srcset

Pink Floyd

El hombre detrás de la pared más famosa del mundo

Francia Fernández
(0)
12 de mayo de 2019  

La relación de Gerald Scarfe (82) y Pink Floyd comenzó con una llamada. Era 1973. La BBC acababa de emitir Long Drawn-Out Trip (1971), un cortometraje en el que el artista británico Gerald Scarfe -aclamado en su país por sus caricaturas políticas para The Sunday Times- se reía del mito del "héroe americano" mediante la sucesión de imágenes famosas como la Estatua de la Libertad o Mickey Mouse, que aparecía drogado. Roger Waters , vocalista y bajista del grupo, y el baterista Nick Mason habían visto el film por separado y el primero le dijo al segundo: "Tenemos que reclutar a ese tipo, está loco".

Entonces la banda era conocida por sus experimentaciones sonoras y sus despliegues visuales. "Lo primero que hice con ellos fue Wish You Were Here, en 1975", dice Scarfe a LA NACION revista, por teléfono, desde su estudio londinense. Habían pasado dos años desde la primera vez que Waters, Mason y él se reunieron, y los músicos le dieron copias de los ocho discos que la banda -que entonces completaban David Gilmour (guitarrista y vocalista) y Richard Wright (tecladista y vocalista)- había lanzado hasta el momento. "Cuando comencé a trabajar con Pink Floyd, me gustaban, pero no era un fan, no era que me volvieran loco. Me ocurría lo mismo con los Beatles. En cambio, los Rolling Stones me parecían más estimulantes. Con el tiempo, mi gusto por Pink Floyd aumentó", detalla Scarfe.

La primera vez que los vio en vivo fue meses después de aquella reunión, en un recital de The Dark Side of the Moon, en el Teatro Rainbow, de Finsbury Park. "Fue un espectáculo increíble. Como todo el público, quedé impactado cuando vi que un modelo de un bombardero Stuka sobrevolaba nuestras cabezas y se estrellaba en el escenario. Creo que eso me convenció de trabajar con ellos", relata. Al día siguiente, además, compró una campera de cuero y unos jeans, y se "volvió" rockero.

Crédito: Gerald Scarfe

Scarfe fue responsable de la gráfica de The Wall (1979), y también animador y diseñador de la famosa ópera rock que dirigió Alan Parker, que marcó a diferentes generaciones luego de su estreno, en 1982. Al igual que el disco, inspirado en la vida de Roger Waters y listado en el puesto 87 de Los 500 mejores álbumes de la historia de la revista Rolling Stone, el film Pink Floyd The Wall significó una revolución para la época, no solo porque puede ser considerado el primer videoclip de larga duración, sino también por los dibujos estilizados, evocativos, oscuros y sicodélicos que Scarfe realizó en torno de las fantasías y los traumas de Pink, una estrella de rock aislada de la sociedad que ha tenido que lidiar con la muerte de su padre, la figura sobreprotectora de su madre, los abusos de sus profesores y el abandono de su mujer. Las drogas, la fama, la guerra, la infancia y la muerte fueron los temas centrales de un ambicioso y accidentado proyecto.

Roger Waters le habló de The Wall a Scarfe una noche de 1978. Llegó hasta su casa, en Chelsea, con las primeras cintas del disco, las reprodujo y le comentó que quería hacer un álbum, un show en vivo y una película. "Solíamos juntarnos en mi casa: yo le mostraba mis esbozos y los discutíamos. O quedábamos en la casa de Roger y charlábamos, mientras jugábamos snooker, una especie de pool, y bebíamos mucha cerveza", rememora el dibujante.

Primero, Scarfe diseñó al vulnerable Pink; su mujer, que se convierte en una mantis; su asfixiante madre, y el profesor, un "monstruo de ojos saltones". Estos personajes, en versión gigante, eran infaltables en los shows, que implicaron la construcción -ladrillo a ladrillo, aunque en material liviano- de una pared, que se iba armando, a lo largo del escenario, mientras el conjunto tocaba, y separaba completamente a los músicos del público. La idea surgió luego de que un fan escupió a Waters en una performance. "Las marionetas acechaban el escenario como fantasmas y tres de mis films animados se proyectaban sobre la pared gigante simultáneamente, en sincronía con la música que tocaba Pink Floyd. Todo funcionaba como un sueño. Era un éxito", apunta Scarfe. "Siempre me sorprendía el resultado. Roger y yo nos habíamos sentado a planificar detalladamente el concierto durante cuatro horas y ahí estaba, delante de nosotros: un colosal circo romano... Me llamaban 'el quinto' integrante del conjunto, el sir Francis Drake de la Corte de Isabel I", bromea.

Crédito: Gerald Scarfe

Para Pink Floyd, el dibujante diseñó igualmente pósteres y remeras. "Las remeras de otros grupos solo llevaban el nombre de la banda. Acá, había muchos elementos", señala. El álbum -lanzado en noviembre de 1979- también tenía lo suyo: era doble, con una intencionalidad, ya que representaba una "metáfora sobre el aislamiento y la rebelión", según la crítica, y dejó hitos como "Another Brick in the Wall (Part Two)", un tema contra la dureza de instituciones educativas como los internados, que se mantuvo en el primer lugar de los rankings británicos durante un mes. Y poco después fue un éxito en los Estados Unidos.

Ilustrar la música de Pink Floyd fue un proceso largo. "Comencé haciendo las animaciones para los conciertos de Wish You Were Here. 'Hacé lo que quieras', me decía Roger. Yo le decía que las cosas no funcionaban así, que había un soundtrack, voces a las cuales animar... Al principio, intenté hacer algo medio surrealista: poner gente que subía hasta el cielo y bajaba en forma de hoja, cosas así. Fue una lucha. Y él repetía que hiciera lo que quisiera". Así surgieron las flores de The Wall, por ejemplo, que para Scarfe representan "el amor, que nace y, luego, muchas veces, no resulta", y que, en Inglaterra son conocidas como las fucking flowers, por las connotaciones sexuales que el público ve en ellas. Originalmente, Scarfe las pensó para el cierre de la película. Después, las acomodó en otra parte. Su misión era "conjugar la música con las imágenes". Y fue lo que hizo.

Teatro, egos, pesadilla

Cuando Pink Floyd contactó a Scarfe, él hacía cosas para teatro. En realidad, además de caricaturista político -para publicaciones como The New Yorker y Private Eye-, este dibujante nacido en Londres -y casado con la actriz Jane Asher, novia de Paul McCartney antes de que este conociera a Linda Eastman- es diseñador teatral. Creó, por ejemplo, el vestuario y la escenografía para La flauta mágica, de Mozart, que suele montarse en Los Ángeles, y también el set y los trajes del ballet Cascanueces, de Tchaikovsky, que se presenta cada Navidad en Londres. En 1997, en el cine, también se encargó de la animación de Hércules. "Pensando en por qué me llamó Roger para trabajar con Pink Floyd, creo que, como yo hacía cosas como caricaturista político, me buscó porque yo podía brindar una mirada política de una forma satírica", analiza.

Este año se cumplen 40 del lanzamiento del álbum The Wall. ¿Qué significa para Scarfe, después de tanto tiempo? "Estoy contento de haber sido parte de ello. La gente continúa hablando de The Wall después de todo este tiempo, algo que jamás me hubiera imaginado -responde-. A otros niveles, me abrió caminos, porque me dio visibilidad internacional... Y aún soy fan de Pink Floyd y continúo teniendo una especie de amistad con Roger, Nick y David. Fue una experiencia excitante. Yo me uní a ellos cuando andaban de gira, entonces también se trató de una vivencia rocanrolera". Para hacerse una idea, de The Wall se hicieron solo 31 conciertos (que si bien fueron espectaculares, no rindieron económicamente).

Una vez, en Los Ángeles, un hombre se le acercó a Scarfe, tras enterarse de que había participado en The Wall. Le preguntó si eso había cambiado su vida. "No, era un trabajo", le contestó. "Pues cambió la mía", replicó el hombre. También cambió el futuro de Pink Floyd, ya que significó el desmembramiento de la banda original, con la salida de Richard Wright. Solo en 2005, después de 24 años, los cuatro integrantes de la etapa más gloriosa del grupo volvieron a tocar juntos, en la versión londinense de Live 8, un evento para combatir la pobreza.

Según Scarfe, el rodaje de la película fue una pesadilla. "Éramos tres personas con sus egos; tres directores en el mismo cuarto. Se produjo fricción. Por un lado, Alan Parker quería tener control total. Por otro, con Roger veníamos trabajando juntos desde hacía unos años y habíamos puesto tanto en el proyecto que no queríamos soltarlo", comenta. Parker y Waters se peleaban todo el tiempo, y Scarfe estuvo a punto de renunciar porque sentía que el director lo hacía a un lado. "Hubo mucha lucha. Yo trataba de concentrarme en la idea de que estábamos haciendo un proyecto maravilloso, no en las internas". La tensión creció, al punto de que Scarfe conducía, a las 9 de la mañana, con una botella de whisky hasta los estudios Pinewood -donde se filmó el grueso de la cinta-, ubicados 27 kilómetros al oeste de Londres. "No soy un bebedor empedernido, pero tenía que beber un trago para enfrentar el caos que había ahí", contó más de una vez. "Lo positivo es que esa angustia aporta al film, porque está puesta ahí, de cierta manera -admite-. Menos mal que los malos recuerdos se van borrando... Cuando publiqué un libro sobre los bastidores ( The Making of Pink Floyd The Wall, 2010), Alan Parker vino por acá y tuvimos un encuentro amigable".

Crédito: Gerald Scarfe

Adiós cielo azul

De la película, su parte favorita es la del tema "Goodbye Blue Sky", que comienza con un pajarraco negro que planea sobre Londres. Luego se ven aviones amenazantes, personas con máscaras de gas dentro de un búnker y sangre que se derrama sobre la tierra, mientras David Gilmour canta: Did you see the frightened ones/ Did you hear the falling bombs? / Did you ever wonder why we had to run for shelter when the promise of a brave new world unfurled beneath a clear blue sky? (¿Viste a los asustados?, ¿Escuchaste las bombas?, ¿Te preguntaste alguna vez por qué teníamos que correr a refugiarnos cuando la promesa de un mundo feliz se desplegaba bajo un claro cielo azul?). "Yo viví literalmente a través de la pared con el bombardeo de Londres en los años de la Segunda Guerra Mundial. Roger perdió a su padre en esa guerra. Para mí, 'Goodbye Blue Sky' es como un poema animado. No quería que fuera una pieza estática. Tiene algo de nostalgia en movimiento...", sostiene.

Al diseñador, que también vivió los agitados 60, el mundo actual le parece "bastante triste". "Yo aún dibujo caricaturas políticas. Y trabajo con cosas malas, es material que busca llevar la atención del público hacia lo malo que hace la gente. Gente como el señor Trump, por ejemplo. Acá, todo el tiempo hay discusiones sobre el Brexit, de cómo dejar Europa. No estoy a favor, pero hubo un referéndum y el 52% de los votantes decidieron salirse de la Unión Europea. Ahora, la señora May está viendo cómo lleva adelante eso. Es un tema difícil".

Scarfe dice que está "aburrido de dibujar políticos arrogantes". Actualmente, además de disfrutar de reconocimientos muy variados, como el de un bar del Hotel Rosewood London que lleva su nombre, o que la muestra Gerald Scarfe: Stage and Screen, con su costado teatral, esté de gira por Inglaterra, o de haber participado de la exposición Pink Floyd: Their Mortal Remains, del Victoria and Albert Museum (V&A), el año pasado, está preparando un libro que saldrá en noviembre. "Será una retrospectiva enorme de mi trabajo, desde caricaturas políticas hasta mis diseños para la ópera y el teatro y, por supuesto, Pink Floyd The Wall", enumera.

Sí, The Wall ha sido lo más desafiante que ha debido enfrentar profesionalmente. "Algunas veces fue frustrante y absorbió mi tiempo, pero también fue uno de los proyectos más satisfactorios en los que he trabajado", dice Scarfe, quien se hizo dibujante gracias a una dificultad: era "un asmático crónico, enclenque y postrado en cama", un hijo único -hasta los 8 años- que no tenía muchos amigos y hacía dibujos para expresar sus temores. También confeccionaba juguetes y marionetas. "Gracias al dibujo he tenido una vida amena, he viajado muchísimo y me he divertido en grande, burlándome de los petulantes". Ha sido un largo camino: no solo otro ladrillo en la pared.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.