Matías Hanssen, de Gran Hermano: la traición de un amigo, su viaje por Alemania y la empresa que dirige
El último eliminado del reality de Telefe es una figura atípica para el show, que llegó con un perfil bajo en redes
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Matías Hanssen fue el último hombre eliminado de una casa que ahora se encuentra solamente con mujeres en competencia. Se trata de un dato que le da color a un participante que tuvo un paso muy aplaudido por Gran Hermano: Generación Dorada. Y durante una charla con LA NACION, Hanssen reflexionó sobre sus días en el reality, se refirió a su filosofía de vida y contó quién fue la primera persona a la que llamó cuando salió del show.
-¿Cómo se siente ser el último hombre eliminado de la casa?
-Me siento muy orgulloso, no solamente de ser el último hombre, sino también porque fue una circunstancia medio rara la de Juani. La verdad es que él me caía muy bien, no se merecía irse así [N. de la R.: se refiere a Juan Ignacio Caruso, quien se retiró del juego a pedido de su madre]. No obstante, sí me siento muy orgulloso de ser el último hombre y de haber entrado en el top diez.
-¿Cómo estás viviendo estas primeras horas afuera de Gran Hermano?
-Estas primeras horas las vivo a full, con muchas entrevistas y muy sorprendido por el amor de la gente. Siento que cumplí y que también pude dejar a mi familia orgullosa, que eso también me conmueve un montón, así que estoy muy contento. No podría describirlo de otra manera, es muy emocionante recibir tanto apoyo.
-¿Quién fue la primera persona de tu familia con la que hablaste?
-Pude hablar con mi mamá y mi hermana. Lo primero que me dijeron fue: “La gente te ama, quedate tranquilo, está todo súper bien”. Yo tenía un miedo muy grande por la dinámica de la casa, en la que se buscaba la cancelación todo el tiempo. Ese era un temor latente, salir de la casa y encontrarme con algo feo, pero la verdad es que me calmó muchísimo lo que me dijeron ambas.
-¿Cómo era tu vida antes de entrar en Gran Hermano?
-Yo tengo una empresa de cepillos de dientes, entonces mi día a día era básicamente laburar hasta las siete u ocho de la noche y después ir al gimnasio. Desde chico soy un tipo muy laburador, me dedicaba a eso. No le daba mucha bola a las redes, aunque sí subía contenido en el gimnasio pero era lo que me gustaba a mí, ya que no estaba súper metido. Creo que esa fue una gran ventaja frente a casi todos los participantes que estaban dentro de la casa, porque si bien esos seguidores de redes no se traducen a votos, esos jugadores sí saben cómo los percibe la gente y cómo explotar eso; en mi caso no, yo fui a ser yo.
-¿Cómo fue el momento en el que decidiste entrar a la casa?
-Hace un año y medio me había comprado una camarita para hacer contenido fitness, pero no la había usado. Para mí noviembre del año pasado fue un mes muy complicado, de esos que son como un punto de inflexión. Y en ese momento me apareció una publicación de Gran Hermano, que yo tomé como una señal. Nunca había mandado nada a ningún lado, pero ahí mandé el casting y se me dio.
-¿Por qué decís que noviembre fue un mes de quiebre para vos?
-Fue una mezcla de varias cosas. Un muy amigo me estafó con guita. Me habían robado el celular. Me habían roto cosas en casa. Me pasaron muchas cosas, muy seguidas y yo no terminaba de recuperarme. Soy un tipo realista, pero siempre trato de ver las cosas con un tinte optimista. Cuando a vos te pasan cosas malas, sabés que eventualmente pasan, y las cosas buenas también. Entonces hay que disfrutar de todo. Yo intentaba hacer eso, me recuperaba pero a la otra semana era otro “¡pum!”, me pasaba otra cosa. Yo creo que todas las cosas malas que me pasaron en la vida tuvieron un efecto dominó positivo, y la verdad es que si no hubiese tenido todas esas complicaciones, no hubiese mandado el casting a Gran Hermano. Así que sin todo eso, hoy no estaría en este momento con tanta gente que me quiere y que me manda mensajitos. Yo siempre supe que por algo bueno iba a ser todo lo malo que me estaba pasando, aunque fue difícil transitar ese momento.
-¿Qué personas y qué lugares son tu refugio?
-Mi mamá, mi hermana y mi papá. Mi familia es mi refugio. Y un lugar que me sirve de refugio también es el gimnasio. Yo me clavo los auriculares y me desconecto o trato de desconectarme de lo que está pasando. Es un momento que dedico para mí.
-¿Fantaseás con la idea de apostar fuerte por las redes, o hay algo de la vida del laburo de la empresa que todavía te sigue gustando y no querés dejar?
-Estoy dispuesto a todo tipo de oportunidades. Quiero aprovechar todo y no dejar pasar nada. Obviamente ahora que hay tanta visibilización con Gran Hermano quiero meterle al tema de las redes es una oportunidad única y no la voy a despreciar.
-¿Y cómo ve tu familia ese posible cambio de rumbo?
-Toda mi familia siempre está a favor de las decisiones que tomo. Incluso cuando me fui a vivir a Alemania a los 19 años, esa fue una apuesta muy grande. Yo tenía un trabajo estable acá, pero me quise arriesgar. Y si bien les costó un poco, sobre todo a mi mamá, sabían que por algo estaba tomando esa decisión. Y a partir de eso, que me vino muy bien para mi carrera profesional, entendieron que eran buenas las decisiones que tomaba.
-¿Qué te llevó a instalarte en Alemania?
-Me fui a estudiar durante dos años. Conseguí un título de grado, una licenciatura en administración internacional de empresas y cuando volví a la Argentina, terminé mi carrera acá también en una licenciatura en administración de empresas.
-¿Siempre tuviste la inquietud de probar suerte en distintas cosas?
-Siempre estuve abierto a que la vida me sorprenda, a distintas oportunidades, que pase lo que tenga que pasar. La oportunidad que vea, no la voy a desperdiciar. Y así se fue dando mi vida. El efecto mariposa es real.



