
El “Caribe” escondido de la Patagonia: ofrece playas de caracoles, agua turquesa y soledad absoluta (no hay ni guardavidas)
Está en el interior de la bahía de San Antonio, a 180 kilómetros de Viedma; es un secreto a voces entre los locales y una oportunidad para desconectar; descubrí los detalles
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Punta Perdices queda en el norte de la península de Villarino, dentro de la bahía de San Antonio, en la costa de Río Negro. Pertenece a la jurisdicción de Puerto San Antonio Este y se encuentra a 65 kilómetros de Las Grutas, a 180 de Viedma y a unos 1050 de la Ciudad de Buenos Aires.
Muchos la llaman el Caribe patagónico, un apodo que se explica por el contraste entre el azul intenso del agua y el blanco de una playa cubierta de conchillas. También se la conoce como Caleta Falsa, un nombre que remite a su forma: un brazo de mar que entra en el continente y ofrece reparo del viento.

Durante años fue un secreto de los vecinos, que se bañaban y pescaban con la pleamar y disfrutaban del cielo contra el lecho blanco con la bajamar. Hoy la eligen habitantes de Las Grutas y de San Antonio Oeste y cada temporada llegan más turistas. Quien vaya debe estar dispuesto a la quietud: no pasan vendedores ambulantes ni hay servicios de playa.
Un paisaje que cambia con la marea
El rasgo central del lugar es su vínculo con el mar. La marea sube durante seis horas hasta la pleamar y baja durante otras seis, de modo que el escenario se transforma dos veces por día. Con el agua alta, la caleta se convierte en una laguna mansa, transparente y sin olas, ideal para nadar, remar o bucear con snorkel. Con el agua baja, el mar se retira y deja a la vista un peñasco extenso, islas de conchilla y piedra, rías y piletones. Por entre las rocas corren arroyitos donde suelen verse cardúmenes de cornalitos, que se pescan con redes o con mediomundos.

La costa tiene tres paisajes distintos que dibujan una U: un médano de conchilla, una franja de piedra redonda y una playa de arena. Con la pleamar, el espacio para instalarse es el médano, que queda a la orilla de esa pileta natural. Con la bajamar, los visitantes se acomodan en las islas de conchilla, junto al agua. Cada paso sobre el suelo produce un crujido propio de la zona y el aire es limpio. Como la marea marca el ritmo del día, conviene consultar las tablas antes de salir.
Sobre la temperatura del agua, las referencias más citadas hablan de un rango de 17 a 28 grados en temporada de verano, que es la mejor época: cuando el agua resulta disfrutable para el baño y el sol se refleja con fuerza sobre las conchillas. Por eso se recomienda llevar protector solar de factor alto y sombrilla porque no hay sombra natural. También se aconseja calzado cómodo u ojotas, ya que la playa está llena de caracoles y piedras pequeñas.

Qué hay y qué no
Conviene llegar preparado. En Punta Perdices no hay guardavidas, baños ni puestos de comida estables, salvo algún puesto temporal. Tampoco se alquilan sombrillas, no hay alojamiento ni está permitido acampar. Lo más cercano para aprovisionarse es San Antonio Este, que queda a pocos minutos. Se aconseja llevar agua y comida suficientes y llegar temprano para pasar el día, porque quien olvida algo debe volver hasta el puerto.

A la altura del Mirador Norte, frente al mar, funciona el Parador Serena. Ofrece cafetería, platos de pescados y mariscos, alquiler de kayaks y tablas de stand up y excursiones en semirrígidos. Una de ellas, de jornada completa, combina paseo, pesca embarcada y remo. Quien busque dormir cerca puede elegir Saco Viejo, ubicado frente a la playa Las Conchillas y a menos de cinco minutos del puerto, o bien Las Grutas y San Antonio Este.
Qué hacer
La quietud del agua favorece el kayak y el stand up paddle. Hay pesca de costa en toda la franja de las conchillas y cerca de la lobería y también pesca embarcada. Los observadores de aves encuentran una gran variedad de especies que se refugian en esta costa.
Desde el puerto salen paseos de avistaje en semirrígidos que duran casi dos horas. En ellos pueden verse delfines nariz de botella, comunes y oscuros, lobos marinos de uno y dos pelos, pingüinos y distintas aves.

Otro destino cercano es Punta Villarino, donde está el apostadero de lobos marinos y las playas que se extienden a ambos lados del muelle pesquero. En los alrededores se encuentra además el Área Natural Protegida Bahía de San Antonio. En enero, el puerto recibe buques que cargan la fruta del Alto Valle con destino a la exportación, otra postal que vale la pena agendar.
La villa portuaria completa el plan con sus restaurantes y cantinas, conocidos por la variedad de pescados y mariscos y por las porciones abundantes. Muchos visitantes combinan la mañana de playa con un almuerzo en el pueblo.

Cómo llegar
Desde Buenos Aires, el trayecto se hace por la ruta nacional 3 hasta San Antonio Este, con un empalme final con la ruta provincial 1. Ya en la villa portuaria, un camino de ripio que nace en el Mirador Norte recorre la costa hasta la entrada de la caleta, donde el acceso se transforma en una huella. Antes de llegar al puerto aparecen Saco Viejo, un pueblo con hospedaje y comercios y el balneario La Conchilla, sobre la ruta 3.
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