
Crímenes banales
Al contrario de lo que se cree, la mayoría de las muertes por armas de fuego ocurren por conflictos entre personas que se conocen, por accidentes o suicidios. La fotógrafa Ananké Asseff se embarcó en una tarea espeluznante: armar representaciones de gente común portando armas de fuego. Imágenes para reflexionar sobre la violencia cotidiana y las paradojas de la inseguridad
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Según la definición judicial, la denominación de “crímenes banales” es la que utilizan los expertos para referirse a las muertes por armas de fuego en conflictos interpersonales, accidentes, suicidios... De eso se trata el trabajo que se publica en estas páginas, con modelos sin nombre que podrían encontrarse en cualquier hogar de clase media argentina.
“En toda mi obra subyace, entre otras cuestiones, la violencia –explica Ananké Assef, su autora–. Es una temática a la que soy muy sensible. Uno de los medios más eficaces para ejercer el control de poblaciones en el capitalismo contemporáneo es la fabricación de miedo. Los medios masivos de comunicación tienen mucha responsabilidad al respecto, ya que son, junto con la industria cinematográfica, los principales portadores de estos discursos. Los ciudadanos adoptan nuevas «estrategias de protección» que modifican, entre otras cosas, los hábitos cotidianos. Mi intención es mostrar una situación y, a través de medios estéticos, intentar provocar reflexiones al respecto. Hoy es mi manera de abordar el arte.”
“Este trabajo –escribe el curador, Justo Pastor Mellado– es un manifiesto sobre el deseo de la vida en común y la buena vecindad.
“Para Ananké, la manera de afirmar su obra ha sido llevando la contraria; es decir, poniendo en escena la inseguridad ciudadana como una costumbre que ha llegado a organizar la vida íntima.”
Los fotografiados fueron elegidos sobre la base de cuestionar el modelo de personaje “sospechoso” creado por el imaginario colectivo; es decir, cualquiera puede serlo. Sin embargo, conseguir que los “modelos” aceptaran posar con un arma en la mano no fue tarea sencilla para la fotógrafa.“En una sociedad como la nuestra, no está bien visto ni aceptado el posar con un arma de fuego, pero cuando las personas entienden que es para una obra artística, acceden. Al menos, eso es lo que me pasó a mí”, explica Ananké.
“El ambiente en cada foto es muy importante –analiza el curador–, ya que el sujeto está inmerso en un mundo que le pertenece y lo define dentro de un rango social, a la vez que muestra que son personas «normales».
“Para completar ese ámbito de «normalidad», la fotógrafa ha puesto a punto un procedimiento banal de registro: todos los personajes de Potencial (serie fotográfica) son retratados casi en la misma pose, como si no tuvieran expresión, portando un arma en la mano. La relajación del rostro parece determinar la quietud de la mano. Los detalles de la ropa a través de sus costuras ejecutan la función de contener la imagen. Fijan el descanso previo que define el título de la obra; es la calma que precede a la tormenta.
“La representación de cuerpo entero está en las antípodas del retrato de cédula de identidad. El tamaño natural las dota de un inquietante realismo que fija la pose en un momento precedente. En sus rostros se lee el deseo de que ocurra algo, porque en ese trance veremos de qué tela están hechos. Aquí, el ropaje hace al monje.
“En algunos casos, los muros de piedra hacen pensar en una fortaleza medieval proveniente de algún cuento infantil alojado en una memoria atávica del hogar. Las alfombras, los cuadros, los libros, nos hacen caer en la cuenta de que estamos frente a un interior acomodado, en el que el decorado es tan elocuente como el vestuario y la pose de los retratados. Esta elocuencia revela el valor de lo está por desacomodarse.
“Es muy probable que esta exposición no tenga que ver, directamente, con una amenaza que proviene del exterior, sino con la irrupción de lo excepcional en una vida común. Pero lo excepcional adquiere el rango de lo ordinario y se convierte en una norma.
“Esta obra, más que representar la figura social de la amenaza, busca hablar de un sentimiento generalizado de vulnerabilidad. En este sentido, es una metáfora, no de una amenaza efectiva, sino de una condición general de la vida humana de nuestros días, en la que los sujetos adquieren ciudadanía mediante la construcción compleja de su propia inseguridad.
“La exposición ha sido concebida en una progresión que contempla tres piezas: Potencial, serie de fotografías; Vigilia, serie de videos; Rueda de reconocimiento, montaje interactivo. Las dos primeras pueden ser tomadas como una antesala de la última. Pero, además, su distribución señala una distinción entre lo diurno y lo nocturno. Las fotos de cuerpos que portan armas son diurnas. Los videos reproducen la tensión nocturna de la luz que señala el lugar de disposición del arma, la proximidad del cuerpo. Lo que impide conciliar el sueño es la presencia diurna del arma que reclama su porte. Aquello que en un comienzo parece una amenaza, al final se resuelve como una flagrante agresión por el solo hecho de ingresar en un recinto. El procedimiento policial de reconocimiento es convertido en un dispositivo de feria, que resignifica la confianza que podemos tener en el ejercicio de nuestro derecho a la seguridad. Es allí donde se construye la política efectiva de banalización del incumplimiento de la ley. Es allí donde se localiza el crimen de la socialidad, y no tiene nada de banal.”
Datos útiles
- La obra se compone de tres partes: Potencial, serie de fotografías, de la que aquí se presenta un adelanto. Vigilia, serie de videos. Y Rueda de reconocimiento, video-instalación interactiva.
- Se puede ver en el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930, hasta el 15 de diciembre.
Las armas en cifras
En una encuesta de Ipsos-Mora y Araujo de este año, el 10% de la población económicamente activa del país (2,5 millones de personas) reconoció tener un arma, “para defenderse de los delincuentes”. Según la Fundación Lebensohn (Red Argentina para el Desarme), todos los días la prensa difunde una muerte, por arma de fuego, que no tiene relación con la inseguridad. Son suicidios, accidentes, crímenes pasionales. Entre 1997 y 2005 hubo 31.043 muertes por armas de fuego en la Argentina (Fuente Universidad de San Andrés). El Estado ha lanzado un programa nacional de entrega voluntaria de armas de fuego. Ya se recolectaron cerca de 60.000, a razón de 687 por día. En octubre último 20.000 fueron destruidas.
El peligro de las armas
Según los expertos, en Estados Unidos mueren 8 chicos por día por uso de armas de fuego. Según el Children’s Defense Fund desde los asesinatos de Robert Kennedy y de Martin Luther King Jr., en 1968, más de un millón de estadounidenses han muerto violentamente por disparos de armas de fuego.
En Finlandia, por ejemplo, hoy, un joven de 15 años puede poseer y utilizar un arma en forma legal. En ese país, donde el mes último un estudiante asesinó a 8 personas, el 30% de la población tiene armas.
Para saber más: www.anankeasseff.com





