
Los activistas de la bici
La biclicleta no sólo es un modo de desplazarse cada vez más elegido; para muchos representa una forma de cambiar el mundo y abrazan el bicing como una causa
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"Una bicicleta más, un auto menos." Esta leyenda que hoy se desplaza por la ciudad multiplicada sobre las carrocerías de bicicletas de muy distintos estilos es quizá la síntesis del espontáneo movimiento del ciclismo urbano que -muchas veces en forma tácita, otras consciente o incluso militante- propone la bicicleta como respuesta al creciente caos de tránsito que deja al descubierto las fallas estructurales y sociales de toda gran urbe.
En una ciudad como Buenos Aires, en la que diariamente ingresan 1,3 millones de autos, ser ciclista es toda una declaración de principios. Sustentabilidad, igualdad y decrecimiento son los fundamentos de una nueva forma de disconformidad, en la que a la sociedad de consumo y a su voracidad por los recursos no renovables se la combate pedaleando. "Creo que usar la bicicleta en lugar del auto es poner un grano de arena para que haya menos ruido y menos contaminación por gases, y para que hagamos una sociedad mejor y menos caótica. No reniego del auto, creo que en algunas ocasiones es necesario, pero la bicicleta ayuda a pensarnos en una medida más humana", dice Irene Fernández, diseñadora gráfica de 38 años, que expone así la ideología de la bici. De lunes a viernes, junto a su hija Bárbara, de 8, recorre las doce cuadras que separan a su casa del colegio en bicicleta, el mismo medio de transporte que emplea Irene cuando ingresa al microcentro para visitar clientes. "Si la semana está linda, la uso todos los días; si no me muevo en colectivo o en subte, porque en auto es imposible, siempre está todo trabado, es estresante y caro", cuenta.
Pero más allá del uso particular que cada ciclista urbano le da a su vehículo, detrás de la decisión de ponerse (o no) un casco y subirse a la bici hay una apuesta. "La vuelta de la bicicleta se inscribe dentro de una serie de transformaciones originadas por tomas de conciencia", opina Juan Carlos Kreimer, periodista y escritor, autor del libro Bice Zen. Ciclismo urbano como camino (Planeta, 2012).
"Cuando te das cuenta de que es una desmesura usar el auto para trasladarte en un radio que podés hacer en bici, que la cantidad de espacio que ocupás y de energía que consumís sólo para llevar tu cuerpo de un lugar a otro puede reducirse casi a cero y que encima no quemás el aire, la bicicleta aparece como la mejor opción", completa Kreimer, de 68 años.
Para Matías Kalwill, de 31 años, director del blog www.lavidaenbici.com , "es una forma de transporte urgente, necesaria y disfrutable, que mejora la calidad de vida, promueve la igualdad social y es una herramienta para mitigar el cambio climático".
Que mejora la calidad de vida y que ayuda a mitigar el cambio climático son afirmaciones que no requieren mayor explicación, pero ¿cómo es que la bici colabora con la igualdad social? "No sólo porque comprar una bicicleta es más accesible que comprar un auto, sino porque una ciudad con una infraestructura que privilegia al auto le está quitando opciones de transporte a las personas. Esas obras de infraestructura se realizan comprometiendo enormes cantidad de recursos que privilegian sólo a una parte de la sociedad", responde Matías.

"Por el contrario, cuando diseñás calles para bicicletas estás diseñando una ciudad igualitaria", agrega Matías, fundador de Bikestorming.com , una ONG que este año en Río+20, la Cumbre de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas, presentó la propuesta de trabajar en pos de que para 2030 el 51% de los viajes se realice en bicicleta. Hoy, en Buenos Aires, se está bastante lejos de esa meta (2%), aunque mejor que en 2009, cuando el porcentaje era del 0,5.
Para el filósofo y escritor Alejandro Rozitchner, "de a poco empieza a entenderse que [el trazado de las bicisendas y ciclovías] no es una falta de capacidad del gobierno de la ciudad para dar servicio a los automovilistas, sino una gran apuesta para dar servicio a la mayor parte de la población, que no tiene auto ni podrá tenerlo nunca. Una ciudad como Buenos Aires con más automovilistas es inviable. La bicicleta encarna un nuevo orden social que se expresa en muchas otras nuevas costumbres. La bicicleta tiene que ver con un mundo a escala humana, más respetuoso y saludable, más vivible y disfrutable".
No al "úselo y tírelo"
Entendiendo la sustentabilidad como la capacidad de resolver las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de futuras generaciones para resolver sus propias necesidades, el ciclismo urbano es promovido como una respuesta sustentable al alcance de cualquier ciudadano.
"Al usar la bici también le estamos diciendo al sistema: los problemas causados por el progreso tecnológico no se resuelven con más progreso tecnológico, sino volviendo a las alternativas simples", dice Kreimer, y agrega: "Todas las bicicletas comparten una característica rara y casi única para estos tiempos: no salen de fábrica con obsolescencia programada".
Así, según Kreimer, "las bicis quiebran dos máximas sagradas de la sociedad de consumo: la del úselo y tírelo, y la de que todo lo nuevo se pone viejo. Las bicicletas no se gastan al cabo de un tiempo programado, no dejan de funcionar o se desactualizan en determinado tiempo. Sus repuestos nunca dejan de fabricarse. Casi toda bici se recicla..."
Y como lo demostró Nicolás Masuelli, de 31 años, la bicicleta puede ser aún más sustentable de lo que uno piensa. Este estudiante de Ingeniería Industrial de la Universidad Nacional de Rosario es el creador de la BambuBici ( www.bambubici.com ), una bicicleta construida con caña de bambú que surgió del cruce entre una necesidad propia -"una bici cómoda y liviana para emprender largos viajes"- y el interés por los materiales renovables.
"Mi búsqueda pasaba por materiales que tuvieran un ciclo renovable y con procesos de producción de bajo impacto ambiental -explica Nicolás-. El bambú reúne esos criterios: no sólo crece muchísimo más rápido que la madera, sino que además es liviano, extremadamente resistente e incluso hay especies de bambú que tienen una relación resistencia-peso cuatro veces superior a la del acero."
Con un precio de 3900 pesos el modelo base y una producción artesanal, por ahora la BambuBici no pasa de ser un objeto de culto entre los amantes de las bici y del medio ambiente, cuyo andar se hace notar en los pocos ejemplares que deambulan en las calles porteñas. Sin embargo, dice Nicolás, "nos lleva a pensar en cómo producimos los objetos que usamos, y en cómo uno puede satisfacer necesidades como el transporte con un bajo impacto sobre el medio ambiente".
Pero no todos los que de alguna forma trabajan para alentar el uso de la bici como medio de transporte lo hacen pensando en la sustentabilidad. Hay campañas que apuntan al individuo y a lo que gana si se sube a una bici. Es el caso de "El cambio está en tus pies" (@Elcambio5), que nació en el marco del taller anual de la orientación en Opinión Pública y Publicidad de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA.
"La mayoría de los espacios que hacen referencia a lo bueno que es utilizar la bici apunta a comunicar que de esa manera se ayuda al medio ambiente, a la ciudad, a disminuir la cantidad de autos en circulación -comenta Emilia Muratore, de 23 años, una de las creadoras de "El Cambio..."-. Nuestra campaña busca mostrar algo diferente: lo buena que es la bici para quien la usa. Muchas de las situaciones poco agradables que vivimos día a día en los medios de transporte público tradicionales pueden ser evitadas gracias al uso de la bicicleta: una alternativa práctica y confortable. En bici se llega sin presiones. Se viaja suelto. Aireado."
Sin presiones, suelto, aireado... Más "libre", coinciden los ciclistas entrevistados para esta nota. Pero esta sensación de libertad sin ataduras, de andar despojado de responsabilidades, que experimenta quien atraviesa la ciudad pedaleando es a veces la que prevalece por sobre las normas de tránsito. El semáforo en rojo, la senda peatonal... Estas y otras normas básicas son ignoradas por muchos ciclistas.
"Reconozco que no siempre respeto las reglas; depende de si estoy más calma o más apurada -dice Irene Fernández-. Creo también que estamos muy acostumbrados a una sociedad en la que todos (automovilistas, peatones, ciclistas) nos faltamos el respeto. Tenemos que tomar conciencia, pero tampoco es justo que se nos pida que hagamos sólo los ciclistas lo que no hacen ni los automovilistas ni los peatones."
"A veces la excusa para no respetar las reglas de tránsito es un tema de seguridad: en una bicicleta sos bastante vulnerable. De ahí que esté instalado esto de no respetar las señales de tránsito. Cuando salís en grupo se respetan mucho más las normas", dice Miguel Ángel Salvatierra, desarrollador de sistemas, de 39 años, que los domingos sale a pedalear a la ruta con La Peña del Puente América, y los martes, por la ciudad, con Los Amigos del Pedal.
En lo que respecta a la bicicleta, reflexiona Kreimer, "las normativas de tránsito todavía son bastante ambiguas, casi nadie las cumple; tampoco nadie las hace cumplir. Algunos de nuestros comportamientos son alegales: ni legales, ni ilegales, ni permitidos, ni prohibidos".
¿Debe obedecer la Masa Crítica las mismas leyes que el tránsito motorizado?, se pregunta un folleto que circula de mano en mano en ese movimiento espontáneo o flashmob autodenominado Masa Crítica, en el que cientos se ciclistas se reúnen la tarde del primer domingo de cada mes y una noche de luna llena (la próxima, el miércoles 28, a las 21.30, en el Obelisco) para salir a recorrer la ciudad sin rumbo fijo.
"Sí y no -se responde el folleto-. En su mayoría, las leyes de tránsito se hicieron para los automóviles. Por lo tanto, la Masa Crítica puede ignorar las leyes existentes de tránsito en la medida que se gane seguridad y eficacia para el grupo, y seguirlas cuando sirvan a nuestros intereses y necesidades."
Kreimer advierte la necesidad de buscar una forma más responsable de integrar la bicicleta al tránsito urbano: "La red de ciclovías marca un reconocimiento oficial, nuestra respuesta es entender que pertenecemos a una categoría intermedia entre los vehículos motorizados y los peatones. Muchos empezamos a desarrollar códigos internos y tratamos de reformular hábitos de circulación que parecen no hacer mal a nadie, pero implican riesgos".
Esos códigos son los que mueven a la Masa Crítica. "La masa es un movimiento no organizado -explica uno de sus participantes, Juan Manuel Yague, de 32 años-. Los que van adelante van tomando las decisiones de qué calles o avenidas vamos a agarrar, y el resto se tiene que encargar de ordenar un poco para que la masa se mueva como tal, toda junta, como un gran océano de bicis."
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