
El inconfundible estilo de la princesa de Gales será para siempre un antes y un después en materia de tendencias
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El mundo de la moda es vertiginoso y veloz, pero ciertas figuras consiguen permanecer en él a lo largo del tiempo. Es el caso de Lady Di. Más allá de su historia personal, su vasta obra benéfica y el fatal accidente en el que perdió la vida el 31 de agosto de 1997 , a los 36 años, la princesa dejó huella en materia de estilismo.
Aunque no se caracterizó por ceñirse al protocolo, impuso un sello propio y modernizó la imagen de la monarquía británica de la década de los 80´s. Con su peinado, sus tallieurs, vestidos de noche y las apretadas gargantillas al cuello, la princesa personificaba en Inglaterra - y en cada rincón del planeta- la sofisticación.
La popularidad que ganó la monarquía en esos años, se debe en parte gracias a su gran atractivo. Porque a lo largo del tiempo, aquella niña que se comprometió con el príncipe de Gales a los 19 años apareciendo ante las cámaras con un recatado trajecito azul y un anillo de zafiro que hoy luce Kate Middelton, se convirtió en un ícono de moda y belleza. Los grandes diseñadores del mundo se desvivían por lookearla: creaban para ella prendas, sombreros, carteras y joyas. Su calidez y la inmensa visibilidad por ser quien era, se sumaban a la extraordinaria figura de Diana. Era etérea y espigada, perfecta mannequin para cualquier modisto.
Por supuesto, ella fue una fashion victim. Aprendió, y supo asesorarse, acerca de las líneas que más la favorecían y sin inventar una postura que no le era propia, realzó sus fortalezas.
Con el casamiento (el 29 de julio de 1981) se desató una verdadera moda por el estilo victoriano de su vestido de mangas abultadas, tafetán y perlas bordadas. Llevaba un peinado simple, infalible, que mantuvo siempre. El pelo corto, pero no demasiado, y flequillo con posibilidad de echarlo a los costados, hacia atrás o usarlo sobre la frente.
Durante los primeros años de matrimonio, la princesa no desentonaba con respecto al estilo de la familia real: blusas con lazos y volados, polleras largas por abajo de la rodilla, vestidos con telas que no marcaban el cuerpo y grandes capelinas sobrias color marfil o pastel. Pero hacia 1984, después del nacimiento de su segundo hijo la imagen de Lady Di empezó a cambiar. La modista británica Catherine Walker fue una de sus asesoras en materia de vestuario y una de sus preferidas (junto con Bruce Oldfield y Zandra Rhodes). Otro asesor fue su amigo, el diseñador argentino Roberto Devorik . Así, los ojos del mundo vieron una Diana diferente. Tailleurs siempre en tonos pastel pero con pollera corta, vestidos de cóctel con escote redondo, los de fiesta en strapless o los escotes originales fueron su marca registrada. Sin duda, esto acentuaba su glamour y mostraban una sexy, joven, elegante y sofisticada princesa.
Hacia mediados de la década de los 90´s y ya alejada del príncipe Carlos avanzó en esa dirección recortando más sus faldas, aunque jamás abandonó un mismo look para el make up. La paleta de los rosados era su preferida y le permitía un semblante suave, que destacaba aún más sus ojos azules y su piel de porcelana. Para ese entonces, sus atuendos eran la expectativa de todos los eventos.
Su debilidad eran los trajes de noche y los pequeñísimos bolsos o sobres que los acompañaban como accesorio clave además del brillo de las lujosas piedras que solía llevar para destacar su largo cuello. Versace, Valentino, Armani, Dior y Chanel eran algunas de sus marcas favoritas para las ocasiones de gala.
Diana tenía buen gusto y frescura. Una combinación poco vista hasta entonces en palacio. Por eso creó tendencia, rompió moldes y se convirtió en un ideal de mujer, que entreteje luz y elegancia. Muchas intentaron e intentan imitarla, pero detrás de los modelos hay una princesa que define el estilo que acompañan - apenas- aquellas imponentes prendas y sus accesorios. Aunque, por supuesto, ya tiene un lugar de privilegio en la historia de la moda.
Sus looks más destacados

- Un 9 de noviembre de 1985 y durante una visita a la Casa Blanca de Estados Unidos, la princesa inglesa bailó con John Travolta las canciones de Grease y Fiebre de Sábado por la noche. Llevaba esa noche un escotado modelo de terciopelo azul firmado por Victor Edelstein, que fue un símbolo de su estilo. El 26 de junio, cuando la empresa Christies de Nueva York remató 79 prendas suyas para recaudar fondos para la lucha contra el sida, ese vestido obtuvo la cotización más alta: 225.000 dólares.
- El bolso Lady Dior, nació en 1995. Diana lo recibió como regalo de la Maison y lo llevó a todos lados con ella e incluso ordenó una de cada una de sus versiones, en todos los colores y las texturas imaginadas. ¿Su particularidad? Los anillos de oro que conectan el cuerpo rectangular del bolso con las asas arqueadas y en donde cuelgan las letras doradas, tributo al amor de Christian Dior por los amuletos de la suerte. Hecha tradicionalmente de cuero o pieles exóticas, la elegancia y el estilo de alta costura, colocan a la Lady Dior como único en su clase.

- El 24 de febrero de 1981 Carlos de Inglaterra se comprometió con Lady Diana Spencer. Para la ocasión, Lady Di eligió un traje de chaqueta azul con ondas anudada en la cintura y camisa con cuello tipo lazo. Su elegancia y sobriedad fue la tónica que la acompañó toda su vida.

- Durante la ceremonia en la que formalizó el compromiso con el príncipe de Gales heredero al trono, ella ignoró que el color negro en la realeza es sólo permitido durante el luto y visitó un espectacular traje oscuro de chifón con un pronunciado escote en forma de corazón.

- El inolvidable vestido de novia tenía más de ocho metros de cola y 10 mil perlas bordadas. Diseño de David y Elizabeth Emanuel.
- Zapatos de salón bajos, sombreros, cuellos de marinero, con frunces y trajes de gala con escotes que lucían sus hombros y brazos fueron la marca personal de la "reina de corazones", como la bautizó su amigo Elton John.

- En cuanto a los colores, siempre eran crudo, blanco, rosa, lila y verde menta. De noche, los vestidos largos y de líneas sencillas eran verde esmeralda, rojo pasión, negro o azules profundos.

- Las joyas eran sus aliadas, pero no recargaban su estilo. Collares de una vuelta, pendientes labrados en oro y collares de perlas extradelgadas con piedras preciosas eran sus elecciones más frecuentes. Si usaba una piedra de gran tamaño, no la acompañaba con nada más. Los diamantes los utilizaba en la corona. Durante mucho tiempo, fue adicta a los sombreros.
Palabra de expertos
La elegancia de Lady Di acaparó miles de portadas de todo el mundo. El prestigioso fotógrafo peruano Mario Testino retrató a Lady Di en varias ocasiones. De ella dijo: "Irradia algo mágico. Mezcla de belleza, glamour y nobleza".
"Es una de las grandes figuras de la moda. Jamás tuvo excesos en los accesorios, ni en los escotes; Lady Di nunca fue una mujer ostentosa", Maru Saldivar, diseñadora mexicana.
"Sin lugar a dudas, Diana fue el más poderoso de los iconos de la moda y el estilo de su tiempo", dijo Giorigio Armani.
"Diana poseía algo más que estilo. Poseía una fuerza interna que la hacía brillar. Esta cualidad trascendía la moda", dijo Tom Ford.
"Su estilo cambió en los 90´s, se la podía ver con vestidos más atrevidos, se liberó del protocolo, se deshizo del armario de princesa y se hizo uno nuevo con aquellas prendas que le quedaban bien a la nueva mujer en la que se convirtió", dijo Valentino.
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