
Gorostiza, la novela de su vida
El dramaturgo y escritor presentará a mediados de noviembre lo que él define como "un catálogo de vivencias", editado por Seix Barral
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"Yo miré el paquete, luego a José [Martínez Suárez] recordando que hacía pocos minutos se había alejado transitoriamente de la mesa por razones que yo supuse estaban relacionadas con algún mandato de la naturaleza, y en seguida intuí que ésta era una graciosa maniobra suya y que dentro del pequeño envase, que yo ya estaba desenvolviendo, me encontraría con unos deliciosos scones. José conoce mi debilidad por esas masas y su generosidad es infinita. De modo que con una sonrisa que ya era de satisfacción gastronómica abrí el paquete y me encontré de frente, sin intermediario alguno, con el contenido. Mirándome, casi desafiándome desde el fondo del paquete, montado a la cabeza de un grupo de otros pequeños libros, estirándose para que yo comprobara su perpetuación a lo largo de los años, estaba «El merodeador enmascarado». La misma figura tenebrosa del recuerdo, las mismas letras, los mismos colores. Mi misma infancia", dice Carlos Gorostiza en el prólogo de "El merodeador enmascarado. Algunas memorias 1920-2004", que aparecerá en las librerías editado por Seix Barral a mediados del mes que viene.
Fue a partir del reencuentro con un libro policial de la infancia como el escritor y dramaturgo Carlos Gorostiza decidió emprender la ardua tarea de escarbar en el pasado mediato para traer al presente una suma de recuerdos que le permitieran hilvanar su historia.
"Entonces resolví escribir este libro. En realidad, más que un libro de memorias será una catálogo de vivencias. Desde aquella noche, cada vez que evoco momentos recordables de mi vida vuelvo a sentir que revivo esos momentos. Es mucho, mucho más que recordar. Es una profunda, grata y curiosa percepción. Siento que con cada uno de esos recuerdos vuelve a mí la emoción sentida aquella noche con mis amigos, cuando frente al pequeño libro chamuscado por el tiempo reviví las horas que pasé de niño enfrascado en su lectura, acurrucado en el umbral de mármol de mi puerta de calle."
Y este "catálogo de vivencias", como lo denomina el autor, comienza en 1920, año de su nacimiento, con la descripción de sus progenitores.
"Mi madre y mi padre eran inmigrantes. Se encontraron casualmente aquí, en Buenos Aires. Aquí se enamoraron, aquí tuvieron a sus hijos y aquí murieron. Ignoro cuál habrá sido la reacción de ellos ante el nacimiento de mi hermano Roberto, seis años antes del mío. Lo que sé, porque me lo contaron, es que se alegraron cuando yo llegué porque era varón, tenía todos los deditos y ningún rasgo de los que suelen considerarse defectuosos. Enseguida, y no sé por qué razón, resolvieron llamarme Carlitos."
La infancia se aleja para dar lugar a la pubertad y en este período Gorostiza se encuentra con una realidad que lo requiere en forma urgente: la supervivencia.
"El niño que era yo empezó a pelear con el hombre que yo todavía no era a fines de 1933. Pero, como es habitual y con gran desazón del niño, fue el tiempo el que triunfó: los pantalones cortos se convirtieron inexorablemente en pantalones largos. En la mañana del inminente 2 de enero de 1934 debía dar el puntapié inicial a una nueva vida; sin esperar a cumplir los catorce años fui obligado a presentarme en las oficinas de la cerealera Bunge & Born. Mi madre, seducida por la Casa Braudo que vendía trajes con dos pantalones, se apresuró a realizar mi conversión."
Tempranamente se acercó al teatro y encontró en los títeres a los primeros anfitriones que invitaban a la fantasía. Luego vino la actuación en el Teatro de la Máscara, con el liderazgo de Ricardo Passano.
"A mediados de 1948 nos veríamos obligados a soportar hasta la sorpresiva prohibición de nuestras funciones teatrales de «Crimen y castigo». La razón expuesta, corregida por las autoridades con cierta vergüenza después de nuestro informe sobre Dostoievski, era que «su autor era ruso». La censura había ido adquiriendo diferentes formas y colores y alargando sus tentáculos. Y así llegó el momento en que se hizo prácticamente imposible exponer ideas que no estuvieran de acuerdo con las del gobierno."
Fue una época importante para Gorostiza. El 4 de mayo de 1949, en La Máscara, se estrenó "El puente", considerada la primera obra del autor.
"Es el lanzamiento auspicioso de un autor joven -señala Luis Ordaz- ("Historia del teatro argentino", Cedal) que tiene la virtud, además de los méritos que se le reconocen, de reanimar y vitalizar un movimiento (el independiente) que se halla en advertible decadencia. Todo parece resultar más fácil desde entonces, hasta significar un segundo punto de partida para la proliferación de elencos que llegan a asentar y definir, con su labor, el nuevo ciclo que va a cumplir la escena libre."
A partir de este momento fue visible y notorio el compromiso del autor con la escena nacional. Por este motivo, la importancia de esta biografía adquiere relevancia porque en estas páginas queda asentada la historia del teatro independiente, no en un registro nominal, sino en el aspecto socio-político vivido por el autor, donde la intolerancia y la censura castigó arbitrariamente.
De la misma manera en que Carlos Gorostiza fue uno de los gestores de Teatro Abierto 1981, foco de resistencia cultural, así se decidió a aceptar el nombramiento de secretario de Cultura de la Nación, para seguir aportando a una actividad que siempre lo tiene como uno de sus principales protagonistas.






