Nicolás Furtado: el papel que le recuerda sus comienzos, el peso de la exposición y su vida nómade entre España, la Argentina y Uruguay
El intérprete será el protagonista de Juan se alquila, la nueva comedia original de Flow, que se estrenará el año próximo; cómo será este nuevo desafío en el que encarna a un actor frustrado y por qué tiene muchas similitudes con sus inicios en la profesión
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Viernes 14 de agosto, semana 4 de rodaje, Puerto Madero. La cita es a las 15.45 en las oficinas de Flow. Afuera, el día está frío y lluvioso. Adentro, el clima es otro: luces, cámaras, técnicos y una oficina que, por unas horas, se convierte en la sede de VittaCorp, la empresa de bebidas saludables que preside Ernesto Savoré, el personaje interpretado por Luis Machín en la serie que es la gran apuesta de Flow para el año próximo. Allí se está rodando uno de los encargos que Juan Acevedo, el protagonista de Juan se alquila, deberá llevar adelante como parte de su particular y disparatada forma de ganarse la vida.
Mientras que el equipo de producción improvisa un living para las entrevistas en medio de los escritorios, aparece Nicolás Furtado, el intérprete de esta comedia dirigida por Fernando Alcalde. Lleva un traje gris, gafas de sol y un café en la mano. “Perdón, recién me acabo de despertar de una siesta”, dice como si necesitara acomodarse de a poco al ritmo de la jornada. Antes de sentarse a conversar con LA NACION, pide otro café. Revisa el plano de la cámara que lo va a tomar y se acomoda la ropa.
En su actitud hay cierta paradoja. Furtado lleva años de carrera, participó en producciones en la Argentina, Uruguay, España y México y se convirtió en uno de los actores más reconocidos de su generación. Sin embargo, a la hora de dar una entrevista todavía conserva una mezcla de pudor y nervios que contrasta con la seguridad con la que se mueve delante de una cámara cuando tiene que interpretar a otro.
A lo largo de la charla, el actor reflexionará sobre sus comienzos en la profesión, los innumerables “no” que recibió antes de consolidarse, la exposición que implica la fama y esa particular incertidumbre que acompaña a cualquier actor. Algo que curiosamente se verá reflejado en los siete capítulos que tendrá esta serie.

Es que, en esta historia original de Flow y FRAME, el protagonista también es actor, pero uno que está lejos de vivir el momento de éxito que atraviesa el intéprete uruguayo. Juan Acevedo sobrevive entre deudas, castings humillantes, changas y una obra de teatro independiente que no consigue llevar público. Con el mero objetivo de subsistir, encuentra una salida laboral tan insólita como lucrativa: alquilar sus habilidades actorales para resolver problemas de personas comunes en la vida real. Así es como en cada encargo, este joven de 38 años deberá ponerse el traje de un personaje distinto —desde un novio sustituto hasta un empleado infiltrado— para enfrentarse a situaciones en las que el guion nunca está escrito.
“Juan es un actor de teatro independiente que le cuesta llegar a fin de mes y se le presenta una oportunidad de trabajo distinta. A diferencia de lo que estaba acostumbrado -que es actuar en teatro o alguna serie- ahora el guion no está escrito y puede pasar cualquier cosa. Entonces, ahí está un poco el humor de la serie, en los problemas que eventualmente se presentan en estos desafíos que le toca realizar”, confiesa Furtado, sobre esta trama en la que comparte elenco con Gimena Accardi, Mónica Raiola, Luis Luque y Luis Machín, entre otros actores.
—Juan es un personaje que tiene varias similitudes con vos: es actor, tiene 38 años, aunque a vos te va un poquito mejor que a él…
—Bueno, ahora.
—¿Has pasado por situaciones parecidas a las que pasa Juan?
—Sí, alquilé mi departamento por Airbnb y me fui a lo de un amigo como hace Juan en la serie, que se va a la casa de su papá (interpretado por Luis Luque) que también es actor. En un momento, Juan hace de profesor de portugués y tiene que tratar de que la chica (la hija de la familia que lo contrata) no se vaya a Brasil y le dice que es peligroso cruzar la frontera en un camión. Bueno, eso también lo hice yo en su momento. Viaje por el litoral de Brasil a dedo, así que tengo un par de cosas en las que me inspiré (risas).
—¿Te hace acordar al Nico del comienzo?
—Sí, tiene muchas cosas que me hace acordar cuando era más joven, cuando recién empezaba a estudiar actuación o daba los primeros pasos como actor y lo difícil que es. Al principio, llegar a cubrir los gastos y poder vivir de esto es difícil y el personaje tiene eso, así que entiendo por dónde viene, porque de alguna forma lo viví.
—¿Eso es lo que más te sedujo a la hora de aceptar la propuesta?
—No, esas son cosas que me hacen gracia que estén y que de alguna forma me conectan con el personaje y su mundo, pero, en realidad, lo que a mí me seduce siempre es el guion. Ya sea una serie o una película lo que define en primer instancia es el texto, el material a trabajar.
—Al sentir tan cerca al personaje, ¿pudiste ponerle cositas propias o respetaste cien por ciento el guion?
—Yo soy un actor que siempre trato de agregar un poco de lo mío; con criterio y conversándolo con el director y el elenco que esté involucrado en la escena a modificar. Siempre se me ocurren muchas ideas. Algunas están buenas y otras, no tanto y quedan en el camino pero siempre le meto alguna cosa mía que me parece que puede sumar al personaje y a la escena como tal.

—Juan pasa por todo tipo de castings, algunos muy humillantes… ¿Hay alguna audición o papel del que hoy te arrepientas?
—Papel como actor que me arrepienta no. Castings de publicidad millones. Hemos hecho cada cosa (risas). Pero bueno, está bien, es parte de… Todo es por algo y en su momento la publicidad sirve para que un actor pueda seguir estudiando o dedicarse al teatro mientras llega el momento en que pueda vivir de esto o tenga un buen pasar.
—¿Cuál fue ese papel bisagra en tu carrera? Ese con el que pudiste sentir que ese momento había llegado…
—Yo creo que, más allá de un papel puntual (que la gente se lo podrá imaginar), una vez que confían en tu trabajo es mucho más fácil porque te convocan para otro tipo de cosas, te dejan proponer… A veces tengo que salir a defender mis ideas, pero después de que ya metiste un gol es más fácil.
—¿Hubo muchos “no” en el camino?
—Sí, sí, son más los “no” que los “sí”.
—¿Y cómo te parabas ante esas situaciones?
—Cuando entendes que es un tema de probabilidades o es parte de... no es un problema. Tenés que acostumbrarte a gestionarlo y que eso no sea algo negativo. Si no quedaste en un proyecto es porque o alguien lo hizo mejor o no era para vos porque no iba con tu perfil, pero no pasa nada. Van a venir otros castings, otros proyectos y alguno se va a dar, si seguís intentando obvio. El tema es no abandonar y seguir dándole hasta que se dé.
—Juan coquetea mucho con el fracaso. ¿Qué te pasa a vos ahora que sos un actor consagrado, que puede elegir qué hacer y qué no, cuando algo no funciona tan bien?
—Yo hago mi trabajo, después los éxitos te pueden tocar un par de veces en toda tu carrera, quizá. Yo tuve la suerte de que me toco uno a una temprana edad y tengo que aprovecharlo y sacar lo mejor de eso, pero después te puede ir mejor o peor. No hay una clave ni una fórmula para eso. Yo puedo sentir que a esta serie, por ejemplo, le va a ir muy bien porque creo en lo que estamos haciendo y porque me fascinan los guiones, pero que sea un éxito va a tener que ver con cómo la recibe el público y un montón de otros factores que no tienen que ver con como lo hagamos nosotros.

—¿Te costó mucho despegarte de Diosito, tu personaje en El marginal?
—No sé si me quiero despegar. No lucho contra eso. Si en la calle me gritan Diosito o la gente me recuerda así por algo es y bienvenido sea. Eso y todas las puertas que me abrió… Es verdad que como actor siento que voy a tener otras cosas que ofrecer y, por suerte, me dan la oportunidad de mostrarme en otros géneros y otros personajes pero, volvemos a lo de antes, para que tenga un impacto considerable en el público tiene que ser un éxito del tamaño que fue lo otro. Yo puedo hacer 10 personajes distintos, pero la gente se va a quedar con el más conocido, con el que más resuena y está todo bien con eso. No tengo historia.
—¿Qué pasa cuando el teléfono no suena? ¿Te pasa o ya no?
—Ahora me pasa menos o no me pasa para ser sincero. Tengo el privilegio de poder elegir. Entonces justamente hago eso: elijo que es lo que quiero hacer. Igual depende también dónde sea el proyecto. Yo vivo afuera y trabajo un poco en España, acá, en Uruguay y en México. Entonces, también depende según para qué plataforma o para qué región sea. Mi carrera no es la misma en un país que en otro. Entonces, voy viendo qué me sirve y por las etapas que tengo que pasar. Capaz que acá ya pasé por esa etapa y en otro país no, o me estoy dando a conocer. De ahí que las elecciones son distintas.
—¿Cuál es la peor parte de esta profesión?
—Eso depende de cada momento, de cada persona. Muchos te pueden decir la incertidumbre que te genera y ese tipo de cosas. Yo no lo viví así nunca; inclusive cuando recién empezaba. Yo sabía que si hacia las cosas bien, iba a estar todo ok. Pero lo peor puede llegar a ser la exposición.
—¿Cómo te llevás con eso? ¿Te afecta cuando se habla sobre tu vida amorosa o te vinculan con alguien?
—Yo hago mi vida. No sé si no me afecta, pero no le dedico energía a esa parte. Cuando hablo de exposición es porque, a veces, prefiero pasar desapercibido en algún lugar o en alguna situación y no se puede. Por ejemplo, el compartir con mis amigos en ciertos lugares es algo que cambia; nos modifica un poco a todos y es como que hay que acostumbrarse y adaptarse pero bueno, tampoco es tan grave.
—Hablemos de esta vida medio nómade que llevas entre España, la Argentina y Uruguay. ¿Cómo vivís ese desarraigo constante? ¿Qué es lo que más extrañás?
—Todo el tiempo me estoy yendo de algún lugar y de algún país donde tengo gente querida. Entonces, siempre estoy como extrañando. Lo bueno es que llego a otro lugar donde tengo o familia o amigos. Uruguay, por supuesto, es el país donde nací y tengo a mi familia. La Argentina es mi segundo país, mi segunda casa, donde viví 10 años y tengo muchos amigos que son familia. Y en España también, tengo una gran comunidad con la que hace años comparto allá. Entonces, siempre estoy bien donde estoy. Pero es verdad que siempre me estoy yendo de algún lugar y las despedidas generan como un poco de tristeza. Por más que yo sepa que vuelvo en unos meses, no sé cuándo voy a volver exactamente. Pero los tres son países que quiero mucho.
—Por lo pronto, queda una semana de rodaje y después… ¿te vas?
—Me quedo un par de semanas más en realidad, porque estreno una película y tengo la premiere. Se llama Escondida en mi cabeza, es una comedia que hice el año pasado en Uruguay.
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