además, no se privó de compartir el aire con su hermano Juan Carlos en un ícono de la radiofonía matinal: Tenis de mesa, donde ambos jugaban divertidos sketches al aire. En diversos momentos de su carrera, secundó, como periodista, a Juan Carlos Mareco, Antonio Carrizo, José María Muñoz y Hugo Guerrero Marthineitz.

La televisión también lo sumó a sus filas. Primero fue en su rol de periodista y luego como actor de comedia. En Canal 13 fue notero de Realidad, aquel envío periodístico de comienzos de los 80 que salía a las 13 horas y era conducido por Juan Carlos Pérez Loizeau y Ramón Andino. En 1988, participó en De aquí para allá, con Virginia Hanglin y Jorge Rossi, programa que salía por la pantalla de Canal 11. Y fue conductor, junto con Virginia Hanglin y Enrique Alejandro Mancini, del ciclo veraniego A la una, a las dos y a las tres que salía en vivo desde la terraza de un balneario de la marplatense Playa Grande por la pantalla de Argentina Televisora Color (ATC). "La televisión me divierte mucho, pero siento que mi esencia está en la radio, en la intimidad de la palabra, en la cercanía con quien recibe lo que uno dice", confesó.

Aunque amaba el periodismo y la conducción, su ductilidad y su tenacidad para el trabajo lo llevaron a ejercer su otra pasión: la actuación. No fueron pocos los envíos en los que despuntó su rol de comediante. Edgardo Mesa era de esos actores que hacían reír desde la formalidad, el gesto adusto y la hilaridad de la palabra incoherente. Ponía cara de erudito para espetar alguna frase desopilante. Indudablemente, un sello, un recurso, del clan Mesa. Su gran popularidad llegó de la mano de su hermano y Mesa de Noticias, aquella inolvidable comedia diaria que se emitía por ATC a las ocho de la noche y arrasaba con el rating. Allí, en esa redacción disparatada, compartía sus aventuras con Leticia Laurenz, Cris Morena, Beatriz Bonnet, Gianni Lunadei, Adriana Salgueiro, Alberto Fernández de Rosa, Gino Renni, Fernando Bravo, Silvana Di Lorenzo y Eleonora Wexler.

En el viejo Canal 11, cuyos estudios estaban emplazados en el mítico edificio de la calle Pavón 2444, moderó Humor Redondo. En Canal 13 formó parte del elenco de Stress y Stress Internacional con Emilio Disi, Dorys del Valle, Gladys Florimonte e Irma Córdoba. Cuando ya la televisión pasó a manos privadas, Telefe lo convocó para integrarse a Brigada Cola, con Guillermo Francella a la cabeza.

En cine fue un fiel ladero de ídolos populares como Alberto Olmedo y Jorge Porcel, en filmes humorísticos, generalmente dirigidos por el prolífico Enrique Carreras. Los reyes del sablazo; Rambito y Rambón, primera misión ; Los colimbas se divierten; Brigada Explosiva contra los Ninjas; Galería del Terror; y Atracción Peculiar fueron algunos de los títulos en los que se lo pudo disfrutar.

En teatro, trabajó junto a la familia Carreras y su hermano Juan Carlos en el legendario Teatro Odeón de Mar del Plata. Allí, protagonizó revistas nostálgicas y familiares de títulos simpáticos y humor naif junto a artistas populares.

Su vida personal jamás estuvo asociada al trabajo público. Supo dividir las aguas. Estuvo casado durante 46 años con Cristina, la madre de sus hijos Mariana, diseñadora gráfica y Edgardo, médico. Cuando enviudó, en 2011, su vida no volvió a ser igual. Nunca se repuso de esa pérdida desoladora. Tal era la simbiosis con su esposa que juntos viajaban a Concordia para que él pudiese hacer radio cuando los medios porteños no le daban la posibilidad de ejercer su oficio. Así de injusta suele ser la gran ciudad.

Este martes 25 de junio, justo un día después del aniversario de la muerte de su ídolo Carlos Gardel, el enfisema pulmonar que lo aquejaba desde hacía tiempo puso fin a su vida. Con Edgardo Mesa se fue un personaje que hizo de la honradez personal y la ductilidad laboral un culto. "Por siempre en la radio" es la frase que remata el spot institucional que Radio Mitre hace rotar en su programación desde que se conoció la noticia, a modo de homenaje a una de las voces que enalteció su historia. Se extrañará su voz inconfundiblemente amorosa, su buen decir pausado y su semblante bonachón de surcos pronunciados.

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