Reseña. El camino de la santidad, de Lucía Alba Ferrara
La ficción con científicos todavía tiene un largo camino por recorrer en la Argentina. Novelas ya canónicas como Sábado, de Ian McEwan, o cualquiera de las varias de Carl Djerassi (como La semilla de Menachem), con un laboratorio y sus relaciones humanas en primer plano no son tan comunes en el panorama literario nacional, pese a la abundancia histórica de investigadores.
Por esa razón, El camino de la santidad de algún modo viene a ocupar un vacío. Es cierto que también ocupa un nicho con muchos, quizás demasiados, ejemplares: el de las ficciones en primera persona. Pero mejor enfocarse en lo primero porque, como sea, esta obra debut de Lucía Alba Ferrara (1980), neurocientífica doctorada en la Universidad de Durham, es antes que nada una obra que desnuda lo que una versión cristalizada de la ciencia como búsqueda pura de la verdad por parte de sacrosantos investigadores oculta. Es decir, hay que admitirlo, que se trata de un ámbito lleno de inquinas, super egos, reproches, carreras académicas basadas en cabezas pisadas y miserias varias (nada de lo humano le es ajeno a la ciencia, desde luego).
La obra tiene entonces en primer plano a una científica en crisis por una carrera que no es tan brillante como ella cree que es, por una vida con pocas aventuras y nulo sexo con otras personas, en el contexto de una universidad categorizada como de mojigata e ingenua por partes iguales. Escrita en breves capítulos con abundantes elipsis tanto como escenas entrecortadas, tiene a la maldad de la protagonista/narradora en primer plano, bajo la irónica búsqueda de una “santidad”.
Así, se ríe de sus colegas, los maltrata y manipula de manera constante y perversa. La corrección política, desde luego, no es el fuerte de la obra: “Típica piba del conurbano tercer cordón que hace una carrera corta con salida laboral y después termina con tres empleos y jornada de dieciocho horas (…) Me contó que estaba muy cansada, que estaba ahorrando porque iba a casarse y planeaba darle una sorpresa al novio (…) Su carencia de linaje sólo podía ser superada por su carencia de linaje. Le faltaba hacerse preñar para cambiar el trabajo por un plan social, esculpirse las uñas y salir en las noticias policiales de Crónica TV”. Me odiaba a mí mismo y odiaba a la humanidad, escribió Charly García.
La novela obtuvo el premio Futuröck Novela 2025, por elección de un jurado compuesto por los consagrados Esther Cross, Mariano Quirós y Daniel Guebel. Éste último afirmó que la incorrección de la novela es revulsiva “no desde el lugar de la denuncia sino del goce de lo escabroso, de la maldad, del descontrol narrativo”. Una maldad de probeta.
El camino de la santidad
Lucía Alba Ferrara
Futuröck Ediciones
166 págs.
$ 30.000


