Martha Alles

Con casi 80 años siente que nada se apaga, habla del origen de los logros y de rebeldía: “El momento para romper todo”

Cada uno tiene un año que funciona como parteaguas, para ella, una autora argentina prolífera, fue 1962, en Esquina, Corrientes...

Cada uno tiene un año que funciona como parteaguas, para ella, una autora argentina prolífera, fue 1962, en Esquina, Corrientes...

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Martha Alles mira al horizonte y, mientras observa el paisaje que la rodea, reflexiona acerca de su vida, un recorrido que ya lleva casi ocho décadas. Lejos de sentir que las luces se apagan, para ella -autora, conferencista, consultora, contadora, doctora en Administración, mujer, madre, abuela, compañera de vida de Juan Carlos y tanto más- una nueva era ha comenzado.

A veces, para comprender por qué los seres humanos tienen la capacidad de reinventarse, es necesario hacerse otra pregunta: ¿Cuál es el origen? Porque en el inicio, en el núcleo, en los años donde todo es ilusión y futuro, es donde se suelen forjar las mayores fortalezas del ser, herramientas vitales y que le dan propósito a todas las estaciones de la vida.

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Martha Alles
Martha Alles

Y para Martha, en especial cuando estamos atravesados por circunstancias desfavorables y el destino parece casi signado, casi al pasar, una palabra, un gesto de quien se atraviesa en nuestro recorrido, puede abrir un mundo de oportunidades y torcer el curso de nuestra historia para siempre. Y así, con esta premisa en mente, todo ser humano tiene el poder de transformar una vida. Cada gesto cuenta, cada palabra tiene un efecto dominó.

La adolescente que en 1962 vivía en Esquina, Corrientes, y que 2026 dejó registro: “Desde siempre sentí que aquel año fue un parteaguas”

La historia de Martha comienza en Esquina, Corrientes, donde cursó sus estudios primarios y parte del secundario. Allí, una adolescente de 15 años, esquiva las tardes de siesta, come naranjas y devora los clásicos de la literatura; ella fantasea con tener una Siambretta, viste las confecciones de su madre inspiradas en los vestidos Vichy de Brigitte Bardot, lee las enciclopedias que se venden de puerta en puerta, se sumerge en las fotonovelas, hurga los planos confeccionados por su padre y sueña con cruzar el puente para conquistar el mundo.

Una mañana, sin embargo, la joven sale de su casa para ir al colegio y, al regresar, se encuentra con la tragedia. En cuestión de pocas horas, se halla en un vehículo extraño, junto a su madre, un bolsito con lo mínimo, en dirección a Buenos Aires, con el corazón oprimido y un futuro incierto frente a ella. El año: 1962.

Martha Alles, en su última visita a Esquina, Corrientes, su lugar de crianza.
Martha Alles, en su última visita a Esquina, Corrientes, su lugar de crianza.
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La Martha adulta vuelve a mirar al horizonte. Hace tiempo ya que danzaba con la idea de dejar registro de este fragmento de su vida que todo lo cambió. Escribirla, para ella, se transformó no solo en un camino de purga, sino en otra forma de brindar herramientas para el desarrollo personal, como lo hizo durante toda su carrera, en la que se transformó en la autora más prolífica en su especialización: los Recursos Humanos, más específicamente, la Gestión por Competencias. Sin embargo, escribir 1962, el año que todo cambió, fue muy diferente.

“Para mis obras, una vez definido el tema, primero imagino el índice con bastante precisión y luego de meses o años, según el caso, el libro está listo, solo uno o dos, tuvieron un proceso diferente. En cambio, nada fue así en relación con 1962. Fue un proceso largo… cambiante, fluctuante, abandonado y retomado”, reflexiona Martha.

Escribir, para Martha Alles, se transformó no solo en un camino de purga, sino en otra forma de brindar herramientas para el desarrollo personal.
Escribir, para Martha Alles, se transformó no solo en un camino de purga, sino en otra forma de brindar herramientas para el desarrollo personal.

“1962 no fue una idea que surgió como un rayo provocador o a partir de un rayo que me llega e ilumina en un momento cualquiera. No. Muy por el contrario, fue un proyecto que fue creciendo, cambiando mil veces hasta que un día tomó forma. Desde siempre sentí que aquel año fue un parteaguas y que había `algo´ en todo aquello más allá de los hechos en sí. Sabía con exactitud cuál era el `hecho´ (me refiero a las palabras dichas como al pasar) pero me faltaba darle contexto a la historia, comprender en todo su alcance el significado que tuvo, ponerlo en un eje de tiempos en una historia de vida”, explica Martha, quien también escribió (por primera vez) una novela de ficción aún no publicada.

Los golpes transformadores de la vida: “No es fácil escribir una historia contrafáctica”

Me sentía mareada, descompuesta, mi madre llevaba un pañuelo con gotas de colonia de varón, recuerdo aún la marca, el perfume... Colonia Atkinson... Por muchos años, muchos años, no pude ingresar a una tienda de flores, el perfume concentrado en un ambiente cerrado -como ocurre en una tienda que solo vende flores- me era intolerable. Aún evito este tipo de circunstancias. Fue un día gris, lluvioso (fragmento 1962, M.A. Ediciones, 2026).

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Martha junto a su marido, Juan Carlos, en Esquina, Corrientes.
Martha junto a su marido, Juan Carlos, en Esquina, Corrientes.

Para Martha, la adolescente de 15 años, dejar su universo conocido atrás para mudarse a Buenos Aires significó un golpe transformador muy duro. Si bien conocía la ciudad, su cotidianeidad en nada se parecía a Esquina. En las calles de la capital podía percibir una sensación de que allí había peligros, algo que nunca antes había experimentado. Atrás había quedado la calma, así como una vida cómoda y un pasar escolar feliz. En su nueva realidad, que había cambiado de un día para otro, tocaba atravesar el duelo, los primeros días en la casa de su tía, para luego pasar a vivir en una casa prefabricada en una calle de tierra, sin luz eléctrica durante el primer año y agua que había que sacar con una bomba. Y en la gran ciudad, también llegaron las burlas en la escuela por la tonada del interior, por ser la `rara´.

Con un nuevo presente adverso, su sueño de convertirse en una gran profesional universitaria parecía haber quedado sepultado y ese destino que había querido esquivar -el esperable para ella y tantas mujeres- parecía el único posible, hasta que alguien pronunció esas palabras justas capaces de torcer un camino.

“Este fragmento de mi historia, por juvenil, puede parecer pequeña, sin embargo, no lo es. Si bien es solo una anécdota escolar, por el contexto, por la situación en general, fue determinante de todo un futuro y una carrera posterior. No es fácil escribir una historia contrafáctica, quizá si no se hubiese presentado aquella oportunidad de todos modos hubiese encontrado otro camino para concretar mis sueños, quizá. No obstante, fueron aquellas palabras dichas como al pasar las que le dieron a aquella joven Martha la llave para abrir una puerta y encontrar allí lo que quería ser”, reflexiona Martha.

"No es fácil escribir una historia contrafáctica, quizá si no se hubiese presentado aquella oportunidad de todos modos hubiese encontrado otro camino para concretar mis sueños, quizá".
"No es fácil escribir una historia contrafáctica, quizá si no se hubiese presentado aquella oportunidad de todos modos hubiese encontrado otro camino para concretar mis sueños, quizá".
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“Y un detalle importante que quiero resaltar, los obstáculos en ningún caso, ni los siento ni los describo con dramatismo. Son hechos del pasado que ocurrieron, situaciones de la vida que ocurren y que en el relato de 1962 solo importan como marco de la historia”, continúa. “¿Cómo se relaciona 1962 con mi obra, en general? Una vez finalizado el libro seguí pensando en las oportunidades, y creo que más allá de mi historia, la historia de relata 1962, la gestión de oportunidades es una competencia para tener en cuenta, que es posible desarrollar al igual que otras competencias”.

Reconstruir los recuerdos de un relato costumbrista de una argentina lejana: “Recuerdos apoyados en investigación”

Tantos años pasaron desde aquellos días en Esquina. A Martha, sus hijos y algunas amigas le preguntan si realmente se acordaba de todo lo relatado en ese fragmento de una vida tan lejana. Eso es lo extraño y maravilloso del proceso de escritura: no, Martha no recordaba todo, no recordaba por ejemplo exactamente los títulos de todos los libros que leía, sí podía visualizar las obras y recordar sus contenidos. Y así, con sus habilidades de búsqueda que tiene un headhunter como ella, investigó hasta completar las piezas faltantes del rompecabezas.

En el opuesto, sí tenía el recuerdo de los vestidos y los dibujos a lápiz, que encantaron a una de sus nietas. Allí le preguntaron si los copió de fotos, no, Martha no tiene fotos, pero no fueron necesarias: “Recuerdo vívidamente cada detalle, las telas, los colores y dibujos, cada costura, cada pliegue, Angelita (su madre) diciendo esto y aquello”.

“1962 refleja mis recuerdos apoyados, cuando fue necesario, en investigación. Investigación mucho más amplia de la que finalmente fue incluida, el contexto político y social, entre otras cuestiones”, cuenta Martha, dejando asentado que su proceso de escritura derivó en un retrato costumbrista de una época, donde Esquina, Corrientes (Argentina), es la estrella central, y donde a través de su pluma se puede descubrir parte de la historia argentina, los hábitos pasados en el interior del país.

Un mundo editorial saturado: ¿Para quién escribir?

Tanta carrera, tantas conquistas a pesar de las dificultades. Tantos libros de Management y Liderazgo con un contrato de lectura delimitado. ¿Para qué escribir en un mundo editorial saturado? ¿Para quién escribir hoy, en un tiempo de la vida de Martha Alles donde las nuevas generaciones ocupan los espacios que alguna vez ella supo conquistar? Todo es para ellos, para los que Martha denomina los `sub 40´. Ella piensa en los jóvenes, en los que están los inicios de su carrera profesional. También en aquellos chicos que están terminando la escuela secundaria, que están en la etapa de elegir un camino: “Ayudarlos a pensar en las oportunidades, en cómo se pueden presentar y en cómo hay que estar atentos para verlas y aprovecharlas”, dice Martha, pensativa.

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Martha Alles y 1962
Martha Alles y 1962

“Al mismo tiempo, en una época donde la comunicación es al instante y la IA forma parte de nuestras vidas, conocer de primera mano cómo era la vida antes `de la era actual´, todo lo que era igual y todo lo que, a su vez, era diferente. Un relato que no está escrito por un historiador sino por una persona que podría ser una tía o una amiga de la familia que, además, escribe sobre otros tópicos, quizá mi nombre les suena en relación con otras temáticas y que, además, nos cuenta acerca de otras cosas, costumbres…”

“Todos los jóvenes sentimos alguna vez que habíamos llegado al mundo para romper todo”

Una vez más, Martha pierde su vista en el horizonte. No, las luces no se apagan, para ella una nueva era ha comenzado. Sin importar en qué etapa de su vida se encuentre, ella siempre reflexiona acerca de la rebeldía, los pensamientos disruptivos, que no son nuevos ni pertenecen a una generación en particular. La rebeldía necesaria para no dejarse atrapar por lo que tantas veces parece ser un destino signado.

Martha Alles, años atrás, en una conferencia en Monterrey.
Martha Alles, años atrás, en una conferencia en Monterrey.

Sin embargo, con su mirada siempre puesta en la juventud, en el inicio, en el núcleo, en los años donde todo es ilusión y futuro, Martha observa con agudeza los procesos circulares, junto a las nuevas circunstancias.

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“Todos los jóvenes sentimos alguna vez que habíamos llegado al mundo para romper todo y no siempre esto es posible. Hay que saber elegir el momento `para romper todo´ y no hay que romper todo solo por hacerlo, sino para alcanzar los sueños. Usando palabras muy de la IA: ser disruptivo con sentido y propósito”.

“Además, aterrizar los contenidos. Descubrir las oportunidades en, quizá, pequeñas cosas, como me pasó a mí, en un comentario casi dicho al pasar. La oportunidad parece inicialmente pequeña, sin embargo, a partir de allí, lograr algo relevante”, continúa.

“Saber que muchas veces hay que recorrer un camino para alcanzar aquello que deseamos. No todo es magia al comenzar, pero puede ser mágico al final. Es posible pasar del patito feo a cisne, solo hay que proponérselo y luchar para lograrlo”, concluye.