En Nueva York, los aparatos de musculación están devaluados

Los gimnasios más reconocidos proponen liberar los salones y arengan a los clientes con el lema ¡Insultemos a las máquinas!
Courtney Rubin
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11 de mayo de 2013  

NUEVA YORK.- Los ejercicios simples que se realizan sin equipamiento tecnológico (llamado paleo-entrenamiento o ejercicios de recreo, según lo divertidos que sean) siempre han encontrado adeptos en los gimnasios especializados y en movimientos de fitness como el Crossfit. Pero durante el último año y medio, las grandes cadenas de gimnasios también han empezado a incluir en sus prácticas estándar el levantamiento de bolsas de arena y el entrenamiento con soga, dejando de lado las sofisticadas máquinas con pesas y poleas que fueron las estrellas de los gimnasios durante más de 30 años.

"No diría que los aparatos de musculación tradicionales han quedado obsoletos, pero sí que están muy devaluados", sostiene David Harris, director nacional de entrenamiento personal de la cadena de gimnasios Equinox. La empresa, con sede central en Nueva York, ha reducido la presencia de pectoraleras, prensas de glúteos y máquinas de extensión de piernas, para liberar los salones y dar espacio a los clientes para moverse en libertad.

Como dice la remera de la cadena Monkey Bar Gym: ¡Insultemos a las máquinas!

En esa carrera para hacerle espacio al así llamado entrenamiento en fitness funcional -que alienta a la gente a empujar, tirar, acuclillarse y mover el cuerpo como lo harían naturalmente-, las primeras máquinas que volaron son las que traban el cuerpo y trabajan un músculo por vez.

Adam Campbell, director de fitness de la marca Men's Health, escribió en un email que las máquinas como la prensa de piernas fortalecen los músculos, pero se preguntó: "¿Qué sentido tiene sentarse o acostarse para entrenar las piernas?" El fitness funcional rinde mucho más, porque trabaja varios músculos simultáneamente, otorgando mayor fuerza y flexibilidad general, y un mayor gasto de calorías.

Josh Bowen, hasta hace poco directora de control de calidad de siete estados de la cadena Urban Active, ser refirió a las profundas reformas que implemento su compañía en 2012, cambiando las máquinas Arnold (por Arnold Schwarzenegger) por máquinas Astro Turf.

Bowen, que abandonó Urban Active cuando fue adquirida por LA Fitness, asegura que "los gimnasios que sólo tienen máquinas están muy atrasados".

En casi la mitad de los establecimientos de Life Time Fitness, una cadena de Minnesota con gimnasios en 23 estados, han retirado máquinas y confinado otras a los rincones, para hacer espacio a lo que una vocera de la empresa llamó jungle gyms (gimnasios jungla), que son esencialmente escaleras y andamios para trepar, empujar, tirar y colgarse. Este mes, la cadena inauguró en Alabama su gimnasio número 106, con una estructura de acero de dos pisos y con espacio suficiente para que 40 clientes puedan subirse, escalar paredes con soga y trepar por caños.

"Parece la torre de guardia de una prisión", dice con orgullo Jason Stella, desarrollador de entrenamiento a nivel nacional de Life Time. La cadena de 160 gimnasios Twon Sport International, que incluye los New York Sports Clubs, ha retirado hasta 8 máquinas por gimnasio -las de bíceps, tríceps, extensiones de piernas y banco de piernas fueron las primeras en volar- y las reemplazó por una pista de entrenamiento artificial de 75 metros cuadrados.

Las áreas dedicadas al fitness funcional también son un gran ahorro para los gimnasios, ya que cuestan unos 60 dólares el metro cuadrado, comparados con los 500 dólares que cuesta el metro cuadrado provisto de máquinas, según estimaciones de Bruce Mack, fundador y director ejecutivo de MBSC Thrive, con sede en Boston. A la hora de decidir qué aparatos debían ser descartados, dispara: "Si es una máquina o tiene clavijas, es cosa del pasado". Y agrega: "¡Adáptense o perezcan!"

Sin embargo, aún no hay que pensar en confinar las pesadas máquinas a un museo. Todavía tienen su atractivo para dos grupos distintivos de clientes.

El primero es el de los fisicoculturistas tradicionales, que ofrecen mucha resistencia para impedir que Equinox retire los aparatos en sus hábitats predilectos. El otro grupo es el de las personas que tienen su idea de lo que significa entrenar.

La mayoría de las máquinas de pesas constan de diagramas que ayuda a los usuarios a saber cómo manejarlas. Pero en los recintos de planta abierta y despejada hace falta más instrucción, supervisión y, a veces incluso, persuasión, como dice Anthony Wall, director de educación profesional del Consejo Norteamericano de Ejercicio Físico, organización sin fines de lucro. "Parece que estás en un circo", cuenta Wall que le dicen a su esposa cuando la ven hacer entrenamiento funcional en su propio gimnasio.

Incluso después de un año de entrenar sacudiendo sogas de 15 kilos o tocando el piso con una mano parado en una sola pierna, Bret McBeain, gerente de ventas de 33 años de una concesionaria de autos en los suburbios de Minneapolis-St. Paul, no puede sacarse la idea de que cuando lo ve entrenar, la gente piensa: "Es lo más tonto que vi en mi vida". Sin embargo redujo su entrenamiento a cuatro veces por semana porque "sería imposible hacer este tipo de entrenamiento seis días a la semana. No se para nunca a descansar." Y ahora, cuando ve a la gente trabajar el mismo músculo a repetición en una máquina, tal como él lo hacía antes, se descubre más de una vez pensando: "No puedo creer que hagan eso. Es lo más tonto que vi en mi vida".

Traducción de Jaime Arrambide

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