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Bien dicen que para aprender, primero debemos equivocarnos mil veces; sin embargo, no todos corren ese riesgo por tenerle terror al fracaso. Mientras algunos prefieren no arriesgar y pecan de perfeccionistas, otros saben que cada bache es parte del camino. Teniendo en cuenta que muchos se frenan pensando en cómo lo verán los demás, las consecuencias negativas, autoexigencia y miedo a la valoración ajena, la psicología analizó por qué algunas personas van contra esto y demuestran que le perdieron el miedo a equivocarse. Los expertos coinciden en que esto es señal de que no ven el error como una catástrofe, sino como herramienta de aprendizaje.

Quienes pierden el miedo a equivocarse desarrollan una alta resiliencia, una fuerte autoestima independiente del resultado y la capacidad de ver el error como una herramienta de aprendizaje y no como una catástrofe.
Este miedo puede venir marcado por experiencias tempranas (una infancia en la que se castigaba de manera cruel), por una personalidad perfeccionista y autoexigente o por un gran miedo al juicio externo. En cualquier caso, como explica la psicóloga June Price Tangney al medio Cuerpomente, el problema aparece cuando la culpa da paso a la vergüenza. Y el problema deja de ser fracasar, sino percibirnos como un fracaso.
La psicología explica que superar este temor transforma la salud mental y la conducta de las personas a través de varios cambios clave como tener una mentalidad de crecimiento donde se ve la equivocación como información valiosa sobre lo que no funciona, en lugar de una prueba de incapacidad personal. Además, el poder intentar cosas nuevas sin la presión obsesiva de que el resultado final deba ser perfecto.
Perderle el miedo a equivocarse también permite tener una reducción de la ansiedad ya que no se ve el fracaso como una amenaza mortal y brinda la oportunidad de tener un desapego de la opinión ajena dejando de lado el miedo a la crítica externa.
Por Sandra Morales.




