La mujer que rompió el cerco de CQC, la pandilla más misógina, habla de su nuevo desafío profesional y de su padre desaparecido.
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Por Alejandro Lingenti
Fotos Fernando Dvoskin
Producción Fernanda Moreno
La extensa carrera de Ernestina, que acaba de cumplir 37 años, tiene un origen poco habitual para su actual nivel de exposición: trabajó como editora de Fotografía en la revista Los Inrockuptibles y de ahí saltó a la televisión casi sin proponérselo, como audaz notera de La Biblia y el calefón y Peor es nada, programas de Jorge Guinzburg –el gran mentor de su carrera, su maestro–; luego fue una de las cinco conductoras de Una para todas, ciclo que tuvo un paso fugaz por Telefé; condujo con su hermana Federica Sabés o sonás, un programa de preguntas y respuestas para estudiantes secundarios en Canal 7 del que aún hoy se siente orgullosa; y finalmente recaló en Mañanas informales, con el cual ganó los premios Clarín y Martín Fierro. En radio, trabajó con Daniel Tognetti en Levántate y anda (en la vieja Radio Uno), con Oscar Cardoso en Radio Nacional y con Guinzburg en Mitre.
Cuando empezamos a conversar en brando sobre esta entrevista, aparecieron muy pronto las ideas sobre la nueva figura de CQC que escuché más de una vez. El perfil más fuerte de Ernestina es el de la emprendedora, la mina que va al frente, la que no arruga. Todo eso es cierto. Trabajo con ella desde hace casi diez años (hoy hacemos Salgan al sol, los sábados de 11 a 13 en Rock&Pop) y puedo dar fe. Pero por alguna razón extraña, en los días previos a la edición final de este reportaje se me empezó a aparecer con frecuencia la otra Ernestina, una más frágil y vulnerable, menos expansiva que la que casi siempre vemos en acción en los medios, más reflexiva y relajada, probablemente la versión que yo prefiero. No hablo de debilidad. La historia de la vida de Ernestina no da lugar para los débiles. Hablo de las partes que la completan.
Hay un hecho que marcó la vida de la familia de Ernestina: el secuestro y la desaparición de su padre, José Miguel Pais, arquitecto y militante de una organización revolucionaria, durante el primer año de la última dictadura militar. Los modos de enfrentarse al tema que la he visto elegir son diferentes: desde el más tradicional, relacionado con el afán de investigar el pasado y colaborar con los organismos de derechos humanos que bregan desde hace años por esclarecer los hechos hasta la apelación del humor negro como vía de legítima catarsis. "Siempre traté de despersonalizar el tema –dice Ernestina–. Lo que yo viví como hija lo hablé y lo hablo dentro de mi familia. Los problemas que me trajo esa situación, lo que me costó entender la disociación entre el militante y el padre de familia, por ejemplo, son temas privados. Pero estoy convencida de que los desaparecidos no «pertenecen»¬ a sus familiares, sino que son un problema para toda la sociedad argentina. Como ser civilizado, lo primero que hizo el hombre fue enterrar a sus muertos. Que eso no se haya podido hacer con los secuestrados por la dictadura habla a las claras de un estancamiento. Una sociedad no avanza si no puede cerrar algunas cuestiones. Por otro lado, me parece importante señalar que no fue cualquier generación la que sufrió la violencia. Era una generación formada en una universidad pública que en ese momento era catalogada como la mejor de América y una de las mejores del mundo. No mataron a cualquiera, mataron a gente cuya ausencia se nota muchísimo hoy en día. Entonces, no hablo de los desaparecidos sólo como hija de uno de ellos, sino como integrante de una sociedad que, lamentablemente, se quedó sin referentes que hoy seguramente ocuparían lugares claves en la política, los medios, la educación y también en la calle, en la vida cotidiana."
Cuando José Miguel Pais fue secuestrado, Ernestina tenía apenas 4 años. Es poco lo que recuerda de ese hombre cuya imagen ha reconstruido a partir de las referencias de su madre y, sobre todo, de la que ella reconoce como su "tercera abuela", Isabel, protagonista de un libro autobiográfico que planea editar. "Tengo hechas las fotos y las desgrabaciones de las entrevistas con ella, que es la mujer que crió a mi papá, la que yo considero mi tercera abuela. Aclaro: tengo una abuela materna, una paterna y esta persona amorosa, adorable, que fue empleada de mi abuela paterna y se ocupó de la crianza de mi papá. Hoy tiene 85 años y aceptó hacerse fotos con disfraces y hasta desnuda para el libro. Era una mujer indigente cuando llegó a casa de mi abuela, vivió años con mi familia y me contó muchas cosas de la infancia de mi papá."
Atenta a la polémica que en estos días circula con intensidad por los medios sobre la presunta falta de celeridad de la Justicia argentina para resolver los juicios a militares implicados en la represión, que tuvo un punto culminante en el reciente entredicho entre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y la jueza de la Corte Suprema Carmen Argibay, Ernestina toma distancia del embate del Gobierno: "Desde el primer día vengo diciendo que hubo más maquillaje que acción real. Lo real sería abrir archivos, encontrar a los asesinos, saber cómo mataron a la gente y entregarles los cuerpos a los familiares. Eso sería hacer algo bien concreto. Yo quiero saber cómo murió mi papá, cómo lo mataron, y quiero que los que lo hicieron vayan presos". Es la idea, le digo yo, pero no todas las investigaciones llegan a buen puerto, y no me deja terminar: "Mirá, el Equipo Argentino de Antropología Forense tiene más de seiscientos cadáveres sin identificar en España y no tiene presupuesto para hacer el trabajo como corresponde –señala–. Si querés hacer algo de verdad por los derechos humanos, dales presupuesto. No estoy pidiendo nada que vaya más allá de la clásica consigna: juicio y castigo a los culpables".
Y así como parece convencida de que en ese terreno ha habido entonces mucho ruido y pocas nueces, se desmarca de la militancia más tradicional: "Para mí, la manera moderna de la militancia es no pasar de largo cuando ves lo que pasa a tu alrededor, mantener un grado de honestidad. Si yo no pago impuestos y trato de negrear lo que gano, perjudico a los demás. Y lo loco es que para eso no hay condena social. En Argentina parece que no sabemos que también hay muchos delincuentes que van al Jockey Club. Creo que es mejor ser como una termita, meterse dentro del sistema y corroerlo. La militancia tiene que ver hoy con cuestiones elementales de convivencia. Las ideologías no me representan desde un lugar partidario, así que prefiero militar en el día a día. De chica sí estaba más cerca de la militancia, era la que se paraba a protestar contra los profesores, la que participaba en el Centro de Estudiantes. Ahora pienso distinto".
BRANDO Y sobre Cristina Kirchner, ¿qué opinás? ¿Se va a terminar notando la diferencia de tener una mujer en un lugar que siempre ocuparon hombres, como en CQC?
ERNESTINA Yo no veo la diferencia entre tener un presidente o una presidenta, la verdad. De hecho, no me parece que Cristina tenga una gran imagen entre las mujeres, ni que su gestión las represente puntualmente.
Dejemos de lado el asalto femenino a la Casa Rosada, entonces, y vayamos en dirección a uno a todas luces más modesto, el que motivó esta nota, el desembarco de la flamante chica del traje negro. "Sigo con lo mismo: para mí, las categorías hombre, mujer y edad ya son medio obsoletas. Uno es fuerte o débil para ciertas cosas de acuerdo con su personalidad. Soy súper femenina, según el código establecido, para muchas cosas y para otras no. Con la edad, lo mismo: uno tiene la edad de lo que le pasó. Podés tener 20 años y que te haya pasado de todo o tener 60 y que no te haya pasado nada. Yo me siento mujer cuando tengo sexo, sobre todo." Con tanta gente levantando el dedo acusador, preocupada por el mentado machismo de su nuevo entorno,¿cómo se defenderá esta dama solitaria? "A mí, sinceramente, no me parece que CQC sea machista –sostiene–. Desde que entré en la productora, lo único que recibí es buen trato. En un programa hecho por hombres, es natural que se haga algún chiste que genere esa sensación, pero es un programa con humor, no hay que olvidarse. Cuando pensaron en alguien para esta nueva etapa del programa, sé fehacientemente que no se fijaron si el candidato era hombre o mujer. Se buscó a alguien que pudiera ocupar ese espacio por tener características adecuadas, más allá del sexo. Mi elección lo confirma, ¿no?"
Mirá el video con la producción de fotos:
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