Reseña. Un amor sin futuro, de Betina González
Al estilo de la Nobel Annie Ernaux, por brevedad, temática y fraseo, la nouvelle de Betina González (Buenos Aires, 1972) se distingue por el tono desafiante de la narradora que, en segunda persona, recrea una historia de amor “que no termine en la tierra infértil de la familia”. Ella tiene 49 años y su pretendiente, 21. Repleta de citas cultas (justificadas acaso porque la protagonista es una profesora universitaria “incendiaria, estricta y condescendiente”), la novela se divide en un antes y un después del encuentro erótico, que incluye juegos de asfixia, con el alumno rimbaldiano. También cuenta la historia de Emily, una estudiante agobiada por el suicidio de dos amigos.
La narradora, que además es escritora, se despacha contra la cultura de la cancelación, sus colegas literarias (“una escritora especialista en crónicas del reviente con la que nunca querría ser confundida”) y el feminismo: “A pesar de Colette, de Marguerite Duras, de Vivienne Westwood y de la vida desbocada de cuanto ser humano haya sido interpelado por el amor, cuando se trata de esta historia, a muchas mujeres se les acaba el feminismo. O más bien: el feminismo de algunas mujeres termina con la maternidad”, colige sobre las amigas de su edad.
Intermitencias reflexivas sobre el romance, la muerte y el mal hacen pensar que González versionó la novela de vampiros, con jóvenes que viven en “un presente alucinado”, consumidos por la desesperación y la belleza. Más allá del oxidado tabú que desvela a la profesora (que, según dice, ha hecho un pacto con Harpócrates), Un amor sin futuro gana en intensidad cuando se ocupa de ellos.
Un amor sin futuro
Betina González
Tusquets
136 páginas
$ 27.900


