
Viaje sin brújula y a ninguna parte
"Viaje censurado" ("Road trip"), de Todd Phillips, con Breckin Meyer, Seann William Scott, Amy Smart, Paulo Costanzo, D.J. Qualls, Rachel Blanchard. Libro de Todd Phillips y Scott Armstrong. Producción: Ivan Reitman y Tom Pollock. Presentada por Dream Works Pictures. 91 minutos. Para mayores de 16 años. Nuestra opinión: mala.
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Hay una esperanza: posiblemente esta estudiantina no refleje de modo acabado el nivel de las jóvenes generaciones norteamericanas. Tal vez sea sólo una mala comedia tan anodina y desprovista de gracia que hace creer que antiguas producciones locales del género -como "El profesor hippie"- eran, en comparación, la quintaesencia de la picardía. Por cierto, si el parámetro fuese "Porky" tampoco saldría bien parado este "Viaje censurado". Hay que decir, para no alentar falsas expectativas, que de censurado no tiene más que el título elegido para la Argentina, menos honesto que el original, que sólo promete un "viaje por carretera" tan poco excitante como el film.
¿Se reirán los chicos de los Estados Unidos con esto, para no pensar siquiera en la posibilidad de que un adulto esboce una sonrisa? Si fuera así, estaríamos en problemas: todas las bromas son a expensas de algún "diferente": una chica gorda, otra ciega, un muchacho de grandes orejas que por supuesto es bobo, los miembros de una comunidad negra que por supuesto son amenazadores. Y, como corresponde ya que somos tan civilizados, casi todos los chistes terminan con castigo para el bromista y con reivindicación -tardía, puesto que el momento de reír ya ha pasado- de las víctimas.
La línea argumental casi no existe. Dos novios estudian en universidades distantes, pero se han prometido fidelidad eterna. Una vez en la vida, y casi a la fuerza, él la traiciona, y por accidente el acto queda grabado en el videocassette que le envía a su prometida para decirle que la extraña. El viaje por carretera tiene como finalidad recuperar la prueba del delito, y sirve de excusa para las situaciones reideras.
La mala noticia es que no lo son, y que cuesta mucho esfuerzo recordar una frase ingeniosa. Por lo que se refiere a los personajes "normales" -no a los "diferentes", de los que ya hablamos- son, ¿cómo diríamos?, tan ingenuos, tan bonitos y tan ñoños que cuesta trabajo creer que existen. Algunas secuencias rozan el disparate involuntario, como aquella en que Josh, el protagonista, debe preparar a la carrera un examen de filosofía del que depende su continuidad académica. Uno de sus compañeros de viaje, el "intelectual" del grupo, se ofrece a transformarlo en un sabio en pocas horas, y comienza por explicarle... ¡que la filosofía nació con un tal Sócrates!
También, aunque de modo esporádico, aparece en pantalla un perro que habla. Pensamos que se trata de un manotón de ahogado de los libretistas, puesto que ninguna otra incidencia justifica semejante anomalía.
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