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Bienestar

En bicicleta. Es argentino y viaja solo de Estonia a Sudáfrica en busca de hospitalidad

Jimena Barrionuevo
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3 de septiembre de 2019  • 00:09

"Nos parece una idea excelente, pero vas a tener que esperar un tiempo hijo", le dijeron sus padres a Esteban con una sonrisa, mientras le daban un abrazo y acariciaban su cabeza. Tenía tan solo seis años pero ya imaginaba un futuro donde los viajes iban a ser protagonistas. Las diapositivas que cada verano se compartían en su casa de Olivos con imágenes de las vacaciones eran moneda corriente entre los recuerdos que más atesoraba. Pero ese febrero, una postal de las pirámides de El Cairo, en Egipto, lo había impactado de tal forma que sintió la necesidad de idear un plan para conocerlas.

"Pasó el tiempo y cuando tenía 13 me volví a conectar con los viajes, pero esta vez fue preparando un examen de geografía. Leía sobre Mongolia, Tíbet, el desierto de Sahara o la cultura maya y quería conocer todos esos lugares. Entonces preparé una lista que llamé la lista de mi sueño: conocer al menos 100 países para confirmar lo hospitalario que es el mundo. Quería ser el protagonista de mi propia aventura, quería ver con mis propios ojos cómo era la meseta de Pamir en Tayikistán, los templos de la India, la arquitectura de Irán o la ciudades coloniales de Nicaragua", dice con una sonrisa cómplice Esteban Mazzoncini. Por eso, cuando cumplió los 20 se puso una mochila al hombro por primera vez y salió sin tiempo fijo a descubrir el mundo.

Crédito: Esteban Mazzoncini

Desde luego, el primer país en el que aterrizó fue Egipto. Esteban no salía de su asombro: ver las pirámides en vivo, tocarlas y fotografiarlas una y otra vez. Después se fue a Inglaterra a estudiar inglés y luego dedicó unos meses a descubrir el resto de Europa. "Recuerdo que la falta de tecnología me permitía una conexión con la gente y especialmente con otros viajeros de una manera diferente. En el primer vuelo a Europa anoté en una servilleta el número de teléfono con quien había compartido asiento hacia Madrid. Meses más tarde, desde un locutorio de Alicante lo contacté para vernos. Así llegué a su casa, donde su familia me invitó a esquiar a Sierra Nevada una semana. Hoy en día esto se solucionaría con un mensaje de Whatsapp, usando CouchSurfing y el GPS de alguna otra app. No es que extrañe esa época pero tenía una magia distinta a la de hoy. Por último, dibujar el mapa en una hoja siguiendo las recomendaciones de otros viajeros era como jugar a la búsqueda del tesoro. Llegar al lugar (hostel, montaña, refugio, cascada, río, etc) era toda una aventura en sí misma".

De regreso en la Argentina, Esteban se sentía confundido. Por un lado estaba feliz y entusiasmado por todo lo que había vivido, pero por otro lado no encontraba la manera de seguir viajando y que se convirtiera en una profesión. Los siguientes años trabajó en Buenos Aires como profesor de tenis y educación física en algunos colegios. Además, cada verano tomaba la cámara de fotos y destinaba los tres meses de vacaciones a seguir explorando nuevos destinos. Tomé cientos de cursos de fotografía, workshops y seminarios hasta que decidió hacer la carrera en la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA). Eso le permitió descubrir otra manera de fotografiar a la gente -algo que luego se convirtió en su principal interés-, y además empezar a trabajar en distintos medios gráficos locales.

Carretera de Transfagarasan, en la cima.
Carretera de Transfagarasan, en la cima. Crédito: Esteban Mazzoncini

Lo que el viento reveló

Una mañana estaba dando clases de educación física en el patio del colegio León XIII, en Palermo. Y con el frío viento de invierno llegó una inquietud que lo movilizó en su interior. "¿Hasta cuándo voy a seguir postergando mi sueño de conocer el resto delmundo y vivir de lo que me apasiona?", se preguntó. Entonces puso una fecha como tiempo límite. Durante un año se dedicaría a escribir un libro para poder compartir cómo había sido viajar por los primeros 60 países recorridos. Publicó "Un viajero curioso" en forma independiente y se sorprendió por la repercusión que tuvo en las redes y en las presentaciones. "Tal como me había propuesto después de varios meses desde su publicación renuncié a mi trabajo de docente y salí a dar otra vuelta al mundo. El objetivo era seguir cumpliendo aquella lista de países que había armado cuando estaba en el secundario estudiando geografía".

Ketut, un trabajador en el volcán Kawa Ijen, en Java Oriental, Indonesia.
Ketut, un trabajador en el volcán Kawa Ijen, en Java Oriental, Indonesia. Crédito: Esteban Mazzoncini

Durante catorce meses viajó por 27 países con el propósito de confirmar que las fronteras solo están en los mapas. Viajaba y escribía en forma paralela para publicar un segundo libro al terminar el itinerario. Durante ese gran viaje fotografíó a los trabajadores de azufre en un volcán de Indonesia, experiencia que lo marcó profundamente. "Recuerdo una foto en especial y es la de Ketut, un hombre de unos 40 años buscando azufre líquido para hacer souvenires y venderlo a los turistas. Me costaba entender que, aún sabiendo que iba a morir en los próximos años por los problemas respiratorios ocasionados por el volcán, aún seguía trabajando ahí". Además, se empapó de la cultura de Japón, nadó en las playas de Filipinas y el lago Baikal en Siberia, descubrió la hospitalidad de El Salvador, Honduras y Guatemala y fue testigo de las secuelas de la guerra de los Balcanes en Bosnia, Croacia y Kosovo.

Luego llegó el momento de hacer una pausa. En realidad, Esteban quería hacer otro viaje, pero esta vez hacia su interior. Por eso se sumergió en la carrera de Coaching Ontológico lo que lo ayudó a descubrir y observar el mundo que lo rodeaba desde otra perspectiva. "Me ayudó a encontrar el equilibrio entre cuerpo, emoción y lenguaje, clave para estar feliz. Aprendí a vivir en gratitud y buscar el lado positivo de las cosas en situaciones complejas. También entendí la importancia de cuidar al niño interior que llevamos dentro. Siempre digo que pienso, deseo y sueño como un niño, pero actúo como un adulto. Los niños son espontáneos, simples, inocentes y creo que está bueno seguir siéndolo en todo momento".

Soñar en dos ruedas

Crédito: Esteban Mazzoncini

Con las pilas recargadas, a comienzos de 2019 Esteban ( @estebanmazzoncini) decidió que dejaría nuevamente la comodidad de Buenos Aires para salir a dar otra vuelta al mundo de una manera distinta. Claro que no era fácil dejar nuevamente toda la estructura que había logrado: los safaris de fotografía que daba por los distintos barrios de la capital, las clases en las universidades o los cursos en las escuelas de fotografía. Hasta ese momento había viajado siempre haciendo dedo, con la técnica del auto-stop y si bien le resultaba divertido, después de casi 30 años de viaje ya había aprendido todos los "trucos del oficio".

El nuevo desafío era grande: viajar en bicicleta desde Estonia hasta Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Cuando contó la cantidad de kilómetros, supo que se había metido en un desafío enorme. Recorrer 20.000 km arriba de la bicicleta iba a demandar, entre otras cosas, paciencia y mucha fortaleza mental, más que física.

Lituania.
Lituania. Crédito: Esteban Mazzoncini

En Bielorrusia empezó la verdadera aventura. Lluvia, lluvia y más lluvia. Así venía pedaleando los últimos kilómetros por Lituania hacia la frontera de Bielorrusia. Estaba mojado, cansado, sintiendo que la bicicleta pesaba más de lo normal. "Desde una pequeña curva pude ver cientos de camiones y autos esperando para cruzar al otro lado. Me acomodé la campera, respiré profundo y viendo el cielo plomizo reinicié el viaje. La lluvia se convirtió en tormenta. De esas con vientos fuertes que te sacuden para todos lados. Sin embargo, me sentí feliz, pleno, como si fuera un día increíble de sol. Me daba cuenta que estaba en el lugar que tanto había deseado. Todavía faltaban unos 70 km para llegar a Minsk, la capital cuando sucedió algo mágico. Algo que sería una cadena interminable de hospitalidad". Una camioneta se detuvo para ofrecerle ayuda y así empezó a completarse la lista con personas llenas de buenas intenciones y una mano amiga.

MIentras pedalea, Esteban se mantiene de distintas maneras: vende sus libros por Internet, postales de viaje impresas y dicta curso de fotografía de viajes online desde su blog unviajerocurioso.com. Viaja solo, completamente solo, pero confiesa que le gustaría empezar a compartir el viaje con alguna mujer. Durante muchos años viajó solo, en realidad porque nadie quería sumarse a destinos como Irak, Irán, Afganistán, Siria, Uganda, Pakistán o Líbano. Ahora tiene el interés de viajar acompañado para compartir toda esta increíble experiencia que significa ver el mundo arriba de una bicicleta. La perspectiva y sensibilidad de una compañera es otra manera maravillosa de aprender a viajar.

Rumania.
Rumania. Crédito: Esteban Mazzoncini

"Ahora estoy en Rumania, pedaleando hacia el norte de Serbia y con la brújula apuntando hacia África. En una de esas, la compañía llega antes de cruzar a Marruecos... nunca se sabe. Viajar en bicicleta es una de las experiencias más desafiantes que estoy viviendo. El viento, la lluvia, el calor que pega en la cara, las subidas con terrenos en malas condiciones, los mosquitos que aparecen en la tarde, la soledad. A eso, hay que sumarle el cansancio acumulado durante todo el día y cuando llega la noche encontrar un lugar donde acampar y cocinar para reponer fuerzas no es tarea sencilla. Sin embargo, esta es solo una parte del viaje y todo se compensa cuando aparecen esas almas dadoras dispuestas a darte todo lo que tienen a cambio de nada. Familias que te abren las puertas de sus casas sin conocerte, gente que te ofrece una cama, una ducha y la cena. Policías en puestos fronterizos que te regalan fruta, vendedores en los mercados que te regalan más comida, desconocidos que te sorprenden en plena ciudad, pueblos o rutas y te regalan plata. Viajar en bicicleta genera una empatía y energía con los demás que hasta es difícil de explicar en palabras o incluso en fotografías".

La voz del especialista

Ileana Suffern es Guía de MTB del Parque Nacional Lanin, corredora de carreras de aventura y organizadora de La Unión Siete Lagos, un desafío en bicilcleta que une las ciudades de San Martín de los Andes y Villa La Angostura a través de 110km de ruta. En este audio reflexiona sobre la experiencia de cubrir largas distancias pedaleando.

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