¿Hippie, yo?

Camino a ser una de las revelaciones del año que recién empieza, Mulam presenta esta noche su primer álbum, Como los niños viven. El cuarteto de Juan de Benedictis (para algún despistado, el hijo de Piero) se aleja de los formatos de turno y bucea en el rock de los años 70
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27 de febrero de 2004  

Charlar con Juan de Benedictis en su casa ahorra buena parte del trabajo. Las tapas de los vinilos de What´s Going On , de Marvin Gaye; Sgt. Pepper´s ..., de los Beatles; Led Zeppelin II ; Bajo Belgrano , de Spinetta Jade, y El jardín de los presentes , de Invisible, dan un indicio. Los discos apilados de Steve Wonder y Earth, Wind & Fire entregan otra pista y los cuadros cósmicos que pinta un tío hippie completan los primeros rasgos.

Luego está él, tímido, agazapado por la exposición extramusical que le vino de arriba tras tener una hija con Juana Viale del Carril, la nieta de Mirta Legrand. Pero también está su padre, Piero, aquel cantautor de protesta de los años 70 que fue icono popular del regreso de la democracia al país y que en la última década participó en política.

Y una banda, Mulam, que espera en la sala para ensayar el material de su primer disco, Como los niños viven , que mostrarán esta noche en el Teatro del Globo.

"La influencia de los años 60 y, sobre todo, de los 70 es inevitable -arranca Juan, guitarra y voz de Mulam-. Beatles, Wonder, la música negra de esa época y los instrumentos que tocamos también aportan lo suyo, como el teclado Rodhes, que es bien clásico."

Prolijidad y atemporalidad son las dos grandes cualidades de un cuarteto que suena a clásico: Spinetta Jade, el Seru Giran de las baladas cortavenas y los días en que el rock argentino se cruzó con el funk y el jazz conviven en Mulam. Los arreglos vocales y el cuidado en todas sus líneas marcan otro aspecto interesante. "No dejamos nada librado al azar. En vivo la banda suena igual de arreglada, pero sin los caños ni los aportes adicionales que hay en el disco. Lo que más nos gusta es tocar, y ahí sonamos más crudos; de hecho ya estamos pensando en grabar otro disco, más pelado y en el que mande la esencia de la canción."

Mulam, que quiere decir esencia, raíz, tiene una prehistoria ("hace cinco años nos juntamos con Mariano Domínguez, el bajista y cantante, compusimos y grabamos varias canciones, pero no mostramos nada") y una historia de menos de dos años. "Decidimos armar la banda en 2002, cuando se unieron Chesi (teclados y voz) y Diego López de Arcaute (batería y percusión). Tocamos un año y se generó cierta química. En febrero del año pasado grabamos el disco y en julio hablamos con la gente de Los Años Luz, que finalmente lo editó."

Con invitados del mundillo del jazz como Rodrigo Domínguez en saxos (hermano de Mariano), Nico Ibarburu en guitarras y voz, Santiago Vázquez en percusión, Juan Cruz de Urquiza en trompeta y Javier Casalla en violín, los Mulam también muestran su inteligencia a la hora de rodearse de colegas. "Estamos superagradecidos con todos ellos porque vinieron a tocar de onda y son de esos músicos que tienen la calidad de tocar y de meterse rápidamente en un proyecto."

Retrocediendo aún más allá del germen de Mulam, Juan recuerda a su primera banda, Duendes y lo que él define como un despertar tardío hacia la música, más allá de lo que veía y respiraba de cerca por papá Piero. "Recién a los 17 empecé a tocar y con el tiempo armé Duendes, una banda de blues. Estudié un año con Botafogo y en esa época me gustaba Steve Ray Vaughan. Después descubrí a Freddie King, B. B. King y de ahí al funk hubo un solo paso."

Todos componen, todos cantan, todos opinan en Mulam y está bien. "Nos gusta así, que no haya un líder y que decidamos en conjunto sobre todo. De última, si no nos ponemos de acuerdo, votamos."

Del inicial Este es el día hasta Alegría , el cierre, las letras también se alejan de los formatos de moda. "Queríamos contar nuestras experiencias. Tal vez estén abordadas de una forma muy simple, pero se dio así. Las canciones carecen de metáforas, son directas y responden a un momento de inspiración que, al fin y al cabo, ni siquiera nos pertenece.

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