
Emma Morano, de 117 años: “Siempre comí tres huevos al día y para hacer la digestión bebía la grappa que preparo yo misma”
Vivió más de un siglo con una dieta particular centrada en dos alimentos; falleció en 2017 y dejó tras de sí el legado de ser una mujer que superó todo tipo de vaivenes históricos
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Emma Morano nació el 29 de noviembre de 1899 en la región de Piamonte, Italia, y se convirtió en un símbolo mundial de la longevidad al alcanzar los 117 años de edad. Durante su extensa vida, fue testigo de acontecimientos históricos trascendentales, como el desarrollo de diversas tecnologías, cambios de papas, el paso de más de noventa gobiernos italianos y los impactos de dos guerras mundiales.
Su fallecimiento, ocurrido el 15 de abril de 2017, marcó el fin de una era, pues representó a la última persona viva nacida en el siglo XIX. Pese a su longevidad, la mujer enfrentó tragedias personales profundas, entre ellas la muerte prematura de su único hijo y un matrimonio que ella definió como abusivo. Tras separarse en 1938, optó por la soltería permanente para evitar lo que ella llamó “el dominio ajeno”.

Al ser consultada por los medios sobre el origen de su extraordinaria vitalidad, Morano atribuía su salud a dos pilares fundamentales: la soltería y una dieta muy específica.
Esta rutina alimentaria comenzó tras el fin de la Primera Guerra Mundial, cuando un médico le diagnosticó anemia y le recomendó consumir huevos diariamente.
Emma siguió esta indicación con disciplina durante nueve décadas. Según sus declaraciones a diversos medios, su menú diario incluía tres huevos, dos de ellos crudos, aunque durante su etapa final ajustó la cantidad a dos unidades por jornada.
Este hábito se complementaba con un consumo regular de grappa, una bebida alcohólica tradicional italiana que ella misma preparaba en su hogar.
Sobre este preparado, la mujer explicó en diálogo con el diario La Stampa en 2011: “Como tres huevos al día y para hacer la digestión bebo la grappa que preparo yo misma: la meto en un frasco con siete hojas de salvia, un racimo de ruda y unas uvas. Luego la bebo con una cuchara”.

El contexto histórico marcó profundamente sus decisiones personales y su carácter. La mujer relató en 2011 cómo fue su casamiento, una imposición de la época ante la cual no tuvo capacidad de resistencia. “Era alguien de aquí, del lago. No quería casarme con él, pero él me obligó. Vivíamos en el mismo patio y un día envió a su madre a llamarme”, recordó ante La Stampa.
Según su testimonio, la amenaza fue directa: “Fui allí y me dijo: ‘Si te conviene, puedes casarte conmigo, si no, te mato’. Tenía 26 años. Me casé”. Tras la ruptura del vínculo, consolidó su autonomía y mantuvo esa independencia durante el resto de su longeva vida.

Además de su régimen alimentario y sus elecciones de vida, Morano mencionaba a la genética como otro factor clave. Su madre vivió hasta los 91 años y varias de sus hermanas superaron la barrera de los cien años. Este factor biológico se unió a una voluntad inquebrantable, permitiéndole superar con creces la esperanza de vida promedio en Italia, situada en torno a los 84 años.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
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