Ética y estética de la zapatilla. Una fábula clásica, atada con cordones
Había una vez un adolescente que creció creyendo que con el par de zapatillas perfecto sería más feliz y muy exitoso: así comienza la fábula de esta época. Es el puntapié (je) de Sneakerella, la adaptación libre de Cenicienta que acaba de estrenar Disney+ en la que los géneros están invertidos (ahora es una princesa que busca a su medio par) y donde el zapatito de cristal es reemplazado por una zapatilla de cuero. Epítome del fenómeno sneaker, o llanta en criollo, la película pone el corazón por el suelo: dice que las zapatillas son la ventana del alma.
“La creencia popular es que todo en la vida se asocia a una canción, pero bien podría ser también a las zapatillas: todos tenemos un par asociado a algún recuerdo”, me dice el amigo Leonardo Ferri, autor del ensayo Zapatillas, historias de moda, deporte y consumo: “Ahora, las veredas digitales de Instagram ven caminar un desfile interminable de modelos y colores exhibidos por sus artistas favoritos, pero que dejaron de ser solo zapatillas para transformarse en algo aspiracional. Y como sucede con todo aquello a lo que se aspira, no siempre lo deseable es posible”.

En Sneakerella, la fábula romántica es reemplazada por una parábola de consumo: El, un pibe de 17 años que vive en Astoria, Queens, logra colarse en el palacio del rey de las zapatillas (una tienda de varios pisos como cualquiera de las que hay en Manhattan) y se enamora de su hija. El objeto mágico ya no es una lámpara como la de Aladino o una manzana como la de Blancanieves sino unas llantas exclusivísimas que despiertan el fervor del piberío cuando salen a la venta. “Una zapatilla de edición limitada puede ser la entrada a un mundo de exclusividad, integrado por unos pocos privilegiados que no solo tienen dinero sino también acceso a los productos”, razona Ferri: “¿Cómo se sostiene ese privilegio cuando esos lanzamientos se repiten todas las semanas de todos los meses? Lo exclusivo cada vez se ajusta más a su definición: tiene fuerza para excluir”.
Si en los 70 el libro Para leer al pato Donald delataba los mecanismos con los que el ultracapitalismo se infiltraba en las películas de Disney, ahora ya no se disimula: “Este contenido incluye publicidad encubierta”, se advierte desde el principio. La zapatilla representa un bien de consumo posible para la primera generación moderna a la que no le importa el auto ni llegará a la casa propia: símbolo de identidad personal aun cuando luzca un logo uniforme, es un atributo inalienable tal como exige el hit de Nicki Nicole, “¡no toque mi Naik!”.
LISTAMANÍA
Cinco versiones de La Cenicienta
- Cenicienta, 1950. Una maravilla de la animación: Disney se basó en la versión del francés Charles Perrault aunque la fábula ya se narraba en el antiguo Egipto.
- La Cenicienta, 1982. Con texto de Hugo Midón, Soledad Silveyra se puso en los pies de la joven maltratada en uno de los unitarios más recordados del viejo ATC.
- Por siempre jamás, 1998. Una narración metaliteraria que lleva a los hermanos Grimm a la casa de una millonaria para contar la verdadera historia de la Cenicienta.
- Cenicienta, 2021. La versión deconstruida: Billy Porter se calza el vestido de la Fabulosa Hada Madrina para cumplir los deseos de Camila Cabello.
- Sneakerella, 2022. El zapatito es reemplazado por la zapatilla en una fábula que la consagra como el símbolo de identidad más fuerte en el imaginario juvenil.






