Lecturas. Cuando Sara Gallardo abrió la puerta de la literatura infantil
En el Día del Niño, un recorrido por algunos de los cuentos que la gran escritora y periodista dedicó a los más chicos
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Para quienes leemos libros ilustrados a hijos, primos o nietos es una gran noticia que Istmo/Fiordo reedite los cuentos infantiles de Sara Gallardo (Buenos Aires, 1931-1988); sobre todo, si se recuerda que estos textos sufrieron la misma suerte que su obra para adultos, injustamente olvidada y marginada de los estudios académicos. Tal vez ese destino tuvo que ver con los temas tabú que elegía Gallardo, interesada en grupos sin poder como las mujeres o los pueblos originarios (Eisejuaz, por ejemplo, está narrado desde el punto de vista de un wichi). Sus libros –Los oficios, País del humo, Enero, entre otros– giran alrededor de esas preocupaciones, además de volver siempre al paisaje de la pampa y las costumbres de la clase alta rural, que conocía mucho. En sus relatos, analiza ese sector social con una ironía sutil y certera y una prosa poética pero directa, además de mucha conciencia del momento histórico que corresponde a cada ficción. Entre otras novelas, eso queda claro en Los galgos, los galgos, donde Julián, el protagonista, trata de convertirse en un reflejo de la gran leyenda rural argentina sin darse cuenta de que lo que quiere copiar está fuera de su alcance porque pertenece al pasado. El problema está en él mismo: también el amor entre él y su novia se corroe, no por la intervención de fuerzas externas sino por la naturaleza de la misma pareja. Como en Los dos amigos, ya desde el título, los animales (los galgos) ofrecen consuelo y lealtad a toda prueba, lo cual recuerda mucho a Los perros hambrientos, de Ciro Alegría, aunque con mirada femenina y en otro momento del siglo XX.




