
Una intensa experiencia familiar
Se estrena Tribus, dirigida por Claudio Tolcachir, que pone la mirada en el legado y las formas de comunicación
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Una nueva propuesta que retrata aspectos de la vida de un grupo familiar comenzará a presentarse dentro de la cartelera teatral porteña desde pasado mañana. Su título es Tribus y es una de las últimas producciones de la dramaturga inglesa Nina Raine. Se trata de un material que fue concebido dentro de un espacio que, en los últimos años, ha dado muy buena producción dramatúrgica joven, el Royal Court Theatre de Londres. Tribus se presentó en diversas ciudades del mundo y siempre generó expectativas. Con dirección de Claudio Tolcachir la obra está protagonizada por Gerardo Otero, Patricio Conteras, Miriam Odorico, Victoria Almeida, Lautaro Delgado y Maruja Bustamante.
La historia gira en torno a un grupo de seres que, formalmente, podría decirse que llevan una vida normal. Hay amor en esa familia y eso parecería justificar ciertas cuestiones algo anómalas que el espectador irá descubriendo con sumo interés y, tal vez, con algo de desconcierto. Uno de los hijos, Guille, es sordo y si bien no se maneja por el lenguaje de señas, sabe leer los labios y aprendió a hablar, con cierta dificultad. Un hecho inesperado le posibilitará redescubrir su vida y al margen de ese ámbito que lo contiene.
Patricio Contreras encarna a Jorge, el padre del grupo. Cuenta que le sorprendió gratamente que Claudio Tolcachir lo invitara a participar de este elenco. Y también le interesó "plantear a la familia como una pequeña muestra de lo que es la sociedad, como una metáfora que expone a un núcleo mayor. Acá vemos a los jóvenes y hoy, notablemente, les estamos proponiendo a ellos un mundo bastante cerrado. No les resulta sencillo acceder a él."
Hace algunos años le preguntaron a Daniel Cohn-Bendit, líder del Mayo francés, cuál era la diferencia entre los jóvenes de los 60 y los de los 90. "Los del 60 -explicó- queríamos cambiar el mundo, los de los 90 quieren entrar en él". Contreras afirma que esta pieza cuenta eso: "la imposibilidad de los chicos de entrar en este mundo". Si bien su análisis es bastante duro, también se anima a una lectura esperanzadora. "Hoy el mundo es impiadoso con los jóvenes, los sacrifican las guerras, la falta de perspectivas laborales, de movilidad social con respecto a sus padres. El mundo está cada vez más destinado a degradarse. A los jóvenes les estamos proponiendo pura mierda, les estamos dejando un mundo bastante atroz. A pesar de ello no soy pesimista. Veo que son millones los que hacen música, actúan, pintan, son creativos. Por suerte hay un reservorio de vida extraordinario".
En el marco de esta pieza, su rol es muy inquietante. Es un padre que proviene de una generación muy exigente para con sus hijos. Espera mucho de ellos y, en algunos aspectos, eso termina anulándolos. "Este hombre trata que sus hijos sean impiadosos, brillantes, soberbios, capaces de enfrentar cualquier mediocridad. Y si no llegan a eso son casi minusválidos. Es como una apuesta ambiciosa y cruel. Por eso es un ser muy ácido. Tiene un amor incondicional con los hijos pero en la medida que sean inteligentes, irónicos. Los quiere, los estimula, pero los necesita bravos, ocupando primeros lugares."
Por su parte, Miriam Odorico viene formando parte del mundo Tolcachir desde La omisión de la familia Coleman, un proyecto que lleva casi once años en cartel y que, según confiesa, le ha posibilitado adquirir una experiencia enorme. "Con el grupo formamos un equipazo -cuenta-. Lo pasamos tan bien haciendo esa obra que cada función no nos resulta una repetición. Por el contrario, es algo nuevo, intenso, hasta nos animamos a hacer algunos cambios y nos divertimos mucho con los resultados."
Odorico observa que entre estos seres se nota mucho la cuestión del ghetto, de la tribu. "Son muy piolas y muy progres, juzgan a todo el mundo y así se van desarrollando. Esto pasa mucho en los grupos cerrados. Cuando reconoces algo que hiciste, ya pasó, no hay vuelta atrás. Me gusta mucho esa frase que dice: «la experiencia es un peine que te regalan cuando te quedas pelado». Mientras transcurre el día a día te las vas arreglando como podés, todo fluye, vas para adelante. Después te pones reflexivo y ahí pueden aparecer ciertos cuestionamientos."
Gerardo Otero vive este trabajo con mucha felicidad. Acaba de finalizar la gira nacional de Red junto a Julio Chávez y esta continuidad laboral lo sorprende y a la vez lo halaga y lo desafía. "En Red -cuenta- tuve que investigar sobre pintura, arte y acá estoy aprendiendo el lenguaje de señas". Su trabajo en esta pieza, por cierto, no es nada sencillo. Su personaje no escucha, con lo cual la relación con sus compañeros en cada escena tiene sus dificultades. A la vez, por momentos, su forma de hablar es inteligible pero debe hacerse entender. "Mi personaje forma parte de una tribu y se siente parte de ella. Lo de afuera es algo negativo. Esta es una tribu que se parece a sí misma. Hay algo de esta familia que funciona así. Dentro de ese caos, de esos vínculos, se protegen. Cuando empiezan a conocer o tomar contacto con el mundo exterior algo se empieza a poner en duda también, porque se replantean si esa nueva tribu es a la que quieren pertenecer".
Al cabo de la obra es notable observar como cierta crueldad caracteriza a algunos personajes. Pero, extrañamente, esa agresión o violencia responde a cierta mirada respecto del amor que posee el grupo. "Hay algo de fortaleza en ese espíritu de cuerpo: «te voy a castigar para que cuando salgas puedas manejarte». Mientras estemos juntos, dentro de nuestro ámbito, nos vamos a matar para estar fuertes", señala.
Sintetizando aspectos de la pieza, Gerardo Otero confronta lo que sucede allí con ciertos rasgos del presente. Observa que en nuestra sociedad hay una mayor aceptación a los diferentes, los padres comprenden a sus hijos desde otro lugar y está seguro de que hay un intento por tratar que eso se expanda cada vez más. "En Tribus -explica- hay algo que es cerrado, críptico pero, a partir de ciertos movimientos, el planteo de la obra se modifica. O vamos en contra de eso o aceptamos convivir con lo nuevo. Tratamos de hacerle bien al otro, de la manera que a uno le salga".
Dolor y humor
- Mientras disfruta del éxito de La chica del adiós y organiza una gira internacional de Dínamo, Claudio Tolcachir apuesta a este proyecto que vuelve a ligarlo a la producción del Complejo La Plaza (de miércoles a domingo). "Desde la primera lectura Tribus se me reveló como intensa, cínicamente divertida, profundamente humana. Es una comedia dolorosa. Nos identificamos con estos personajes muchas veces monstruosos porque los conocemos, los padecemos o son peligrosamente parecidos a nosotros. La autora cuenta que esta obra surgió de una conversación de dos padres sordos que esperaban el nacimiento de su hijo y deseaban que ese chico fuera sordo también. Este planteamiento parte desde una contradicción incómoda y fascinante. En el caso de Tribus los padres educan a su hijo evadiendo su discapacidad. No permitiendo que se conecte con otros sordos. ¿Esto es correcto? ¿Incorrecto? ¿Abre puertas o las cierra?"
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