
Hace 20 años, en Alemania, se celebraba la Copa Mundial de Fútbol 2006. Más allá de las emociones y estadísticas que dejaba la gesta deportiva en los campos de juego teutones, en las gradas de ciertos estadios emergía un fenómeno social cargado -o recargado- de glamour. Y con perfume de mujer.
La belleza y el estilo que exhibían las parejas de los futbolistas de la selección inglesa sorprendió por igual tanto a los amantes del balón como a los de la moda. La atracción generada por estas muchachas cuya máxima representante era Victoria, exintegrante de las Spice Girls y señora de David Beckham, tuvo una repercusión tan enorme que la prensa británica inventó un nombre para ellas: WAGs, un acrónimo que en inglés remitía a Wives and Girlfriends -esposas y novias- de los futbolistas.

En aquel verano europeo de 2006, estas mujeres revolucionaron la ciudad alemana de Baden Baden, donde se hospedaban. Se convirtieron en estrellas de los tabloides de su país y del mundo en virtud de sus llamativos looks que marcaron tendencia, por sus noches de fiesta y sus visitas con enormes desembolsos a los shoppings y las tiendas más ostentosas del lugar. Por esto último, fueron graciosamente apodadas “hooligans con VISA”.
La influencia de estas jóvenes WAGs fue tan enorme que El País de España rescata una encuesta de la época que decía que el 60 por ciento de las jóvenes británicas de entre 21 y 25 años deseaban convertirse en mujeres de futbolistas.

El origen del término “botinera”
Por supuesto, el fenómeno de las mujeres de los futbolistas tuvo su propia versión con pluralidad de ejemplos en la Argentina. Pero aquí no se las definió con un acrónimo, una sofisticación muy british, sino con una palabra directa que no requiere mayores explicaciones: botineras.
Si bien hay dignas representantes del género en las décadas del 70 y los 80, como la hipnótica Carmen Yazalde o Pata Villanueva, la palabra creada para referirse a ellas llegó en algún momento en la primera década de los 2000.
Como ocurre con los términos que se popularizan rápidamente, es difícil determinar el origen exacto de esta palabra. Posiblemente, la mejor explicación acerca de ello la haya dado Luis Ventura, el periodista de espectáculos, que en el streaming Arroban se metió en la génesis de la palabra.
“Nazarena Vélez en una nota hablaba de alguien que se había curtido (sic) a un futbolista y hablaba, de manera genérica, de ‘botineras’. Quien capta ese término fue un editor de Paparazzi. Lo que nosotros generamos fue el ‘espacio botinero’, que no existía”, contó el periodista.

Entre las WAGs y las botineras
Existe, eso sí, una diferencia entre la utilización del término WAG en terreno británico y las botineras argentinas. Mientras el primero es más neutro y remite al glamour, aunque a veces demasiado barroco, el segundo suele llevar consigo una connotación peyorativa.

Botineras se atribuye popularmente, aunque no siempre, a mujeres que ya son algo conocidas, pero que buscan “salvarse” con la fortuna del jugador con el que salen. O, simplemente, quieren hacerse famosas con el futbolista y ganar visibilidad.
Es la imagen de estas damas la que en el año 2009 transmitió una serie que se volvió muy popular en la televisión argentina. Se trata de, precisamente, Botineras, una ficción nocturna de Telefe que protagonizaron Florencia Peña, Romina Gaetani y Nicolás Cabré, en la que, entre otras líneas argumentales, había una agencia de modelos -manejada por Peña- dedicada a introducir mujeres en el mercado de los futbolistas profesionales para hacerlas conocidas y sacar réditos monetarios.

Actrices/modelos y futbolistas
Más allá del origen y evolución del término, el caso es que la unión entre famosas y futbolistas en nuestro país viene de larga data. Si se recurre a la historia de los cruces entre fútbol y espectáculos, vale citar como la pareja primigenia la que conformaron, a fines de los años 60, la actriz Marta González con el futbolista de Argentinos Juniors José “Chiche” Sosa.
La boda de ambos, celebrada el 2 de junio de 1968, tuvo una notable repercusión mediática. Sin saberlo, la intérprete de Boquitas pintadas inauguraba el rubro de las botineras.

El siguiente romance que hoy cumpliría todos los requisitos de la patria botinera es el que protagonizaron la modelo de origen portugués Carmen Yazalde y Héctor “el Chirola” Yazalde. El delantero conoció a quien sería su esposa en 1971, cuando jugaba en el Sporting Lisboa. Se casaron en 1973 en Buenos Aires.
En una reciente entrevista en La Nación, Carmen señaló que el término botinera le parecía “espantosamente de mal gusto”.

Más adelante se puede señalar otras parejas que acercaron el ambiente de la farándula al fútbol. En la década del ‘70, la ascendente modelo ‘Pata’ Villanueva y el Conejo Alberto Tarantini, jugador de River y la selección se enamoraron, en una relación que llegó con una Copa del Mundo, Argentina 1978, bajo el brazo.
También en los 70 hubo otra rutilante pareja formada por la vedette y modelo Sonia Pepe y el ídolo de San Lorenzo Héctor ‘el Bambino’ Veira.

Parte del habla popular
En los tiempos de Mundiales de fútbol, tal como pasó en aquel de Alemania 2006, las novedades de las mujeres de los futbolistas suelen tener un espacio en los portales de noticias y las redes sociales.

Así ocurrió en Qatar 2022 y así volverá a ocurrir en esta Copa que comienza hoy. Por sus actividades, sus looks o sus posteos, esas mujeres han logrado armar su propia agenda mediática.
En definitiva, el término botinera nació en los 2000 para describir un fenómeno que ya existía -mujeres, en general con algo de fama, que se relacionan con futbolistas-, y sigue existiendo hasta el día de hoy. Y lo más probable es que esta palabra siga formando parte del habla popular por muchos años y por muchos Mundiales de Fútbol también.





