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El perro de apoyo emocional que le cambió la vida de mujer mayor: “Lo que sucedió fue emocionante”

Chiche demostraba una gran predisposición para el aprendizaje, la obediencia y la búsqueda constante del contacto humano, una característica indispensable en este caso

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Desde sus primeros meses de vida, se destacó entre sus pares por una sensibilidad singular. “Era un perro alegre, cariñoso y obediente, un cachorro que disfrutaba de estar cerca de las personas, recibir caricias e interactuar con ellas. Esa combinación de alegría, sensibilidad y facilidad para vincularse fue lo que nos hizo pensar que tenía las condiciones necesarias para convertirse en un gran compañero de apoyo emocional”, recuerda Carmen Pérsico, creadora y fundadora de Fundación Caral, que se dedica a mejorar la calidad de vida de las personas a través de la interacción y el vínculo especial con perros de terapia y apoyo emocional.

En los ejercicios del proceso de selección para perros de asistencia, Chiche no solo demostraba una gran predisposición para el aprendizaje y la obediencia, sino también una búsqueda constante del contacto humano.

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Del otro lado de la historia se encontraba una mujer mayor que atravesaba un cuadro de depresión profunda. “Ana, su hija, se puso en contacto conmigo y me contó que su mamá, Sebastiana, estaba atravesando una situación emocional muy difícil. Se encontraba profundamente triste, desanimada y con pocas ganas de salir de su casa”, detalla Carmen.

El cuadro de la mujer preocupaba de cerca a su familia. Su hija, decidió entonces buscar una alternativa terapéutica y se contactó con los entrenadores de la Fundación Caral para evaluar la posibilidad de sumar a Chiche a la vida de su madre.

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Un primer encuentro revelador

Aunque la familia temía que Sebastiana rechazara la propuesta de salir de casa, la respuesta de la mujer sorprendió a todos. El día acordado para la presentación, la mujer asistió junto a su hija al encuentro del perro.

Lo que sucedió en ese primer contacto superó cualquier expectativa. “Lo que sucedió fue profundamente emocionante. Desde el primer momento se produjo una conexión increíble entre los dos. Sebastiana lloraba mientras lo acariciaba y Chiche, con su alegría y su manera tan especial de acercarse a las personas, buscaba animarla y establecer contacto. Fue amor a primera vista. No hizo falta demasiado tiempo para comprender que entre ellos había nacido un vínculo muy especial”, rememora Carmen.

La conexión fue instantánea y marcó el inicio de un lazo afectivo imprevisto que cambiaría la dinámica cotidiana de la mujer y el perro.

El proceso de adaptación y entrenamiento específico

Para que un perro pueda convivir y asistir a una persona mayor en su entorno doméstico, se requiere una preparación técnica previa que garantice la seguridad y el confort de ambos.

“Chiche ya venía realizando un trabajo de preparación desde cachorro. Dentro de nuestro proceso de entrenamiento, buscamos perros con un temperamento adecuado, buena capacidad de adaptación y predisposición para relacionarse con las personas”, explica Carmen.

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Parte del entrenamiento que hacen en Fundación Caral -que cuenta con acompañamiento de expertos de Royal Canin a través de equipos interdisciplinarios que incluyen profesionales de la salud, psicología, terapia ocupacional y educación canina positiva-consiste en familiarizar a los perros con diferentes elementos que pueden encontrar en residencias o en hogares de adultos mayores, como sillas de ruedas, bastones y otros dispositivos de apoyo.

“En el caso de Chiche, muchos de esos elementos también estaban presentes en la casa de Sebastiana, por lo que ya le resultaban conocidos. Esto facilitó muchísimo su adaptación al nuevo entorno. Además, acompañamos a Ana brindándole indicaciones y herramientas para que pudiera continuar trabajando las órdenes básicas de obediencia y reforzar lo aprendido durante su entrenamiento”.

Una compañía hasta el final

La llegada de Chiche le dio a Sebastiana una razón para reestructurar su día a día. El perro se convirtió en su sombra desde el amanecer hasta la hora de descansar. Asumir pequeñas responsabilidades —como alimentarlo, cepillarlo y participar de sus cuidados con la asistencia de su familia— le permitió recuperar rutinas perdidas y encontrar un motivo concreto para involucrarse nuevamente en su entorno.

“Chiche fue su apoyo emocional, pero también una fuente permanente de cariño, alegría y compañía. Creo que uno de los aspectos más valiosos de esta historia es que el beneficio fue mutuo: Sebastiana encontró en Chiche un compañero que la necesitaba y él encontró en ella una persona que le brindó todo su amor. Estuvieron juntos hasta los últimos días de Sebastiana. Chiche la acompañó con la misma fidelidad y afecto desde aquel primer encuentro hasta el final de su vida”, concluye Carmen.

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