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Entre Ríos. El Palmar de Colón: la historia detrás de este paisaje cautivante

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30 de septiembre de 2020  • 19:53

Las palmeras constituyen una de las familias botánicas notables del reino vegetal, con más de 2.600 especies, mayormente distribuidas en zonas cálidas. El tallo se denomina estípite, suele ser único, aunque hay algunas "multicaules". Por su ubicación geográfica, la Argentina tiene un número modesto de especies nativas de palmeras: 12. Se emplean más de 15 palmeras de otras regiones naturales en jardinería, tanto los renovales de menos de 1 m de alto como plantas de interior, como algunos "gigantes" de 10 o más metros de altura.

La distribución de Butia yatay abarca zonas templado cálidas del nordeste argentino y parte del Uruguay; predominan bosques bajos y sabanas, donde la altivez de la especie mantiene protagonismo y conforma un paisaje digno de un jardinero renombrado.

El Parque Nacional El Palmar, creado en 1966, tiene una superficie de 8.213 ha y cuenta con senderos, área de picnic, observatorios de aves, restaurante y proveeduría.
El Parque Nacional El Palmar, creado en 1966, tiene una superficie de 8.213 ha y cuenta con senderos, área de picnic, observatorios de aves, restaurante y proveeduría. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Es interesante rescatar que fue este paisaje de yatay en pastizales el escenario histórico que despertó las primeras vivencias de admiración de las que tenemos registro. Los expedicionarios atravesaron a caballo el Palmar Grande de Colón. Y fue este paisaje el que despertó preocupación. La ganadería limitaba la presencia de renovales de palmeras en los campos de Entre Ríos. Durante el siglo XX, los palmares de yatay fueron arrasados por el avance de la agricultura y luego las forestaciones de eucaliptos y otras especies exóticas.

Un fragmento del paisaje entrerriano, con extensos cielos abiertos y espejos de agua que invitan al descanso y también a la investigación científica.
Un fragmento del paisaje entrerriano, con extensos cielos abiertos y espejos de agua que invitan al descanso y también a la investigación científica. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Las voces de alerta que elevaron los botánicos motivaron la creación del Parque Nacional El Palmar en 1966. En las primeras fotografías del área natural se ven palmares con rala cubierta herbácea como resultado de la ganadería intensiva durante décadas.

El Palmar, un atractivo paisaje dominado por las palmeras yatay.

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Más desafíos

La creación del Parque Nacional brindó alivio por el logro. En aquellos años se pensaba que el retiro de animales domésticos motivaría el regreso a la situación originaria. Los pastizales se recuperaron vigorosos en esa primera etapa. Pero pronto la sucesión vegetal se direccionó hacia un arbustal. Surgieron dos problemas. Por un lado, el aumento de la biomasa combustible e incendios de grandes proporciones, que tuvieron impacto en los medios de comunicación. Por otro lado, los arbustos brindaron un hábitat inicial a las aves frugívoras que dispersaron rápidamente árboles, muchos de ellos exóticos como el paraíso. El palmar se encaminó hacia dos situaciones indeseadas: fuegos incontrolables o el crecimiento de un bosque que cambió la fisonomía del paisaje donde reinaba el yatay.

Mientras tanto, la ecología como ciencia se nutría con nuevas herramientas para comprender estos procesos y ensayar su manejo. La realización de quemas prescriptas resultó una forma práctica de limitar el avance de arbustos y árboles, varios de ellos exóticos.

El Parque Nacional El Palmar cuenta con senderos educativos para conocer todos sus ambientes, incluso las selvas ribereñas del río Uruguay y los arroyos que allí desaguan.
El Parque Nacional El Palmar cuenta con senderos educativos para conocer todos sus ambientes, incluso las selvas ribereñas del río Uruguay y los arroyos que allí desaguan. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Convivir con el fuego en un área natural protegida fue otro desafío. Un incendio resulta para el ser humano una escena peligrosa y trágica, con justificada razón. Sin embargo, aquí permite mantener el paisaje histórico de un pastizal con palmeras.

Otro factor que dificulta la renovación del palmar es la presencia de animales asilvestrados. "El Plan de Control de Mamíferos Exóticos -explica Aristóbulo Maranta, biólogo de Parques Nacionales- logró detener la proliferación de jabalíes, traídos a la Argentina desde Europa. Luego de 16 años de la alta intensidad en el control que aportó dicho plan, se ha constatado un aumento de palmeras juveniles, entre el 600 y el 3.400% en las parcelas estudiadas".

Durante el recorrido por el parque, es posible cruzarse con carpinchos confianzudos y avistar gran variedad de aves silvestres.
Durante el recorrido por el parque, es posible cruzarse con carpinchos confianzudos y avistar gran variedad de aves silvestres. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Fueron los botánicos quienes elevaron las voces de alerta ante el avance de la agricultura y luego las forestaciones de eucaliptos y otras especies exóticas por sobre los palmares de yatay. Ellos motivaron la creación del Parque Nacional El Palmar en 1966, desde entonces espacio protegido y admirado
Fueron los botánicos quienes elevaron las voces de alerta ante el avance de la agricultura y luego las forestaciones de eucaliptos y otras especies exóticas por sobre los palmares de yatay. Ellos motivaron la creación del Parque Nacional El Palmar en 1966, desde entonces espacio protegido y admirado Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Recurso valioso

A la vez que las poblaciones de yatay en ambientes silvestres mermaban aceleradamente, se observaban sus renovales en forestaciones, banquinas y algunos campos. Aquí queda a la vista otra fortaleza del yatay: sus frutos son dispersados por animales y mantienen durante años su poder germinativo.

Arturo Ragonese fue un ingeniero agrónomo que estudió los palmares de yatay durante la década de 1940. Con fines ornamentales, en 1971 propuso su inclusión en espacios verdes de la ciudad de Buenos Aires.

Izquierda: La revista tuvo dos anfitriones de lujo durante su visita al Parque: la bióloga María Cecilia Li Puma y el guardaparque de apoyo Claudio Croci. Derecha: distintos senderos permiten disfrutar diferentes perspectivas del parque.
Izquierda: La revista tuvo dos anfitriones de lujo durante su visita al Parque: la bióloga María Cecilia Li Puma y el guardaparque de apoyo Claudio Croci. Derecha: distintos senderos permiten disfrutar diferentes perspectivas del parque. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Una primera opción para proveer yatay en el mercado fue el retiro de renovales del medio silvestre. Pero ya en el siglo XXI, se incrementó la multiplicación en viveros, lo que permitió abastecer una demanda incipiente en jardinería y restauración ambiental.

El yatay es adecuado para portales de ciudades, bordes de caminos rurales, espacios verdes urbanos, bulevares. Su cultivo en las regiones donde es originaria permite acentuar la identidad del lugar con un componente emblemático de gran belleza. En los últimos años, ha madurado la percepción de otros valores del yatay. En la búsqueda de recursos locales distintivos, en Ubajay, localidad vecina al Parque Nacional El Palmar, se está revitalizando el uso culinario del fruto de yatay.

La combinación de palmares de yatay bien conservados y un desarrollo gastronómico en torno a su fruto está posicionando un circuito turístico regional.

Algo especial tiene el conocido Palmar de Colón entrerriano. Un atractivo paisaje dominado por las palmeras yatay, refugio de fauna y de flora nativas. Una historia que sigue mostrando facetas novedosas, interrogantes sin respuestas y desafíos para asegurar su conservación.
Algo especial tiene el conocido Palmar de Colón entrerriano. Un atractivo paisaje dominado por las palmeras yatay, refugio de fauna y de flora nativas. Una historia que sigue mostrando facetas novedosas, interrogantes sin respuestas y desafíos para asegurar su conservación. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Nuevos yatays

La revalorización de la palmera yatay es la base más sólida para asegurar su conservación. Mientras este proceso está en marcha, los botánicos le dieron identidad de especie al yatay poñi (Butia paraguayensis), antes considerada una subespecie. Habita pastizales con suelos arenosos del nordeste argentino.

En 2012 una población de yatay de Paso de los Libres, Corrientes, fue descripta como especie nueva: el yatay de Bonpland (Butia noblickii). Y en 2017 lo que se pensaban eran yatay poñi del sur de Misiones, se validaron como un endemismo en peligro de extinción: Butia poni. Los aprendizajes con el yatay de Colón nos posicionan para saber cómo salvar a sus "hermanas" más pequeñas. No faltan conocimientos, sino decisiones razonables. Sin duda, los protagonistas de estas nuevas historias por escribir están en los ámbitos de la conservación y la jardinería.

Por el momento y debido a las medidas sanitarias por la pandemia de COVID-19, el parque se encuentra cerrado al público, pero las autoridades prevén una reapertura paulatina que permitirá, en las primeras etapas, el ingreso de habitantes de las localidades cercanas. Para consultas, el teléfono de Informes es 03447-493053. Correo electrónico: elpalmar@apn.gob.ar .

Por Eduardo Haene.

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