“Fue como meter el pie en la hoguera”. En medio del embarazo tuvo una enfermedad por la que estuvo un año postrada
Pamela pasó por momentos durísimos y hasta los médicos le sugirieron que lo mejor era abortar ya que la enfermedad iba a continuar avanzando y corría un altísimo riesgo de perder sus piernas.
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“Mi pierna derecha estaba totalmente afectada, se había frenado debajo de la rodilla y se había desprendido toda la piel y los músculos. Yo pedía que me la cortaran, no aguantaba más así, era mucho el dolor a pesar de la morfina”.
Cuando Pamela Halter quedó embarazada, a los 21 años producto de una relación con un muchacho de Mar del Plata, jamás imaginó el infierno que iba a tener que atravesar para poder dar a luz y verle la carita a su hija. Ni en los peores sueños pensó que iba a sufrir tanto, pese a que el papá del bebé le había dejado en claro que no quería saber nada con el embarazo. Sin embargo, ella siempre miró hacia adelante. Quería ser mamá, estaba feliz, entusiasmada, ilusionada.
Mucha fiebre y dolor de panza
A los tres meses de embarazo Pamela comenzó a sentir fuertes dolores en la panza. A las pocas semanas, cuenta, viajó a su ciudad natal, Coronel Pringles, donde le realizaron una ecografía para conocer el origen de esa dolencia.

“El médico me dijo que tenía una fisura en la placenta. Por eso, tenía pérdidas y dolor. Entonces, me ordenó reposo y que utilizara unas pastillas, pero en un momento creí que había perdido el embarazo porque tenía mucha pérdida de líquido”, cuenta Pamela, que en ese momento decidió volver con su pareja.
A los pocos días comenzó a tener mucha fiebre y dolor de panza y de cintura. Sus suegros la llevaron al hospital y le diagnosticaron una infección renal por lo que le recetaron antibiótico e ibuprofeno.
“Como la infección no cesaba decidí avisarles a mis padres. Ellos hablaron con mi médico quien les dijo que me llevaran a Pringles. Cuando me estaba poniendo las zapatillas noté que el pie izquierdo estaba hinchado y tenía una sensación de pinchazos en el dedo gordo del mismo pie”.
“El pie estaba cada vez más negro”
A medida que pasaban las horas el dolor que sentía Pamela iba avanzando, mientras que su madre notaba que tenía una línea negra debajo y muy edematizado el pie completo.
“Una vez internada en Bahía Blanca los médicos no querían asustarme hasta no hacer los exámenes. Creía que iba a salir en unos días, pero a pesar de los estudios la enfermedad avanzaba. El pie estaba cada vez más negro y se rompieron los vasos sanguíneos. Avanzaba tan rápido y como el dolor era inaguantable, decidieron darme pequeñas dosis de morfina”, cuenta.

Le recomiendan interrumpir el embarazo
Más allá de que a Pamela le realizaron quimioterapia y plasmaféresis y otros tratamientos para el dolor, hasta ese momento los doctores no tenían en claro cuál era su diagnóstico. “Era como que tenía la pierna en una hoguera”.
En un momento, cuenta, los especialistas le dijeron que tenía Herpes Gestacional provocado por el embarazo y cuando su pierna estaba muy comprometida le recomendaron que lo interrumpiera ya que la enfermedad iba a continuar avanzando y corría un altísimo riesgo de perder sus piernas. “Me dijeron que lo pensara, pero yo no tenía nada que pensar. ¿Quién me garantizaba que si lo hacía no me moría igual. Además, mi bebé era una nena y ya tenía nombre (Brisa Del Mar). Yo prefería conservar a mi bebé y si me pasaba algo a mí, mis padres se iban a hacer cargo de ella”.
Las dos caras de una misma moneda
A Pamela le realizaron una limpieza dejando solo el hueso de su pierna para ver si había flujo sanguíneo, pero comprobaron que estaba totalmente quemada. Por eso decidieron amputar arriba de la rodilla.
“Mi hija nació sietemesina, estaban esperando que tuviera un peso acorde como para sacarla. Fue hermoso verla, le di un besito, la colocaron en la incubadora y la llevaron derecho a Neonatología. En la incubadora la cuidaban las enfermeras y mi madre entraba todos los días”.

“La sostenía en mis brazos y le pasaba la leche por una sondita en su nariz”
Pamela estaba viviendo al unísono el mejor y el peor momento de su vida y lo único que deseaba con todo su corazón era poder recuperarse para poder cuidar, mimar y abrazar a su pequeñita hija.
“Me adaptaron una silla de ruedas con una tablita para apoyar lo recién amputado. Iba cada cuatro o cinco días a ver a mi hija, era solo un momento, en donde la sacaban de la incubadora, la sostenía en mis brazos y le pasaba la leche por una sondita en su nariz”.
Una nueva amputación
Cuando Brisa del Mar llegó a los 2,600kg, luego de pasar un mes en incubadora, a Pamela le dieron, cuenta, la hermosa noticia de que por fin se la llevarían a la habitación. “Fue hermoso tenerla conmigo, apoyarla en mis brazos, acariciarla, besarla, cambiarla”.
Sin embargo, más allá de estar viviendo ese momento de tanta intimidad y felicidad con su hija, Pamela tenía que afrontar una nueva amputación, en este caso la del pie. “Al despertar, los médicos me dijeron que tuvieron que amputar todo el empeine, me dejaron el talón como punto de apoyo. Fue muy dolorosa, necesité mucha morfina y muchos días más de recuperación. Sin mis padres no hubiese podido. Gracias a ellos salí adelante. Les debo todo. Mi madre, al principio de todo, durmiendo en sillas del pasillo, noches sin dormir por cuidarme. Mi padre viajando casi todos los días para trabajar y luego volver a Bahía Blanca para seguir con tramites o traer gente para donar sangre y mucho más”, se emociona.

Una larga recuperación
Cuando a Pamela le dieron el alta, después de casi un año de estar postrada, salió del hospital en silla de ruedas y cuando recibió la primera prótesis comenzó a ir a un gimnasio para empezar a tonificar el musculo que había desaparecido. El siguiente paso fue caminar con muletas. “Cuando me puse de pie, mi hija estaba dando sus primeros pasos, fue casi al mismo tiempo”, sonríe, emocionada. “Yo la sacaba en el cochecito y a su vez lo usaba de apoyo para poder caminar y hacer algo juntas”, agrega.
A medida que pudo, Pamela fue retomando algo de su vida anterior. Por ejemplo, continuó estudiando (a distancia) en el Conservatorio de Música. Además, arrancó la carrera de maestra de ciclo primario. “Era turno noche y como no podía estar dependiendo de todo, me arriesgué a probar con la bicicleta. Tuve mis caídas, por supuesto, pero aprendí”.

Luego, comenzó a trabajar en la escuela de música local enseñando las materias Lenguaje Musical y Practica Vocal. Y de a poquito fue dando los primeros pasos de su carrera como cantante. Actualmente es la directora del coro de la Sociedad Italiana Pringles. Y cuando se da la oportunidad, dice, hace sus shows de música latina, melódico y un tributo a Laura Pausini.
“Brisa siempre fue una niña muy buena y dulce. De pequeña me ayudaba y hasta me daba la mano para cruzar la calle. Aplicada, amiguera, y muy pegada a sus abuelos. Ella nació y creció viéndome así, para ella era la normalidad”.
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