
Sarah Bianchi, la reina de los títeres
Su preocupación es seguir jerarquizando el Museo del Títere que creó con Mane Bernardo
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Menuda, dinámica, con sus gloriosos ochenta años que parecen ser el mejor combustible para su motor imparable, Sarah Bianchi es a la vez una persona reflexiva y serena y con un enorme sentido común.
En su departamento de San Telmo, con sus curiosas y mágicas ventanitas, luz y plantas por todos lados, vive rodeada de recuerdos que son presencia y punto de partida para historias, fantasías y proyectos.
Porque esta señora, que tantos títulos ha recibido últimamente por su labor como directora del Museo del Títere, Piedras 901, y activa titiritera, sigue haciendo planes y buscando la forma de concretarlos. Siempre está proyectando un espectáculo, una nueva sala en el museo, una biblioteca, un taller. Entre las pocas cosas que la cansan están los trámites.
"Siempre te piden un papel más -dice con un suspiro-; no sé para qué necesitan tantos." En este momento está gestionando en el Instituto Nacional de Teatro un subsidio para habilitar el patio de arriba de la casa del museo como taller. "Un taller no es un momento de animación, aunque eso es válido también. Lo que intento es que tengamos un lugar con pileta y agua, armarios para guardar la ropa y los elementos, un lugar donde la gente, chicos y grandes, pueda trabajar tranquila haciendo sus creaciones. El patio está justo al lado de la biblioteca y de la sala de lectura, lo que nos permitiría tener en la planta alta este clima de armonía y trabajo creativo, mientras abajo están las salas para ser visitadas y se presentan los espectáculos. Lo único que me hace falta es hacerle un cerramiento a ese patio. Lo demás ya lo tengo. Las salas linderas estarían mejor preservadas, también."
Un centro activo
"El museo volverá a abrir en marzo, ya que las clases empiezan temprano -continúa-. Siempre tengo en el año numerosas escuelas que traen a los chicos para hacer la visita guiada y ver luego una función, según el tiempo de que disponen. Algunas son clientes de siempre -agrega con una sonrisa- y todos los años se agregan nuevas. Las visitas guiadas son ofrecidas a las escuelas, grupos organizados por la Subsecretaría de Turismo. A veces hay grupos de particulares recorriendo San Telmo, sobre todo turistas extranjeros, que se acercan, y muchas instituciones que me llaman para convenir un horario para recorrer el museo."
Además de sus muestras de títeres tradicionales de todo el mundo, con diversas técnicas y la historia del títere argentino, Bianchi tiene proyectadas exposiciones temporarias temáticas.
"Tenemos la biblioteca Mane Bernardo, con más de mil títulos dedicados a la historia y técnicas titiriteras, y después están los anexos, con material sobre teatro, escenografía, vestuario, a disposición de quienes necesiten consultarla."
A punto de viajar a Gualeguaychú como jurado del carnaval ("me encanta, me divierto mucho", dice con un brillo en los ojos), admite que ya no lleva la cuenta de cuántas veces ha sido jurado. Esto la lleva a una recorrida sin pausa por teatros, festivales, fiestas y muestras durante el año y por todo el país.
Es necesario convencerla de que hable de algunas de sus distinciones; su mente está ocupada en lo que va a hacer a partir de marzo y lo que tiene que asentar en febrero, pero accede y muestra un rincón de su estudio donde exhibe "algunas" estatuillas, medallas, diplomas y plaquetas. Entre ellas vemos el Florencio Sánchez, el premio Teatro del Mundo, el María Guerrero. "Bueno -dice, como si ella misma estuviera abrumada-, para abreviar, las de este año: Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, Artífice del Patrimonio Vivo de la Ciudad ("algunas notas dicen -agrega con una sonrisa- patrimonio viviente"), Mujer del Año."
Curiosamente, ninguno de estos reconocimientos la alivia de tener que hacer sus fastidiosos trámites para lograr un subsidio, pero Sarah no se queja demasiado, no pierde tiempo, sigue buscando soluciones.
"Estas me encantan -concluye, levantando unas fotos enmarcadas donde figuran niños que la rodean-, Biblioteca Sarah Bianchi de Francisco Solano y Teatro Sarah Bianchi, de una escuela en San Nicolás."
En su patio, donde la pequeña fuente parece una parábola, la titiritera retoma el hilo de sus proyectos.
Este año los espectáculos infantiles alternarán mensualmente con funciones los sábados y domingos por la tarde, y en la semana para grupos escolares. "Todavía no está resuelta la segunda mitad del año, pero ya tengo algunas propuestas. En cuanto a mis propios espectáculos, esta vez estarán especialmente dedicados a los más chiquitos. Uno trata de historias con gatos, que creo se llamará "Seiscolores": seis episodios donde domina un color diferente. También estoy trabajando con una adaptación de un clásico del repertorio de nuestro teatro con Mane."
Para adultos
El conjunto Mane Bernardo/Sarah Bianchi siempre tuvo su proyección para el público adulto. En esa tradición, Sarah nunca ha dejado de trabajar por un espacio en el museo para otro tipo de espectáculos de títeres. "Este año -dice- tendremos un espectáculo diferente cada mes, los sábados, a las 21. Empezaremos en marzo con "Manomovies", de Los Quintana; en abril, "Tu cuna fue un retablillo", de El Yeite, y en mayo, "Lucarda", por el Conjunto de Titiriteros del Museo. En julio voy a estrenar algo de tango y títeres con la cantante Lucrecia Merico: un homenaje a Rita Cortese. Para estas funciones pienso habilitar un abono a cinco espectáculos: quien lo tenga podrá venir una vez por mes, el día que quiera."
Dejar esa casa es como dejar una usina, una fuente, un lugar de fantasía, magia y juego, que no solamente habita en las mil y una cosas lindas y curiosas que pueblan sus paredes, sino que también echa chispas para todos lados y enciende otros motores. Uno quisiera que algo de eso se le pegara. Pese a que la megahomenajeada Sarah Bianchi no puede dejar de hacer lobby para cada cosa que intenta, parece que ella sigue eligiendo, con su enorme y sabia humildad, y también con su tesonera porfía, el lugar del trabajo, del quehacer, del encuentro directo con esos niños que en el museo la abrazan y le escriben cartitas, o ponen su nombre a una biblioteca escolar.



