Unipersonal con Laura Paredes: una actuación al límite, un espacio que impacta y la guerra con eje del relato
Paz se presenta los viernes, a las 20.30, en el Teatro Verdi, en La Boca
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Autor y director: Antonio Villa. Intérprete: Laura Paredes. Escenografía: Antonio Villa. Iluminación: Jésica Montes de Oca. Música: Nicolás Gulluni. Producción: Mónica J. Paixao. Sala: Teatro Verdi (Almirante Brown 734). Funciones: viernes, a las 20.30. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.
Muchas veces para hablar del teatro se piensa en dos cuestiones dominantes: la actuación o el texto. Se suele comenzar a comentar un espectáculo como “una nueva versión de Hamlet” o “la última obra de Julio Chávez”, por mencionar algunos ejemplos en los que el autor o un actor reconocido son la parte esencial de la propuesta. Pero se pasa por alto que lo primero que hace el público de las artes escénicas es ir a un lugar: puede ser una sala en la calle Corrientes o una performance que suceda en un parque. Sin el espacio que reúne artistas y espectadores, no empieza nada.
Hay obras que nacen para determinados espacios y hay directores que piensan propuestas en las que la arquitectura del lugar está en el corazón de su imaginario y el ambiente todo, con sus techos, sus paredes y sus sonidos, son un acto creativo. Algo de eso es lo que sucede con Paz, un unipersonal interpretado por Laura Paredes y con dramaturgia y dirección de Antonio Villa.

La obra sucede en el teatro Verdi, un edificio ubicado en La Boca, cuyo origen data de 1877, con la intención de fijar una sede para la primera asociación filarmónica de este barrio. A comienzos del siglo XX, el espacio se remodeló para convertirse en un salón señorial y elegante, fue el primer lugar donde se presentó una función de cine y, tiempo después, fue sede del Partido Comunista. Durante los 90, el edificio fue usurpado y comenzó su deterioro, hasta que pudo recuperarse ya para finales de la década. La breve historia de este espacio hace sentido con un espectáculo que trata sobre la guerra, el derrumbe, la violencia y, al mismo tiempo, los ideales y la condición humana.
Reportera
Sobre el espacio enorme y despojado, de techos altos, palcos oscurecidos y descascarados, se arma una montaña de piedras donde aparece el cuerpo de Paredes, sensible y sutil actriz que encuentra el tono justo para interpretar a una reportera gráfica que cubre una guerra lejana. Saca fotos, registra los sonidos de una ciudad alarmada y sigue los movimientos del conflicto.
No es casual que el director de esta puesta tenga una fuerte formación y recorrido en el campo de las artes visuales. Paz es una obra que se aprecia como una instalación en la cual las proporciones del espacio, la oscuridad y el humo generan un efecto envolvente, de vacío y, por momentos, angustiante. Todo en diálogo con lo que acontece.
El relato no aborda la guerra desde un punto de vista solemne, ni siquiera exaltando todo el drama, aunque es innegable. La narradora tiene una voz que, por momentos, describe con una mínima afectación, observa los hechos y trata de controlar el miedo. Esa decisión desde la dramaturgia permite que Paz sea un relato que se pueda seguir y hasta aportar una lectura original respecto a lo indecible de la violencia. Una mirada que implica cuerpos apilados y una fotógrafa que tiene que registrarlo todo y pensar a quién le venderá sus imágenes para poder salir de ahí.
“La gente se acostumbra a cualquier cosa, yo también”, dice esta mujer y es una buena síntesis para referirse a esa capacidad de adaptación que implica vivir en un lugar donde casi no hay comida, se convive con bombas y muertes y, al mismo tiempo, las personas intentan mantenerse limpias, ponerse un perfume, peinarse. Mantener la postura.
El universo social se mezcla con el personal: un amor a la distancia, una madre que no la entiende, un hermano enfermo. Esta reportera gráfica se siente tan fuera de lugar en su propia familia que para ella no es un territorio tan hostil irse a la guerra. Hasta que lo es.
Paredes asume el desafío que implica esta actuación al límite entre el dolor y cierta mirada escéptica, descriptiva. No se queda en ningún registro y fluye entre distintos tonos, para acompañar algo que hace este espectáculo desde todas sus disciplinas: la vida es compleja, no hay una única lectura, un final feliz, un principio-nudo-desenlace. Hay personas que habitan un mundo violento, que tiene distintas formas, en donde también aparece el amor. La búsqueda, utópica, de la paz es un faro que aunque parezca un espejismo, es imposible de abandonar.
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