Betiana Blum y Julieta Poggio, la pareja menos pensada y la que le hace frente a los prejuicios y las críticas
En breve subirá a escena la obra Coqueluche y José María Muscari pergeñó una original dupla para repetir el éxito de antaño; en una entrevista exclusiva con LA NACION las actrices le restaron importancia al qué dirán y a las distintas trayectorias
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Hace 50 años la comedia Coqueluche fue un éxito sin precedente. Durante siete temporadas abarrotó de público los diversos teatros donde fue ofrecida, empezando por el Blanca Podestá (hoy convertido en Multiteatro Comafi), y cimentó la carrera de Thelma Biral, convirtiéndola para siempre en una figura de peso en la cartelera porteña. Engalanando el elenco original estaba nada más ni nada menos que Niní Marshall, la capo cómica especializada en imitaciones, que se animó a componer un personaje ideado y escrito por otro, en este caso el dramaturgo argentino radicado en España Roberto Romero.
Ahora la comedia publicitada “como las de antes”, tendrá su primera reposición en décadas. ¡Y qué reposición! Una versión libre concebida y dirigida por José María Muscari, el enfant terrible de las tablas, que armó un elenco con dos protagonistas tan antagónicas como exitosas: la mediática Julieta Poggio (finalista de la última edición de Gran Hermano) y la actriz de raza Betiana Blum (de notoria trayectoria en teatro, cine y televisión). Ellas serán Julieta Benita Guillotina y Victoria Valdor, una pupila de un internado de monjas (que también supo ser criada en un prostíbulo) y una diva del mundo del espectáculo over the top, con un hijo nerd (Agustín Sullivan) y un gigoló jovencísimo (Mario Guerci). Sus existencias se cruzarán cuando una epidemia de tos convulsa (también llamada coqueluche, de ahí el título de la pieza) invada el internado y esto “obligue” a la madre superiora (Mónica Villa) a trasladar a la alumna a la mansión de al lado, donde vive la artista, para preservarla del contagio.
Con una preventa notable y diez funciones previstas para su primera semana de funciones, Coqueluche se estrenará el miércoles 16 en el Multiteatro Comafi (Av. Corrientes 1283); sí, el mismo lugar (aunque con otro nombre) donde empezó la leyenda de la obra hace cinco décadas. A pocos días del evento, LA NACION habló con sus protagonistas.
–¿Qué es lo que más les interesó del proyecto?
Poggio: –No conocía la obra, pero en cuanto la leí me enamoré de ella. Y el hecho de que se reponga en la misma sala donde se estrenó hace 50 años le suma mucha magia.
Blum: –Me gustó que sea una obra apta para todo público, si bien tiene palabras muy fuertes, ¿eh?, aunque creo que hoy en día esto no asustará a nadie. Me gustó mucho la oposición que muestra entre una nena que, pobrecita, ha tenido una vida muy aciaga, sin ningún tipo de preparación y por eso ha tenido que arreglárselas solita, y esta mujer, que es un diva como las de antes, a la que no le falta nada y vive en un mundo de apariencias. La confrontación entre los dos personajes es muy linda. La obra está muy bien escrita y Muscari le sumó una adaptación muy moderna. Él tiene todo muy claro en su cabeza hasta la música tenía pensada desde el comienzo. Además estoy muy conforme con el elenco, ensayamos muy cómodos y hay mucha camaradería.
–¿Cómo definirían a sus personajes?
Poggio: –Victoria Valdor es una señora muy buena pero está un tanto vacía y necesita compensar ese vacío con algo que no tiene. Es ahí cuando llega mi personaje, Juanita (más tarde apodada Coqueluche), que se parece mucho a mí porque es muy sincera, dice siempre la verdad, no tiene filtro. Es un poco bruta porque no tuvo educación, pero a la vez tiene mucha calle, entonces es muy viva y no deja pasar una. Llega a la vida de Victoria para enfrentarla a la realidad y decirle en la cara cómo son en verdad las cosas más allá de las apariencias.
–Betiana: ¿cómo te sentís interpretando el personaje que originó Niní Marshall, el de la diva teatral Victoria Valdor?
–Yo a Niní la admiré siempre, así que es un orgullo encarnar un personaje que ella alguna vez interpretó. Pero no lo vivo para nada como una presión porque como no vi la versión original no me puedo comparar con lo que hizo. Yo no sé qué habrá hecho ella, supongo que habrá hecho algo hermoso, pero esto es más bien para una actriz que para una cómica como era ella.
–En la obra tenés un amante mucho más joven, ¿en la vida real te permitirías algo así?
–No. Yo he tenido parejas algunos años más jóvenes, pero siempre se trató de una diferencia normal. Ahora así, de tantos años... Yo soy leonina y los leoninos somos muy vanidosos. Así que desnudarme frente a un tipo tan joven... mmm, no, gracias. (Risas).
–Julieta: vos tampoco podrás escapar a las comparaciones, ya que Coqueluche fue la obra que convirtió en primera figura indiscutida a Thelma Biral. ¿Esto te suma mayor presión o responsabilidad?
–No, la verdad es que no. No quiero pecar de agrandada, pero sé que soy una persona que tiene mucho para dar. Por eso sueño con que esta obra y este personaje signifiquen un antes y un después en mi carrera.
–Tu personaje se caracteriza tanto por su belleza como por su vocabulario grosero. Está claro que hermosa sos, ¿y mal hablada?
–Y... bastante de las puteadas que dice Juanita las tengo incorporadas en mi vocabulario habitual, pero quizás soy un poco más princesita, por eso me costó esto de encontrarle al personaje, lo de ser más guarra, más varonil y desalineada. Esto fue lo que más me sacó de mi zona de confort y lo que más me aleja del personaje.
–¿Tuvieron algún encuentro con Thelma Biral? ¿Les dio el visto bueno?
Poggio: –No, pero cuando se difundió lo de la reposición de la obra ella publicó en sus redes un artículo del estreno de hace 50 años, con una entrevista a ella y Niní Marshall, y el programa de mano. Entiendo que lo hizo con la mejor de las ondas como dándonos la bienvenida. Me encantaría que venga a nuestro estreno, de hecho aprovechamos esta nota con LA NACION para invitarla: Thelma, ¡te queremos el 16 en el Multiteatro Comafi!
–Betiana: vos estás acostumbrada a trabajar con actores de distintas generaciones y con distintos backgrounds. ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando te nombraron a Julieta? ¿La conocías?
–Sí, sí, soy todo terreno. No, a Julieta no la conocía porque no vi Gran Hermano, pero después mi nieto me habló mucho de ella. ¡Él la adora! Me dijo que acepte trabajar con ella sin pensarlo y le hice caso. Hoy está más que feliz. Renzo tiene 15 años, estudia teatro desde chiquito, y supongo que gracias a ella vendrá a todas las funciones. Algo bueno habrá hecho Julieta en ese programa porque las referencias más directas que tuve y tengo de ella, la de mi nieto y la de la gente en la calle, son impresionantes. Todos la aman.
–¿Eso te bastó para aceptar protagonizar la comedia con ella? ¿O en algún momento le pediste a la producción algún reaseguro?
–No, no tuve dudas de ella. Es que me informé y supe que había estudiado actuación desde chiquita, que no era una improvisada. Por eso, cuando me escribieron en las redes diciéndome cómo era posible que fuese a trabajar con ella, contesté: `¿Perdón?, Julieta es muy joven, es cierto, pero ha estudiado y trabajado como actriz, ¿qué más pretenden que haya hecho a la edad que tiene?’. Antes de hablar por hablar, averigüen un poco, les dije.
Poggio: –Estoy totalmente de acuerdo con Betiana. Hubo mucha gente que me prejuzgó, ¿y sabés qué?, ahora le vamos a cerrar la boca (risas).
Blum: –Además de preparación ella tiene algo que se tiene o no se tiene, y que no te lo regala nadie: ángel. ¿Dije sólo ángel? No, tiene mucho ángel.
–Y ahora que ya llevan un mes y medio ensayando, ¿cómo es la relación entre ustedes, arriba y abajo del escenario?
Poggio: –La relación es la misma, arriba y abajo del escenario: muy buena. Entre las dos hay muy buena onda y yo trato de estar lo más atenta posible a su trabajo, que es otra forma de aprender.
Blum: –Es imposible tener una mala relación con Julieta porque ella es una verdadera profesional. Por empezar, ella asiste a todos los ensayos con la letra bien aprendida. Eso no es tan común entre los actores jóvenes, pero se nota que ella es muy responsable. A mí me hubiera molestado que de repente apareciera con todas las ínfulas y dijera: ´Bueno, aquí estoy yo, la finalista de Gran Hermano’. Pero no, nada que ver, ella es una compañera más.
–Betiana: además de actriz, modelo y bailarina Julieta es una gran influencer, a la que siguen dos millones y medio de personas en Instagram. ¿Cómo te llevás con las redes?
–Yo sólo tengo una cuenta de Instagram y es bastante tranqui, sin tantos seguidores. Lo que pasa es que no le brindo tanta energía, creo que eso es algo para la gente joven. Yo sólo publico cosas de mi corazón, fotos con mi nieto, algunos pensamientos y sólo de vez en cuando asuntos relacionados con el trabajo. Digamos que lo utilizo para sembrar la paz e iluminar un poquito la vida de la gente. Mal no me ha ido en este camino porque hasta ahora nadie me ha agredido. O no les inspiro odio o no encuentran por dónde pegarme.
–Pocos lo saben, pero ustedes habían compartido elenco en el film Esperando la carroza 2, hace de esto ya 14 años. ¿Les había tocado alguna escena juntas? ¿Qué recuerdos tienen de aquella experiencia?
Blum: –¡Es verdad! Pero yo no lo recordaba; es más, no lo sabía. Justo el otro día Julieta me mostró una foto.
Poggio: –Lo que pasa es que no nos tocó ninguna escena juntas y encima yo era muy chiquita. A mí me tocó rodar con Mónica Villa dentro de un auto. ¡Y Mónica tampoco se acordaba de esto! Yo hacía de la hija de Jorge Musicardi, el personaje que interpretaba Roberto Carnaghi. Esa fue mi segunda película de las tres que filmé muy seguidas. La primera fue Papá por un día, con Nicolás Cabré y Luisana Lopilato, y la tercera Hermanitos del fin del mundo, con Topa y Muni, que rodamos en Ushuaia. Todas fueron muy divertidas.
–De alguna manera la obra remite un poco a la pandemia, por lo de la epidemia de tos convulsa que asola al internado donde está pupila la protagonista, ¿temen que esto reste algo de comicidad a la reposición?
Poggio: –Cero. De todos modos en un momento de la obra hacemos alusión al tema. Decimos que la coqueluche es peor que el Covid y que el aumento del dólar.
Blum: –Es sólo un bocadillo de la madre superiora del convento, y por única vez, para quitarle peso al tema y agregarle algo de humor. En la obra, aclaremos, la coqueluche es la excusa con que la monja me encaja a esta chica en mi casa. Más no podemos contar.
–Betiana: en Coqueluche también te reunís por primera vez en teatro con Mónica Villa, una de tus compañeras de elenco en Esperando la carroza. ¿La magia se mantiene intacta entre ustedes?
–Totalmente. Mónica es una gran actriz y una persona exquisita. No hay por dónde darle, es un placer estar con ella en un mismo escenario. La amo.
Poggio: –Mónica viene a los ensayos ya montada como una monja, con una cofia en la cabeza y algo parecido a una túnica, hecha de goma eva. Se armó su propio vestuario para entrar en personaje. Es una genia.
–Betiana: sos una actriz muy experimentada. ¿Le das consejos a Julieta? Y si no les has dado ninguno hasta ahora, ¿cuál le darías para el resto de su carrera?
–Yo le diría que lo único importante para un actor es tener en cuenta las intenciones. Porque la letra se la puede aprender cualquiera, pero lo que le va a dar calidad a su trabajo, ahora y siempre, es manejar intenciones. Porque, por ejemplo, “buen día” se puede decir de mil maneras distintas, y cada una de ellas denota un significado diferente. Durante los ensayos raramente le hago una observación porque para eso está el director y entonces no tengo por qué meterme.
Poggio: –Pero yo recuerdo algo que me dijiste que me sirvió. Me pediste que soltara el cuerpo.
Blum: –Ay, sí, ahora lo recuerdo. Es que la fui a ver a Fuerza Bruta, donde ella hacía una participación y me asombré de su destreza física y de su manejo del cuerpo al momento de bailar. Entonces, después de verla ahí, le dije: `Querida, todo eso tenés que usarlo para la actuación’ . Es como que a ella le faltaba unir la palabra con el movimiento. Ella, con su cuerpo puede hacer cualquier cosa y el personaje que le tocó en suerte se presta para que lo haga. En definitiva, ella tiene que usar lo que ya tiene. Y sé que lo va a hacer.
–Cuando se estrene Coqueluche se producirá un fenómeno muy curioso dentro del circuito teatral comercial, por no decir histórico: convivirán sobre un mismo escenario la actriz protagónica más longeva y la actriz protagónica más joven. A partir de este dato, ¿qué expectativas tienen con respecto a la convocatoria de público? ¿Esperan sumar a las hijas, a las madres y a las abuelas?
Poggio: –¡Eso me encantaría! Que sea una obra para todas las edades y generaciones. Como a mí me siguen muchas niñas bien chiquitas, creo que también vendrá el público infantil.
Blum: –¡A mí me no me importa ser la actriz más grande que existe sobre un escenario! El problema de la gente no es su edad sino cómo piensa. Me pasa de subir a un taxi y que el chofer diga: “Y... lo que sucede es que yo ya tengo 59 años”. Si supieran el daño que se hacen cuando hablan y piensan así... ¡Se están sentenciando! Y después tengo que escuchar que me digan: “Y usted también tiene sus años, ¿no?”. Yo ahí los paro en seco. “A mí no me jodan, ¿eh?”, les digo. Lo mismo que cuando te dicen: “Lo que pasa es que vos ya no...”. No, yo ya no, nada. A mí no me metan en esa bolsa. Yo hace años que vengo protagonizando obras en la avenida Corrientes y ahora lo volveré a hacer. Y no se trata de suerte, yo no soy mi edad, yo soy y punto, en tiempo presente. Me fui por las ramas, ¿no? (risas). Es que la pregunta me invitó a sacar afuera esto que tengo atragantado hace mucho tiempo, y que tanto daño le hace a la gente. En definitiva, a Coqueluche vendrá todo el mundo, incluso los más pequeños porque gracias a Esperando la carroza, que la pasan todo el tiempo por televisión, tengo admiradores de dos añitos. Pero creo que las abuelas vendrán a ver a Guerci. Y yo les daré el gusto: en el escenario le voy a dar con todo (risas).
PARA AGENDAR:
Coqueluche. Autor: Roberto Romero. Director y adaptador: José María Muscari. Elenco: Betiana Blum, Julieta Poggio, Mónica Villa, Agustín Sullivan y Mario Guerci. Teatro: Multiteatro (Av. Corrientes 1283). Entradas por Plateanet. Funciones: miércoles 16 y jueves 17, a las 19.30; viernes 18, a las 19.30 y 21.30; sábado 19 y domingo 20, a las 19 y 21; y lunes 21, a las 17 y 19.
Agradecimiento: La Fernetería (Sede Bellas Artes).
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