
El gran escritor rumano, de visita en Buenos Aires, habla de la singular manera en que cobran forma sus vertiginosas novelas
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En los años noventa, después de la caída de la Cortina de hierro, algunos entusiastas pronosticaron que habría que ponerse a estudiar ruso porque la literatura del futuro vendría de esos meridianos. Por entonces, en 1993, sin que lo supieran, el poeta Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) venía de publicar Nostalgia, su primer libro de narrativa. Los críticos futuristas no estaban mal encaminados. Solo le erraron al blanco: el idioma a estudiar era el rumano.
Por Pedro B. Rey
