
El tigre tailandés
Me miraba pensando seguramente quién se atrevía a romper su monotonía
1 minuto de lectura'


Me miraba fijamente y casi me temblaban las piernas. Tenía que entrar y hablar sobre él.
La temperatura en el lugar era mayor a los 35°C. La humedad cercana al noventa por ciento.
Llevaba puestos unos cortos pantalones, zapatillas deportivas y la ya conocida camisa.
Mientras me invitaban a ingresar se me cruzaban por la cabeza las más sórdidas imágenes.
No me estaba esperando una estrella de Hollywood o del rock, no me esperaba ningún líder mundial. Ni tampoco un deportista de leyenda o algún Premio Nobel. Pero igualmente me sentía intimidado.
Simplemente estaba entrando a un gigantesco recinto donde me esperaba uno de los animales más feroces y apasionantes del reino animal. El tigre.
Mas de doscientos kilos de peso. Sentado sobre sus cuartos traseros y produciendo ese curioso ronroneo propio de los grandes felinos me miraba con curiosidad (eso creía yo), pensando seguramente quién se atrevía a romper la monotonía de su hábitat.
Llegué aquí invitado por Somsak, un gracioso tailandés que me estaba mostrando los lugares más apasionantes de su país.
El viejo Reino de Siam, hoy en día Tailandia, es una país situado en el sudeste asiático que cuenta con una longeva historia. Su capital es Bangkok, imposible reproducir su nombre ceremonial nuevamente como lo hicimos hace un par de semanas, y es una de las ciudades más vibrantes de la región. Con una mezcla perfecta entre las tradiciones, su monarquía y religión y la modernidad.
Entre las maravillas que podemos ver en la ciudad se encuentran el gran templo de Wat Pho, el Templo del Buda de esmeralda y el Gran Palacio de Bangkok, o recorrer las orillas del Chao Phraya.
También podemos perdernos en laberínticos mercados. Imperdible el Damnoen Saduak, en Ratchaburi, un mercado flotante a unos cien kilómetros de la capital. Les puedo asegurar que es una experiencia diferente.
A todo esto, y más, hay que agregarle las maravillosas playas como Ao Pai en Koh Samet, Maya en Kho Phi Phi o Mae Nam en Koh Samui, verdaderos lugares de ensueño. Y ya que estamos de viaje, es difícil no querer verlo todo, imposible perderse de conocer la vieja ciudad real de Ayutthaya, con las ruinas de cientos de años.
Pero volvamos a nuestro tigre.
Somsak quería mostrarme también un lugar donde se colabora con el cuidado de estos animales tan imponentes y se ayuda a evitar la extinción de uno de los reyes del reino animal.
Hasta ahí todo fenómeno. La verdad que es un placer poder viajar y poder ver de cerca a estos colosos de la naturaleza. Se acordarán de mi encuentro con una anaconda en el Amazonas.
Lo que pasa es que este tigre era realmente imponente (con rima y todo). Ya el tamaño daba impresión. ¿Tan grande es?, preguntaba inquietamente (no se rían por favor). "Sí", fue la lacónica respuesta de mi acompañante. Claro, algunos de los ejemplares más importantes de esta especie han alcanzado los tres metros de longitud y con un peso de trescientos kilos.
Y así estaba... Sin poder sacarle la vista al animal, casi con mirada hipnótica. Tratando de no pensar en aquellos videos caseros que uno suele enganchar en una disoluta tarde de zapping. Concentrándome en hacer las preguntas correctas en inglés cuando mi mente tejía conjeturas disparatadas en español.
Y mientras lo observaba, al tigre tendido indolentemente, había algo que me quedaba bien en claro. La importancia de la preservación de la naturaleza y de las maravillosas criaturas que ha creado y habitan entre nosotros.




