
Propone publicar libros “que los lectores no saben que quieren leer” y asegura que, a pesar de la digitalización “algunas cosas que han quedado demodé van a volver”
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Porota estudiaba italiano con pasión. Los tres pequeños escuchaban encantados a su madre cada vez que les leía a Natalia Ginzburg. En esa casa de clase media no había una gran biblioteca, pero Porota era una ávida lectora y durante los veranos, en la costa uruguaya, en Atlántida, debatía con sus amigas las novedades literarias: El reposo del guerrero, de Christiane Rochefort, o El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. Estos son los primeros recuerdos de Guillermo Schavelzon (Buenos Aires, 1945) vinculados al mundo de la edición y de la interpretación de textos.
Por Laura Ventura
