
Reseña: Bella vista, de Damasia Amadeo
Como Turdera, de Ángela Pradelli; Villa Celina, de Juan Diego Incardona; Transradio, de Maru Leonhard, y Bahía Blanca, de Martín Kohan, el segundo libro de narrativa de Damasia Amadeo (el primero fue Diario desde el balcón) lleva como título el nombre de una localidad de la provincia de Buenos Aires y explora un territorio singular. “Es un nombre agradable, que estimula y no puede contener fealdad”, observa la autora en el prólogo.
El relato, que se apoya en los recuerdos de infancia de Amadeo y está ambientado en los turbulentos años de la década de 1970, comienza por la casa familiar y se extiende luego por las calles del barrio (de tierra y asfaltadas), la familia, las empleadas domésticas, los vecinos y los vendedores ambulantes, entre ellos, un filosófico heladero que clasifica a sus clientes entre “indecisos, resueltos, desconfiados, arrepentidos, pedigüeños, amarretes, angurrientos, charlatanes, malhumorados”.
En los diez capítulos, de una entonación tan clara que puede suscitar un ánimo evocativo en los lectores, tiende a repetirse un esquema en el que, luego de un episodio, la narradora reflexiona sobre la memoria, la infancia, la religión o el trabajo. Del mismo modo se explica el umbral que a veces existe entre el recuerdo propio y el que tienen los demás sobre un mismo hecho del pasado. “De pronto supe que el punto de vista ajeno se había convertido en el mío, y que le había otorgado a lo vivido un valor desfavorable, adverso, que no me pertenecía”, admite. Ese descubrimiento la condujo a un “sentimiento nuevo” y, luego, a la escritura.
Bella Vista
Por Damasia Amadeo
Planeta
192 páginas
$ 37.900








