Imperdible festival de dos días en Timbre 4

La española Macarena Trigo
La española Macarena Trigo Crédito: Fernando Massobrio
Macarena Trigo, pilar en la sala de Boedo, coordina el encuentro Mamá, Quiero Ser Artista
Jazmín Carbonell
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20 de febrero de 2020  

"Gran parte de mi trabajo está dedicado a la reflexión práctica sobre el quehacer artístico. Me interesan los puntos de contacto de todas las disciplinas, y la precariedad, la inestabilidad de la subsistencia de los creadores, es una constante". Esta reflexión corresponde a la inquieta poeta, dramaturga, actriz, directora y escritora española Macarena Trigo. Junto a la actriz, directora y productora Mónica Acevedo coordinan un ciclo al que llamaron Mamá, Quiero Ser Artista, en Timbre 4, con coproducción del Espacio 33, ubicado en Boedo y que ella misma dirige.

"El ciclo nace como un intento de visibilizar una problemática que rara vez encaramos colectivamente, porque es difícil compartir los miedos, la bronca o las imprescindibles lecciones de eso que consideramos fracasos. Comenzamos a invitar obras desde ambos espacios y gracias al interés de los participantes acá estamos. Nos encantaría que sea una experiencia que podamos repetir", explica Trigo.

En el ciclo participarán obras importantes como Imprenteros (viernes 21, a las 20.30), de Lorena Vega; Hijas (sábado 22, a las 23), de Leticia Coronel y Federico Pereyra; Antihéroe off (sábados 22, a las 20.30), de Patricio Abadi, entre muchas obras. A su vez, la programación incluye varios unipersonales femeninos coproducidos por Espacio 33: Lejana, con dirección de Mónica Acevedo; Rhonda, dirigida por Diego J. Recagno; Vera Proyect, dirigida por Gimena Romano Larroca, y Ser sin orillas, ensayo sobre Ofelia, de la misma Trigo.

De la vocación como mito, pasión o maldición, sobre la inexacta existencia del talento, si acaso existen conceptos semejantes, el interrogante que muchos tienen sobre de qué vive un artista, qué supone serlo, qué es el arte y cuál es el valor que tiene en la vida de cada uno son algunos de los muchos temas que aparecen a la hora de definir este ciclo. "Antonio Gades, un bailarín de flamenco español excepcional, alguna vez señaló que por sus venas no corría ninguna vocación que lo suyo era anemia, por el hambre. Estamos aprendiendo a revisar los conceptos que hasta hace nada parecían inamovibles y la vocación es uno de ellos. ¿Existe realmente? ¿Todos tenemos una? ¿Hay que buscarla? ¿Y qué implica una vocación, a qué la asociamos?", cuenta Trigo que, además de todas las conexiones que tiene respecto al arte, hace cinco años se interesó particularmente en los unipersonales y lleva adelante una especie de clínica y laboratorio para acompañar a quienes emprendan este viaje.

La vida de Macarena Trigo está signada por los giros inesperados. Poeta, dramaturga, actriz, directora y escritora de todas las formas imaginables, esta española llegó a Buenos Aires un poco de casualidad o, por qué no, buscando otras respuestas que no conseguía. Aquellos que hayan disfrutado su unipersonal Por eso las curitas la conocen mucho más, la sienten cercana porque allí se servía de su propia historia, poco piadosa, a la que dotó de humoradas.

Por aquel entonces contaba que entre los 7 y los 17 años vivió en un internado estatal de monjas en España, que su padre fue a comprar cigarrillos y nunca volvió, que estudió muchas carreras hasta aceptar finalmente que las respuestas tardan en llegar y que los mejores consejos vienen de los lugares menos pensados. Como cuando el cantaor flamenco Alberto Pascual le dio uno de los mejores: "Si quieres trabajar con alguien a quien admiras, toca su puerta. No te avergüences, no tengas miedo si quien abre y te invita a pasar es un maestro". "Nunca dejé de hacerlo. Funciona", asevera esta mujer tan interesante que llegó a Buenos Aires en 2005 "de paso con mi pasaporte de turista y una beca para seguir desarrollándome en el ámbito de la literatura comparada. Iba a estar tres meses y fui a Timbre 4 porque había visto Jamón del diablo en 2003 y quería conocer a Claudio Tolcachir. Al mes de estar ahí me percaté de que el tiempo volaba, así que le escribí una carta a Claudio ofreciendo mi tiempo y parte de mis escasos ahorros para sumarme a cualquier cosa que estuviera haciendo. Mi necesidad era estar más ahí, verle dirigir. El proyecto al que me incorporé como asistente de dirección fue La omisión de la familia Coleman".

Todas esas actividades las hace en la medida en que su familia artística Coleman lo permite, porque hace 15 años que es la asistente de dirección de Tolcachir en ese fenómeno teatral. Con el grupo ya hizo 2.500 funciones en más de 24 países. Un trabajo que la llevó a adaptar todo tipo de escenario, tuvo que tomar unas cuantas clases de francés para poder comunicarse con los técnicos de montaje de allí sin enojarlos con el inglés. Aprendió y se familiarizó con el asunto de los subtítulos a medida que la obra pedía más y más traducciones.

No hay director que no se apoye fuertemente en su asistente como un bastón fundamental."La asistencia de dirección es un rol polivalente que varía en función de cada proyecto y del tipo de dirección que haya detrás. Lo importante sigue siendo la mirada externa que acompaña al elenco en ausencia de director, lograr que confíen en tu criterio", concluye.

Ciclo Mamá Quiero Ser Artista

De Macarena Trillo

Mañana y el sábado, Timbre 4, México 3554. Entradas por Alternativa Teatral.

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