
Robert De Niro compró 50 hectáreas en los 90 y las transformó por completo: de granero abandonado a estudio de cine y pista de esquí privada
Detrás de sus papeles icónicos, la leyenda de Hollywood construyó un santuario personal que también cuenta con gimnasio de boxeo
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En medio del vasto mundo de Hollywood, hay datos sobre sus figuras más emblemáticas que parecen pasar inadvertidos entre tantos éxitos audiovisuales. Uno de ellos tiene como protagonista a Robert De Niro y su faceta como visionario de bienes raíces, con una mega propiedad en Nueva York que dista mucho de ser una simple casa de descanso.

En 1997, el dos veces ganador del Oscar posó sus ojos en Gardiner, una apacible localidad ubicada en el valle del Hudson. Allí adquirió inicialmente un predio de 32 hectáreas por 1,5 millones de dólares, donde solo se erigía una antigua vivienda rural del siglo XVIII. Sin embargo, con el paso de los años y compras de parcelas linderas, extendió el terreno hasta alcanzar casi medio centenar de hectáreas.

Lejos de mantener una estética campestre tradicional, la estrella de Taxi Driver emprendió una ambiciosa remodelación:
- Residencia principal: La estructura histórica mutó en una residencia moderna de seis dormitorios y siete baños, complementada con pabellones independientes para huéspedes.
- El granero estrella: Destinó un espacio importante para instalar un gimnasio completo, un rincón dedicado al boxeo, salas de juegos y su propio estudio cinematográfico. Un segundo granero fue acondicionado exclusivamente como oficina y espacio creativo.
Pero el sello distintivo de esta finca reside en sus instalaciones al aire libre. Con la intención de aprovechar el relieve natural y el paisaje neoyorquino, el actor mandó a construir una pista de esquí privada. A esto se le sumaron canchas de tenis y diversas áreas deportivas diseñadas para el entrenamiento y el esparcimiento.
Lo que comenzó en 1997 como una inversión en el campo terminó transformándose en un complejo multipropósito: un santuario personal donde De Niro logró fusionar su pasión por el cine, el deporte y el aislamiento absoluto del bullicio urbano.
Sin embargo, este no es el único proyecto visionario de De Niro. A principios de este año, realizó una millonaria inversión en el mercado inmobiliario y turístico de la isla de Barbuda, uno de los destinos más exclusivos del Caribe y recordado por ser el refugio favorito de la princesa Diana en los años 90.

Como socio cofundador de Nobu Hospitality junto al chef Nobu Matsuhisa y al productor Meir Teper, el icónico intérprete lidera un proyecto que destinará US$ 250 millones a la creación de The Beach Club Barbuda, con fecha de apertura prevista para finales de este año.
El imponente complejo de lujo abarcará 161 hectáreas frente al mar en una franja costera cargada de historia: la Playa de la Princesa Diana, bautizada así en homenaje a la mítica bahía donde funcionaba el K Club, el rincón favorito de la británica para desconectar del mundo.

La relación de De Niro con Barbuda es personal: hace más de 30 años que el actor la visita y allí ya cuenta con una residencia privada. Su apuesta refuerza la tendencia de inversores internacionales que ven en las islas caribeñas no solo un destino turístico, sino también un activo inmobiliario de alto valor, comparable con Saint Barth, Anguilla o Turks & Caicos.


