"Tosca", siempre convocante

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29 de octubre de 2005  

Opera "Tosca", de Giacomo Puccini. Libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giocosa, basado en la pieza teatral de Victorien Sardou. Elenco: Haydée Dabustri (Floria Tosca), Dario Saiegh (Mario Cavaradossi), Ricardo Ortale (Barón Scarpia), Fernando Grassi (Sacristán), Alejandro Di Nardo (Angelotti), Norberto Lara (Spoletta), Román Modzelewski (Sciarrone y Carcelero) y Facundo Gonchar (voz del pastor). Coros preparados por Miguel Pesce y Rosana Bravo. Escenografía, preparación y dirección escénica de Anna D´Anna. Orquesta Juventus Lyrica. Preparación y dirección musical de Antonio María Russo. Teatro Avenida.

Nuestra opinión: bueno

Para poner punto final a su temporada lírica, la entidad Juventus Lyrica recurrió a "Tosca", la muy difundida ópera de Giacomo Puccini, acaso la primera creación de la rica lista de obras estrenadas durante el siglo pasado, modelo incuestionable de síntesis y apertura hacia un renovado lenguaje musical al que figuras de la talla de Schoenberg le rindieron su homenaje y reconocimiento. Es que precisamente la partitura conlleva una novedad de inesperada audacia, cuya raíz nace del lenguaje de Wagner, pero que se desarrolla de un modo diferente.

Por un lado, arias muy breves, algunas apenas esbozadas y relegadas a un segundo plano por los recitativos que se funden en un discurso único recortados sobre la trama sonora, que a su vez y de manera constante está cargada de temas que se desarrollan sobre una muy elaborada estructura armónica. Del mismo modo, la aplicación de los recursos de una orquestación fluida de coloración sugestiva, mágicamente provocadora de un permanente deleite auditivo que a lo largo de los tres actos resulta ser, a nuestro juicio, el encanto primordial de la obra, motivo principalísimo de su popularidad y vigencia.

De ahí que, más allá de la calidad interpretativa de los cantantes o de las formas de presentación visual que nunca pueden dejar de ser muy distintas entre sí porque la acción argumental -que se desarrolla en escenarios aun en pie en la Roma de nuestros días, como la Iglesia de Sant´Andrea della Valle, el Palazzo Farnese y la mole del Castel Sant´Angelo, una exhumación de "Tosca"- asegura convocatoria y satisfacción por parte del público, como quedó demostrado por el cálido aplauso que se le tributó al finalizar la representación.

La seriedad de Antonio María Russo y de los integrantes de la orquesta (fue más que notorio que en el foso actuaban músicos experimentados, seguramente miembros de las orquestas del Teatro Colón, hoy con su temporada dolorosamente clausurada) que ofrecieron una versión bien equilibrada con el palco escénico desde el aspecto sonoro, al punto que las voces se escucharon con absoluta claridad. Los conjuntos corales, tanto el de niños como el de adultos, contribuyeron positivamente a la labor de concertación.

Rendimiento vocal

En el elenco fue positivo el empeño de la soprano Haydée Dabusti como protagonista, destacada por su afinación para resolver los momentos más arduos de la obra, y el éxito del tenor Darío Saiegh como Cavaradossi, que demostró poseer las dotes necesarias para continuar acumulando experiencia para hacer lucir aún más su musicalidad y zonas de su registro de grato color y buen volumen. Muy bueno fue el trabajo del barítono Fernando Grassi al ofrecer un Sacristán totalmente alejado de la imagen habitual del bufo gordito atolondrado y miedoso, con recursos sobrios de actor y un decir con voz bien proyectada y muy buena articulación. Del mismo modo la voz del pastorcito desde el interno a cargo de Facundo Gonchar fue sobria y musical.

En relación con el barítono Ricardo Ortale, cabe lamentar su muy bajo rendimiento vocal y actoral que, al parecer, y según un muy fugaz y casi inaudible anuncio, tuvo su razón de ser en una afección de su salud. De todos modos y considerando que el barón Scarpia es un personaje protagónico de enorme magnitud, mucho mayor de la que se le suele atribuir al punto que hasta su cadáver se hace presente en la mente del público en la escena del fusilamiento, seguramente las próximas funciones, subsanado este inconveniente, se eleven en calidad más allá del inapelable triunfo de Puccini. Por último, ha de considerarse un aporte positivo el entusiasmo y la dedicación más que evidentes de todos los componentes del elenco y de los responsables de llevar a cabo la puesta en escena, a partir de la tenaz voluntad de Ana D´Anna, para lograr el objetivo por ella deseado, a pesar de que su aporte como directora de escena fue endeble en la marcación del movimiento de actores y pobre en la iluminación; además, el elegante mobiliario del gabinete de Scarpia contrastó con el resto de la escenografía.

De todos modos, en contraposición a esta opinión, el público, como se dijo anteriormente, brindó un aplauso muy generoso, muestra elocuente de agradecimiento a quienes con tanto amor mantienen vivo en Buenos Aires al género lírico con una inusitada intensidad.

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