
El adiós a un amigo entrañable
Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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El domingo 28 de octubre murió mi perro. Me dejó quince años de lecciones y rabietas, y el ejemplo de que siempre se puede dar algo más en esta vida.
Billy no era común. Por el contrario, fue un schnauzer excepcional. Era inteligente, orgulloso, a veces soberbio, templado, seguro de sí mismo y esforzado. Jamás buscó pelea, pero nunca rehuyó el combate.
Fue, en todo su sentido, un perro líder. Por eso tuvimos que convivir enseñándonos cuáles eran los límites que no pensábamos negociar. Al principio nuestra convivencia fue difícil. Pero una vez que aprendimos qué era lo que el otro aceptaba o rechazaba, nació una amistad entrañable. Fueron algo más de 15 años intensos en los que compartimos alegrías y penurias.
Billy, mi schnauzer, nunca hizo nada sin antes deducir a quién tenía enfrente y lo que se proponía. Allí residía su lealtad.
Siempre pensé que era la reencarnación de un actor porque disfrutaba del exhibicionismo. Lo divertían las exposiciones caninas, gozaba con el entrenamiento y se entretenía cada vez que actuó en un comercial de televisión. Como con todos sus congéneres, el tiempo erosionó sus facultades físicas. Pero no perdió su carácter indomable ni su lealtad incondicional.
En la casa y en mi interior quedó un gran vacío. Lo extrañaré cuando no lo vea correteando por alguna playa. Tampoco olvidaré su manera expresiva de pedir las cosas, ni las veces que se pegaba a mi pierna cuando su sexto sentido canino le indicaba peligro.
Murió sin quejarse, sin hacer sufrir a nadie. Si hay un paraíso para los perros, él estará allí porque se lo ganó en buena ley.
Exposición
- Gatos en escena: festejando el Día de la Tradición, el 10 y 11 del actual, entre las 10 y las 20, se realizará una exhibición de las razas más sofisticadas. La cita es en el Colegio IMEP, Moliére 2531, Villa Devoto. Auspicia Royal Canin.






