
El autor de una nueva traducción de la novela Hiperión destaca la relevancia del poeta alemán y de su obra
Incluso para un movimiento poblado de anómalos como el romanticismo, Friedrich Hölderlin era una anomalía; podríamos decir: la anomalía de una anomalía. Tan anómalo era que cuesta además juzgarlo estrictamente romántico. Fue el poeta más alemán de los poetas alemanes, y aun en esa condición buscó a Alemania en la Grecia antigua y trató de hacer de Alemania una Grecia nueva, cuando Alemania era todavía poco y nada; decepcionado, imaginó una revolución espiritual, y comparó a su pueblo con un chico que se cree grande subido en un caballo de madera, pero del que no había que burlarse porque “nosotros”, decía él hablando por todos los alemanes, somos tatenarm und gedankenvoll, “pobres de gestas y ricos de pensamientos”. Y aunque fue el poeta mayor, pudo no haber sido poeta, sino pastor o filósofo. Y fue las dos cosas, siendo poeta.
