La sordera ideológica y el cuidado del agua en Israel
Desde que comenzó la represalia tras el brutal ataque de Hamas del 7 de octubre, se escuchan críticas infundadas contra el Estado israelí
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El demencial asalto que el terrorismo de Hamas lanzó el 7 de octubre pasado desde la franja de Gaza sobre granjas agrícolas, poblados y jóvenes que disfrutaban de una fiesta, todos en el sur de Israel, cambió muchas cosas para los judíos de todo el mundo, hoy obligados a un doble padecer que combina la bronca y la angustia con el desánimo.
Y no hablo solo de la indignación que provoca la demora de muchos sectores políticos, sociales y periodísticos en repudiar la salvaje masacre, con vejámenes inenarrables que remiten a las peores prácticas de la Edad Media, sino además de la insistente y agresiva ofensiva de distintos sectores contra lo que denominan “el genocidio” y el “apartheid” que, según insisten sectores minoritarios de izquierda, perpetra, desde el nacimiento mismo del Estado de Israel, el “sionismo”, así, sin distinciones ni matices posibles.
Hay una ofensiva desde distintos sectores contra Israel”
Entre los más agresivos representantes de la izquierda trotskista se ubica Celeste Fierro, flamante legisladora porteña, que además de jurar su banca “por Palestina” publica constantes posteos contra Israel, sin condena conocida a la artera matanza que provocó 1400 muertes en territorio israelí, muertes que determinaron el durísimo contraataque del Estado israelí sobre el grupo terrorista en Gaza.
Confieso que, como antiguo voluntario de un kibutz en Israel, allá por mediados de los años 80, me resultó por demás insultante la apelación de Fierro al rompimiento de “todo tipo de relaciones con el Estado genocida”, como denomina a Israel; su rechazo a la fórmula de “dos pueblos para dos Estados” con la que coincido; y sus apelaciones negativas al sionismo, que para mí fue, es y será el movimiento de liberación nacional del pueblo judío, creado precisamente para generar un hogar nacional a salvo de los periódicos estallidos de violencia antisemita, como las persecuciones zaristas en Rusia de fines del siglo XIX y el incomparable genocidio (ese sí, con todas las letras) perpetrado por los nazis en Europa.
Quienes critican la política de aguas no quieren saber la verdad”
El Israel en el que pasé un año, y al que volví varias veces, hizo de la utilización y el cuidado del agua casi un culto, en medio de las privaciones que impone el desierto en esa zona de Medio Oriente. Para Fierro, sin embargo, “Israel roba y limita el acceso al agua en Palestina” y “utiliza [ese acceso] como herramienta del apartheid contra el pueblo palestino”. Mirando a cámara vía Instagram, cita datos concretos, al afirmar que Israel, a través de la empresa estatal de aguas Mekorot, “les cobra [a los palestinos] cinco veces más caro lo que le roban”, y asegura que “un colono israelí puede utilizar 300 litros de agua por día, los palestinos 75 litros”, por debajo de los estándares internacionales. También acusó al gobierno anterior y a gobiernos provinciales de “entregar la soberanía” por los acuerdos firmados con Mekorot en 2022 y 2023.
Algo aturdido, decidí consultar a Diego Berger, argentino de nacimiento y director de Mekorot. Al tanto de todo lo que se dice (de malo) en la Argentina de la empresa, fundada en los años 30 por el ingeniero polaco Simja Blass y forjadora del impresionante acueducto nacional que lleva agua desde el norte al sur desértico de Israel desde 1965, Berger me recordó que “las cuestiones relativas al agua se abordaron en detalle en el Acuerdo sobre el Agua de 1995 [Oslo], bajo los auspicios de la comunidad internacional y firmado por Israel y la Autoridad Palestina. Las estipulaciones y mecanismos acordados allí son plenamente vinculantes y deben respetarse”.
Berger explica además que “Israel suministra a la Autoridad Palestina más del doble de las cantidades de agua comprometidas en el acuerdo de 1995 en forma rutinaria”, y que “abastece solo parte del consumo, la distribución final del agua a la población palestina es responsabilidad solo de la Autoridad Palestina”. ¿Le roban el agua a Palestina? “El 96% de los palestinos de Cisjordania tienen acceso a un sistema regular de suministro de agua. Solo el 10% de ellos estaban conectados al agua antes de 1967″, responde el directivo.
Ante otra de las acusaciones de Fierro, para quien “Israel utiliza el 80% del acuífero y lo secó [al lago Kineret]”, Berger sostiene que “Israel y los palestinos utilizan el mismo acuífero, por lo que la mala utilización de una parte afecta a la otra. Los sistemas de abastecimiento de agua están combinados”. Y agrega: “En 2016 se aprobó un plan maestro de abastecimiento de agua hasta 2040, el cual está siendo implementado. Este plan triplicará la cantidad de agua abastecida para 2030 y la cuadriplicará para 2040″, responde.
Ante la tendencia de Fierro de culpar a Israel por la falta de agua en Gaza y Cisjordania, Berger afirma: “La Autoridad Palestina no implementa partes significativas e importantes de los programas para desarrollar sistemas de abastecimiento de agua que fueron aprobados por los comités conjuntos y, además, no administra sus sistemas adecuadamente”. Entre las tareas pendientes, enfatiza la necesidad de sistemas de prevención de fugas y robos, la desalinización, y el tratamiento y reutilización de aguas residuales, poco frecuentes en los territorios que manejan las distintas fracciones palestinas.
A principios del año pasado, el gobierno kirchnerista firmó un acuerdo con Mekorot para que la compañía nacional de agua de Israel le de asistencia técnica a cinco provincias argentinas (Catamarca, Formosa, La Rioja, Río Negro y Santa Cruz), a fin de hacer más eficiente el manejo del agua.
“Le vamos a entregar [a Israel] el bien común más importante, una entrega completa de nuestra soberanía”, cuestiona Fierro vía Instagram. Berger la desmiente con diplomacia, al afirmar que “Mekorot trabaja en las provincias a través del CFI, ayudando a planificar a largo plazo el sector hídrico, con planes maestros hasta el año 2050. Estos planes son realizados en conjunto con las instituciones y profesionales relevantes de las provincias y no implica ninguna implementación de estos por parte de Mekorot. Cada provincia hará con esa planificación lo que crea conveniente”, señala.
No sé si los argumentos, en este y otros casos, alcanzan para convencer a los incrédulos. Coincidí amargamente con Berger, para quien los sectores que critican la política de aguas de Israel “no tienen ningún interés en escuchar la verdad; cualquier cosa que no encuadre con lo que piensan, simplemente no es cierto”.



