
Cobre, el color del cambio
Es un material versátil y duradero, que ha ganado fervorosos partidarios en el interiorismo
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“Es estético y ecológico, facilita la creatividad en el diseño, no requiere mantenimiento y cuenta con una excelente relación entre precio, durabilidad y mantenimiento.” Las arquitectas Roxana Kompel y Gretel Manusia son categóricas al defender las aptitudes del cobre como un elemento apto para el diseño de interiores.
De hecho, las profesionales lo incorporaron como revestimiento de paredes en la ambientación que presentaron en Casa FOA el año último. “Lo descubrimos buscando nuevos materiales para la muestra, en la que participamos desde 1995.” Así diseñaron un ambiente con muros revestidos en cobre (láminas de 0,5 mm de espesor), detalles en vidrio y grandes espejos que permitían interesantes efectos de luz. El montaje del revestimiento llevó un día de trabajo. A partir de la experiencia en Casa FOA, Kompel y Manusia comenzaron a incluir con mayor frecuencia el cobre en sus interiores. “Descubrimos que, además de un costo accesible, se lleva bien con el resto de los materiales disponibles y tiene un valor agregado: la posibilidad de crear nuevas instancias en el manejo de espacios.”
Efectivamente, se trata de un material durable, resistente y muy maleable. Tiene, además, el privilegio de formar parte de una etapa clave en la evolución de la humanidad, ya que fue utilizado por el hombre prehistórico. Fundamentalmente, se lo aplica en revestimientos y protecciones. Como es posible doblarlo o estamparlo (se lo trabaja en láminas relativamente delgadas), suele aplicarse a construcciones curvas como las cúpulas. También se emplea en la protección de muros, para rematar o proteger elementos salientes de techos de viviendas, o en desagües pluviales. Y, por supuesto, en diseño de interiores.
Un largo camino recorrido
La ciudad de Buenos Aires posee varios ejemplos de la utilización del cobre en construcciones de magnitud: edificios eclesiásticos como la catedral de San Isidro, la iglesia de San Fernando o la basílica Santa Rosa de Lima, o el Teatro Nacional Cervantes y la Casa Rosada.
En la tradicional confitería Florida Garden, Florida 899, es posible admirar seis columnas revestidas en cobre, además de ornamentaciones en ese material sobre el muro principal. El estilo del lugar responde al espíritu que reinaba en los años 60; más específicamente, al clima cultural de una zona marcada por la frenética actividad del Instituto Di Tella. Muchos de los artistas de vanguardia que acudían a la llamada Manzana loca, seguramente saborearon unos cuantos capuchinos custodiados por los reflejos dorados de las columnas de la célebre esquina.
“El cobre me gusta porque es un material sin tiempo. Por una parte, es el metal más antiguo, pero también el más moderno utilizado en la tecnología de las computadoras o la captación de la energía solar.” Con estas palabras, Andrea Ponsi, diseñador y arquitecto de la Universidad de Florencia, da cuenta de cierta cualidad atemporal de la que goza este material. En una conferencia dictada en Chile en 1999, el profesional italiano afirmó: “Esta versatilidad hace del cobre un material en cierto sentido misterioso porque tiene una capacidad de reinvención única”.
Creatividad a toda prueba
Respecto del interiorismo, resulta adecuado para el diseño de grifería, artefactos de iluminación, pequeños objetos de decoración y elementos para gastronomía. También se lo puede utilizar en mobiliario y accesorios.
Estas posibilidades estaban en la mente de los numerosos diseñadores industriales que el año último participaron del concurso latinoamericano El espíritu del cobre, convocado por el Instituto del Cobre de Argentina, Diseño+Diseño y el Museo Nacional de Bellas Artes, y uno de estos casos es el de los platenses María Gabriela Latasa y Edgardo Daniel Lo Grasso. Ambos diseñadores forman parte de un equipo que se encontraba desarrollando una línea de accesorios para mobiliario de oficinas en el momento en que les llegó la propuesta del concurso. Decidieron continuar en la misma línea de trabajo, pero incorporando las cualidades del cobre en el juego creativo. “Resultó interesante, debido a sus características tecnológicas y estéticas -rememoran-. Algo que lo hace único y atractivo es su susceptibilidad ante la presencia del oxígeno, que permite el cambio de tonalidades rojizas hacia aturquesadas con el paso del tiempo. Esa propiedad enfatiza la estética de un producto.” De este modo, diseñaron un objeto que aprovechó una de las cualidades más reconocidas del material, su ductilidad. Se trata de un perchero personal de líneas dinámicas que, además, permite jugar con el sentido de formas y palabras: se llama Cobra debido a su aspecto sinuoso y porque, claro, está realizado en cobre.
Rodrigo de Salvo es otro diseñador que encontró seductora la idea de conjugar sentidos diferentes en un único objeto. Creó un modelo de sillón llamado Diva, en el que hay ecos tanto de la Bauhaus como de los años dorados del cine. Los elementos clásicos, inspirados en la década del 30, se sostienen en una estructura contemporánea, basada en líneas puras realizadas en cobre y cuero. Visto de perfil, el sillón presenta una marcada forma triangular: con eso, su creador buscó remitir a la figura de una montaña; más específicamente, los Andes. “Lo hice con el propósito de evocar visualmente el lugar de extracción de la materia prima que inspiró el diseño.”
Finalmente, una mención a uno de los usos más habituales del cobre: la grifería. En realidad, en este rubro se suele emplear una aleación; es decir, una combinación entre cobre y otros elementos (zinc, magnesio, níquel). “En esta área, el bronce es ideal”, afirma el diseñador industrial Pablo Mazzola. De todos modos, concibió un sistema de grifería en cobre al que bautizó Pepe, por su forma antropomórfica. El profesional considera que tanto el cobre como sus aleaciones son materiales perfectamente adaptados para este rubro, debido a la estética y buena terminación que brindan a los objetos, así como su alta durabilidad, facilidad de limpieza y garantías de higiene para la conducción del agua.
Modelos y precios
Los montos están sujetos a variaciones.
- Perchero valet Cobra: estructura en tubo de cobre curvado, 1,10 m de altura total, 0,30 m de diámetro base de hormigón, desde $ 320 (Lo Grasso Mobiliario).
- Caja de cobre: $ 400 (El Faro del Fin del Mundo).
- Lámpara Sol: esfera de alambre de cobre y bronce entrelazado, base de hierro, $ 110 (Patricia Garrido).
- Lámparas colgantes: imitación ferrocarril antiguo, con baño de cobre, desde $ 60 (Casa Rago).
- Faro de cobre: para escritorio, $ 150 (El Faro del Fin del Mundo).
- Faroles: con baño de cobre, $ 140 (Casa Rago).
- Grifería: Aranjuez cromo oro, de ducha, $ 779,71; lavatorio, 536,38; sanitario, 603,52 (Barugel Azulay).
- Grifería: Pomba blanco cromo para lavatorio, $ 185,63; ducha, 274,73; sanitario, 211,54 (B. Azulay).
- Caquelón de cobre: con calentador y pinches para fondue, $ 96 (J. R. Regalos).
- Chocolatera: $ 26,90 (J. R. Regalos).
Fuentes consultadas: Lo Grasso Mobiliario: calle 14, N° 668, La Plata; (0221) 421-5411. Estudio KM arquitectura: 4372-6079. Instituto del Cobre: Reconquista 559, 6° B; 4314-1159. Estudio ODA: 4983-1360. Pablo Mazzola, diseñador industrial: 4795-1713. Rodrigo de Salvo, diseñador industrial: 4774-0102. Patricia Garrido: 4811-4970. El Faro del Fin del Mundo: 4816-2920. Casa Rago: 4811-0342. J. R. Regalos: 4813-3878. Iluminación Agüero: Buenos Aires Design, Avda. Pueyrredón 2501. Barugel Azulay: 4704-1574.
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