
Josh Brolin: la vulnerabilidad de un hombre violento, el pánico que sintió en el set y una amistad inesperada
El actor protagoniza La guerra de los últimos, el thriller postapocalíptico que llega a los cines este jueves 27; en diálogo con LA NACION, habló de su personaje, de su vínculo con su compañero de elenco y cómo fue trabajar con Ridley Scott

“Su único tipo de intercambio comunitario es la violencia”, dice Josh Brolin sobre Bangley, el personaje que interpreta en La guerra de los últimos, la nueva película de ciencia ficción de Ridley Scott, que llega a los cines argentinos el próximo 27 de agosto.
El personaje de Brolin es duro, desconfiado y entrenado para sobrevivir; el exmarino parece haber encontrado en la disciplina y el aislamiento una forma de adaptarse a un mundo devastado. Pero, para el actor, lo más interesante está precisamente en aquello que el personaje intenta esconder.
Esa tensión entre dureza y vulnerabilidad atraviesa todo el nuevo film. Ambientada en 2035, después de que una pandemia eliminara a gran parte de la población, la historia encuentra a Bangley compartiendo un refugio aislado con Hig (Jacob Elordi), un joven piloto que se resiste a aceptar que mantenerse con vida sea lo único que queda por hacer.
Los dos necesitan uno del otro, pero enfrentan ese nuevo mundo de maneras muy distintas. Ese contraste convierte a La guerra de los últimos, basada en la novela que Peter Heller publicó en 2012 y con guion de Mark L. Smith, en una película postapocalíptica que pone el foco tanto en la supervivencia como en aquello que permite seguir siendo humano cuando casi todo lo demás desapareció. El elenco también reúne a Margaret Qualley, Guy Pearce, Benedict Wong y Allison Janney.

En diálogo con LA NACION, Brolin habló de las fisuras emocionales de Bangley, de la relación que construyó con Elordi y del particular método de trabajo de Scott.
—¿Qué fue lo que más te interesó de Bangley cuando leíste el guion por primera vez y cómo construiste esa dualidad entre su dureza y el dolor que parece cargar?
—Siempre me atraen mucho los personajes que tienen esa fachada de superioridad masculina y después podés empezar a ver qué hay detrás. Hay un par de personajes que interpreté así, la película Milk es un buen ejemplo. Lo que me encanta de Bangley es que su relación con Hig es muy necesaria para él. Su compañero quiere salir, piensa que el pasto es más verde del otro lado, tiene su relación con el perro, extraña a su esposa. Bangley no tuvo nada de eso y es más violento. Sin embargo, mantiene esta extraña relación de pareja con Hig que no quiere dejar ir.
Para Brolin, la verdadera dimensión del personaje aparece precisamente cuando baja la coraza. “Me encanta ver esa vulnerabilidad y esos pequeños momentos, gestos que sugieren muchísimo. No lo digo por mí, sino porque él mantiene todo tan contenido que cualquier manifestación de adoración o de amor se percibe como el doble o el triple de lo que realmente es, justamente porque ocurre muy pocas veces”, apuntó.
Por su parte, Ridley Scott define a ambos personajes como una suerte de “pareja dispareja”. Para el director, buena parte de la película nace precisamente de dos hombres que se toleran porque se necesitan, pero que al mismo tiempo son capaces de irritarse mutuamente.
Elordi también habló de esa relación fuera de cámara. En el material de producción de la película, el actor define a Brolin como “uno de sus grandes referentes” y asegura que trabajar junto a él volvió la experiencia especialmente significativa. Recuerda que, durante el rodaje en Italia, ambos solían sentarse a conversar y que disfrutaba particularmente de escuchar sus historias.
—Bangley y Hig parecen amigos y, por momentos, casi padre e hijo. ¿Cómo entendiste ese vínculo y cómo fue trabajar con Jacob Elordi?
—Fue genial porque él y yo congeniamos desde el comienzo. Él es un gran lector, yo soy un gran lector. Empezamos a desviarnos hablando de libros y hubo muchas cosas ahí. Me pareció muy humilde, muy trabajador, en ese sentido de la vieja escuela. Estaba dispuesto a experimentar, dispuesto a quedar fuera de eje y fuera de su zona de confort. Y a mí me gusta todo eso. Después llega Ridley y triplica todo cuando estás en un set con él porque es una experiencia casi más teatral. Todo es práctico. Todo lo que estás mirando está ahí. Realmente no necesitás usar tu imaginación.
—¿Cuál es la particularidad de trabajar con Ridley Scott?
—Lo que él hace es tomar una base que todos conocemos, que es el libro o el guion, pero después de la primera toma a la segunda y de la segunda a la tercera, empezás a cambiar cosas. Reescribís. Empezás a detectar pequeños diamantes que pueden aparecer, estás buscando magia y momentos reales. Él no quiere que confíes en la repetición ni que te aferres a aquello que pensás que está funcionando porque, en realidad, no lo sabés hasta que llegás a la sala de montaje. Entonces quiere que continúes experimentando. Y creo que Jacob fue realmente bueno dejándose llevar por eso. Veías llegar a actores nuevos y entrar en pánico absoluto, pero después, una vez que se acostumbraban, ya no querían trabajar de ninguna otra manera.

La descripción coincide con el modo de filmación que Scott viene perfeccionando desde hace años. El realizador trabaja habitualmente con múltiples cámaras al mismo tiempo, limita los ensayos y procura registrar escenas sin tantos cortes.
Brolin ya conocía al director: ambos habían trabajado juntos en Gángster americano (2007). Sin embargo, el particular método de Scott volvió a tomarlo por sorpresa. El actor contó que, después de su primer día de rodaje de La guerra de los últimos, llegó a sufrir un ataque de pánico y quiso abandonar la película. Todo cambió cuando Scott le mostró lo que estaban logrando en cámara. Desde entonces, Brolin empezó a confiar en el proceso y terminó completamente seducido por una dinámica que describió como “increíblemente creativa y tremendamente arriesgada”.
El propio Scott, consultado por LA NACION sobre la química entre los protagonistas, dijo: “Los juntás y ya lo tenés, porque elijo muy bien el reparto. Sé que lo hago”, aseguró. Para el director, Brolin era la elección indicada para Bangley, mientras que Elordi pertenece, según sus palabras, al reducido grupo de las “nuevas estrellas reales” del cine. “Los puse juntos y tenés magia”, resumió.
La belleza detrás del horror
Dentro del film, el mundo humano se encuentra destruido, pero buena parte de la naturaleza permanece intacta y deslumbrante. Aunque la historia transcurre en Colorado, el rodaje se realizó principalmente en Italia. Los Dolomitas se transformaron en las Montañas Rocosas y distintas locaciones del país europeo sirvieron para construir los paisajes de una Norteamérica devastada por la pandemia. Ese contraste es, para Brolin, una de las claves que diferencian a La guerra de los últimos de otras películas del género.
—Si tuvieras que describir qué hace que La guerra de los últimos sea diferente de otras películas postapocalípticas, ¿qué dirías?
— La prosa de Peter Heller es increíble, pero creo que esta película tiene el sello de Ridley por todas partes. Es una experiencia aislada pero sucede dentro de una burbuja mucho más grande. Estás experimentando los Alpes italianos y los Dolomitas en el fondo, y es algo tan hermoso mientras, al mismo tiempo, está ocurriendo todo este horror. Hay constantemente un contraste con esa belleza que está detrás. Una y otra vez te recuerda todo lo que estás perdiendo.
Es precisamente ahí donde La guerra de los últimos se aleja del apocalipsis clásico. Los personajes recuerdan canciones, conversaciones, supermercados, rutinas y formas de vivir que antes habrían parecido insignificantes. El dinero, los lujos y los objetos del viejo mundo continúan existiendo, pero ya no significan lo mismo. Lo que queda en discusión es algo más elemental: cuánto de la vida puede desaparecer antes de que sobrevivir deje de ser suficiente.
En Bangley, esa pregunta permanece escondida detrás de armas, perímetros y una coraza que pretende no necesitar a nadie. Pero Brolin encuentra al personaje precisamente en las fisuras que dejan ver lo que recorre toda la película: la humanidad.
