
Reseña: Tumbas sin nombre de John Connolly
Un policial violento y con estilo
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El irlandés John Connolly (Dublín, 1968) tiene la constancia de los escritores policiales más prolíficos del pasado. Publica un libro por año, de una extensión siempre importante. Tumbas sin nombre (The Nameless Ones, 2021), el decimonoveno de la serie dedicada al detective Charlie Parker, no es la excepción.
Tiene, además, otras singularidades. Uno de los rasgos distintivos de los thrillers de Connolly es que combinan de manera inédita lo policial con lo fantástico, duplicando así lo turbio de los argumentos, algo que no ocurre decididamente aquí. Tumbas sin nombre, al mismo tiempo, deja por primera vez en segundo plano a Parker –antiguo policía de Nueva York– para darle más protagonismo a uno de sus ayudantes, Louis (el otro es Angel, pareja de este), exasesino a sueldo reconvertido que, además, sufre de cáncer.
En el inicio –Connolly nunca le teme nunca al gore– hay un crimen brutal. Las historias de la serie pasan con fluidez de los Estados Unidos profundos a Europa. Aquí, todo comienza en Ámsterdam, donde cuatro cadáveres, brutalmente asesinados, aparecen rodeando a su líder crucificado, un tal De Jaager. El muerto ya había figurado en el libro previo y, además, era íntimo amigo de Louis, que, al descubrir, que los asesinos son de origen serbio sale a darles caza antes de que se pierdan en las confusas inmensidades del este europeo. En esa búsqueda vengativa, abunda la violencia desaforada (otra marca argumental), pero son el estilo introspectivo de Connolly, y sus descripciones con carga poética, las que hacen en verdad de Tumbas sin nombre un policial distinto.
Tumbas sin nombre
Por John Connolly
Tusquets. Trad.: Vicente Campos
434 páginas, $ 9500




