Tras las huellas de Shiffrin y Vonn en Vail: una montaña de leyendas
Pasado un pequeño e impoluto centro y un restaurante de inspiración tirolesa, los niños del club de esquí de Vail, Colorado, se apresuran hacia las puertas de la telecabina, que los eleva

Pasado un pequeño e impoluto centro y un restaurante de inspiración tirolesa, los niños del club de esquí de Vail, Colorado, se apresuran hacia las puertas de la telecabina, que los eleva hasta 3.100 metros de altitud.
A mediados del pasado noviembre, la nieve se hacía aún esperar pero los cañones disparaban lo suficiente como para trazar algunas pistas en esta estación de leyendas en Estados Unidos.
Mikaela Shiffrin y Lindsey Vonn, las dos gigantes del esquí estadounidense y figuras de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, forjaron en parte sus talentos en las mismas laderas de esta exclusiva estación del estado de Colorado, en distintas etapas de su juventud.
Shiffrin, nacida en marzo de 1995, creció y sigue viviendo en Edwards, a unos kilómetros más al oeste. Ya en edad preescolar, sus padres la entrenaban junto con algunos amigos en las pistas locales.
Cuando se incorporó con seis años al Club de Esquí y Snowboard de Vail (SSCV), su primer entrenador, Simon Marsh, descubrió a una niña con la técnica "de una esquiadora de 20 años".
"Ella ya llevaba muchos kilómetros de esquí a sus espaldas y tenía una comprensión perfecta de los fundamentos. Estaba preparada para aprender más, siempre quería ir a más", recordó el técnico a la AFP.
Marsh también quedó impresionado por su autonomía, sus cosas siempre "listas y ordenadas" sin importar la actividad prevista.
Shiffrin, futura plusmarquista de victorias (107) en la Copa del Mundo, dejó Colorado a los ocho años para instalarse en Vermont (noreste) antes de regresar en la adolescencia.
- "Personalidades diferentes" -
Lindsey Vonn, nacida en octubre de 1984, aprendió a deslizarse sobre una colina de Minnesota que pronto se hizo demasiado pequeña para ella.
A los 11 años se trasladó a Vail y aprovechó los grandes espacios para saciar su incipiente apetito por las pruebas de velocidad.
La futura reina del descenso entabló amistad con una joven local, Sarah Schleper, que acabaría compartiendo equipo nacional con Shiffrin.
"Desde muy pequeñas tenían objetivos altos y precisos, pero personalidades diferentes. Lindsey es más libre, más salvaje, juega con los límites, mientras que Mikaela es más cerebral, sigue su plan al pie de la letra", cuenta la esquiadora, que también prevé competir en los Juegos de febrero bajo los colores de México, país al que representa desde hace diez años.
Schleper, de 46 años, también ejerce de entrenadora en el SSCV, que describe como un club "dedicado a crear campeonas".
Sus alrededor de US$8,5 millones de presupuesto (en 2024) permiten contratar en todo el mundo "entrenadores de gran calidad".
"Los mejores se ocupan de las esquiadoras más jóvenes para construir una base sólida", explicó.
- Transmisión -
Bajados de la montaña antes de salir corriendo a clase, los pequeños esquiadores meriendan en las instalaciones del SSCV, donde recuerdos de Vonn y Shiffrin adornan los muros.
"Descubrir a la próxima Mikaela o a la próxima Lindsey suena un poco presuntuoso", afirma el australiano Bradley Wall, director del programa de esquí alpino, el mejor financiado de la organización.
"Nuestra idea es más bien hacer todo lo posible para que cada joven alcance su potencial, sin importar si eso lleva a los Juegos Olímpicos, a un campeonato universitario o a niveles inferiores", comenta.
Los alumnos del club, 280 en esquí alpino, reciben regularmente visitas de Vonn que, tras cinco años de retiro, retomó con éxito la competición en noviembre de 2024.
La estadounidense, con 84 victorias en el campeonato mundial, se toma muy en serio su deber de transmisión.
Su fundación, creada en 2018, ha concedido becas a 55 jóvenes esquiadoras, una ayuda muy bienvenida cuando un año en un club puede costarle a un adolescente entre US$10.000 y US$20.000, sin contar las prácticas en Sudamérica o Europa durante el verano.
- Dos "inspiraciones" -
Miembro del Team USA reconocible por sus peinados extravagantes, River Radamus se crió en Edwards como Shiffrin y también ha creado una fundación para "que los mejores esquiadores lleguen a la cima, no solo quienes tienen los recursos".
Radamus, de 27 años, encontró él mismo "la inspiración para trabajar más duro" en las trayectorias de Vonn y Shiffrin.
"Después de cada uno de sus podios, el club izaba una pancarta", recuerda. Nos dieron "el impulso para soñar en grande".
Última heredera del valle, Kjersti Moritz está a las puertas del equipo nacional a los 21 años y guarda muchos recuerdos de los Mundiales de esquí de 2015 en Vail.
"Nuestros entrenadores la ponían como ejemplo. Su esquí es tan perfecto que me ayudaba muchísimo a progresar", cuenta esta promesa que se desliza en Vail tras las huellas de las gigantes.

