René Magritte, un amigo incomparable: el regalo para su musa que resultó un tesoro
El imperio de las luces, pintura de una serie del artista surrealista que inspiró escenas de El exorcista, fue vendida por Anne-Marie Gillion Crowet por el récord de 79,8 millones de dólares
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Vestido con traje y corbata, en su casa, René Magritte movía cada tanto el caballete alrededor de la adolescente. Algo nervioso, observaba a la atractiva rubia de ojos claros que permanecía sentada en un banquito. “Me miró intensamente, con una mirada satisfecha y un aire ligeramente burlón. Descubrí más tarde que había visto en mi rostro algo que había estado pintando durante años, incluso antes de conocerme”, diría más de seis décadas después Anne-Marie Gillion Crowet, hija de Pierre, amigo y mecenas del artista belga.

Aquel día de 1956, cuando realizó el retrato titulado El hada ignorante, Magritte inició a su vez una amistad con esa joven enigmática que llegaría a convertirlo en récord. “Hablábamos de todo, historias divertidas, de sus pinturas, del cine, de la cocina. ¡Le encantaba el cine! Charlie Chaplin, Buster Keaton. Pasé las tardes con él y su esposa viendo estas películas”, recordó ella en febrero último, antes de ofrecer a subasta en Sotheby’s otra obra suya que recibió como regalo.

Pintada en 1961, El imperio de las luces forma parte de una serie de 17 óleos que inspiraron escenas de El Exorcista (1973), y que está presente en la Colección Peggy Guggenheim en Venecia, el MoMA de Nueva York; la Menil Collection, en Houston, y en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica. Representa un paisaje urbano nocturno, bajo un cielo diurno: una paradójica combinación de opuestos típica de este referente surrealista, que protagoniza en estos días en España una retrospectiva organizada por Caixa Forum Barcelona y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Allí están representados por ejemplo sus célebres personajes con bombín y La traición de las imágenes, otra de las famosas series que proponen cuestionar la realidad.

Esa pintura que Anne-Marie conservó desde su juventud también estaba destinada a romper parámetros: no sólo triplicó el récord previo de Magritte al rematarse en marzo por 59.422.000 libras esterlinas (79,8 millones de dólares), sino que marcó además el precio más alto pagado por un cuadro en esa moneda en Europa.

“Me dijo, desde el momento en que me lo dio, que vería con el tiempo que los negros en los árboles o sombras se diferenciarían en varios niveles a lo largo de los años. Era un cuadro de vanguardia. En cierto modo, jugaba con la profundidad del color, más moderno que otros”, dijo la coleccionista, entrevistada por Sotheby’s, antes de calificarlo como un artista “incomparable”. Y un amigo único, claro, que le cedió un tesoro.





